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Enviar un mensaje privado Autor amaru
En búsqueda de la felicidad
Partamos por dar a conocer la siguiente premisa de la cual comenzaremos a dilucidar el resto de la búsqueda "La existencia de la necesidad implica la existencia del objeto que la satisface" en esta frase la palabra “necesidad” tiene el sentido de una necesidad vital no una necesidad lógica ni ampliativa, es “esa fuerza que hace a un ser vivo tender hacia un fin de manera no libre”, es decir actuar de manera teleológica o hacia un fin. El por que un ser vivo, es obvio, solo un ser vivo puede tener necesidades vitales, ¿Por qué una tendencia? Por que nos tienta, avoca hacia un fin concreto, todas las necesidades vitales son así. ¿Por que “de manera no libre”? la necesidad no es un aspecto elegible, no es libre, nadie decide tener una necesidad vital, y es en este punto donde es necesario hacer una diferenciación entre necesidad y deseo, pues es el deseo una falsa necesidad, es uno quien elige sus deseos y los convierte en una necesidad pero esta no es vital, para ejemplificar; si bien el comer es una necesidad vital, que por cierto uno no elige no puedes decidir tener hambre o no, la necesidad de comer un alimento en especifico es solo un deseo, ya que nada sucede si no comes aquel alimento por el contrario a las consecuencias de no comer. ¿Pero acaso esto significa que somos esclavos de nuestras necesidades? Por ningún motivo, la necesidad no es algo inexorable, volviendo al ejemplo anterior, una persona puede hacer una huelga de hambre y morir con la necesidad de comer, aunque la necesidad nunca desapareció la voluntad la mantiene al margen.
Ahora el simple hecho de la existencia de una necesidad exige que el objeto que satisface esta necesidad exista; si necesitamos respirar necesitamos respirar algo, si necesitamos beber necesitamos beber algo, el necesitar es un verbo transitivo exige un complemento directo. Para comprender mejor recurriremos a la reducción al absurdo: imagina un ser vivo que tiene una necesidad, pero el objeto que suple esa necesidad no existe, ¿Qué le ocurriría a ese ser vivo? ¿Moriría? ¿Existe sin tener la más mínima esperanza de prolongar su vida? simplemente no existiría.
La mayoría de las necesidades son físicas el respirar, el comer, beber, etc. Pero existen necesidades no físicas y una de ellas es buscar la felicidad. A lo largo de la historia surge una necesidad en el hombre que es la tendencia definitiva hacia la felicidad o al menos su búsqueda, no hay persona que no quiera ser feliz algunos podrán conformarse y dejar de buscarla; aunque no de necesitarla, pero allí se produce un sufrimiento, sufrimiento asumido por cierto pero sufrimiento al fin y al cabo, aun así la mayoría tiende al fin común de buscar la felicidad y es aquí donde surge uno de los primeros problemas entorno a ella, si bien es un acuerdo común el hecho de que el hombre empeña su vida en su búsqueda, será difícil, de igual modo, llegar a un acuerdo sobre el modo de alcanzarla, para cada persona es una cosa distinta. Bajo un margen de conceptos puede dar cabida al acuerdo en que se establece como “súmmum bonum" el bien supremo, la aspiración máxima del hombre; aunque en un nivel técnico podemos percibir no solo la dispersión de las realidades a la que nos referimos, sino la variabilidad con la que cada uno lo entiende:
«... acerca de la naturaleza misma de la felicidad no hay acuerdo ni unanimidad entre los sabios y la multitud».[1]
Son muchos los que piensan que la felicidad no es mas que una emoción que se da por hechos puntuales y por lo tanto no se puede pretender ser feliz siempre, y se debe buscar instancias en que seamos felices para así al menos estar felices el mayor tiempo posible.
Aristóteles señala que un día feliz no puede hacer a un hombre feliz. De hay el hecho que no pueda ser solo un estado emocional, una habilidad, o un simple placer o bienestar momentáneo, y por lo tanto no tiene una carácter puntual que se da en un momento de nuestra vida o al menos a solo un lado de ella; por el contrario es algo que afecta su totalidad.
Una buena acción puede darnos momentos de felicidad pero no una felicidad plena, por que tomada en serio atañe al conjunto de acciones, a la suma de todos nuestros actos y de nuestro obrar, por eso, aunque tengamos instantes de felicidad, cada vez que nos preguntan si somos felices, siempre tomamos un tiempo e intentamos evaluar y ponderar la totalidad de la vida que hasta entonces hemos llevado. Por esto no se trata solamente del conjunto de nuestra vida y actuar para conseguir, al final de ella, la felicidad. Se tratara de una bondad que también esta en el obrar mismo por lo tanto la felicidad no es un premio que se recibe al final del camino recorrido sino que se va logrando durante el camino, en aquel modo de vivir.
Cuando se pregunta por lo que es la felicidad surge el problema, muchos no responderán y el resto dirá lo que es la felicidad para el, según sus vivencias y experiencias por lo tanto habrán miles de respuestas distintas y como dijo Aristóteles no habrá unanimidad alguna sobre la naturaleza de esta.
Pero nos atrevemos a detectar dos características esenciales de la felicidad
Cuando se hace presente “esa fuerza que nos hace tender hacia un fin en concreto de manera no libre” felicidad en este caso, esa tendencia nos exige que ese fin sea continuo; es decir, nadie espera ser feliz un día en concreto, ni espera ser feliz dos veces a la semana, la necesidad de felicidad se caracteriza por ser una necesidad continua, si bien algunos podrían decir que el problema es que deseamos que sea continua, entonces estaríamos cayendo en un error, pues esa necesidad de que la felicidad sea continua, perdura y eso la vuelve necesidad, es imposible que llegara un día en que dijéramos “ me aburrí de la felicidad” o si tuviéramos que elegir entre una felicidad continua y una puntual eligiéramos la puntual es esa necesidad de continuidad lo que la vuelve necesaria.
Otra característica irremediable de la felicidad es su plenitud, es decir, nadie desea ser feliz de manera no plena, que eso sea o no posible es otra cosa, pero nuevamente, si estuviera en nuestra mano decidir una felicidad plena o no. todos la elegiríamos plena. Y no es un deseo, ¿por que? porque el que la felicidad sea plena no es una tendencia que se vaya con el tiempo, no es un capricho, siempre se necesita así, perdura.
Si aceptamos las características que hasta ahora hemos adjudicado a la felicidad, si aceptamos que es una necesidad, si aceptamos que la necesitamos bajo estas dos propiedades de felicidad continua y plena. Existe un punto que no cuadra con el resto si aceptamos que “la existencia de la necesidad exige la existencia de su objeto” ¿Como es posible entonces que necesitemos de una felicidad continua y plena?
¿Dónde esta el objeto que nos brinda esa felicidad plena y constante? es en este punto clave en el que muchos filósofos buscan una respuesta, ya sea proponiendo métodos para alcanzarla o diciendo que simple y llanamente no existe y no es mas que una quimera la pregunta es obvia y aceptable ¿es acaso la felicidad mas que una simple utopía?
Aquí
aparecen filósofos como Arthur Schopenhauer quien trata el tema de la felicidad
como una quimera diciendo que: Al principio de nuestra vida aspiramos a la
felicidad, pero al final de ella, estamos dominados por el temor porque nos
damos cuenta de que toda felicidad es una quimera. Después de años de
experiencia, algunos hombres con suerte, entienden que la vida no trae
felicidad, por lo menos no felicidad duradera; el que en esta vida la busque
será desdichado. Schopenhauer considera que más que buscar la felicidad o el
placer, los hombres sensatos aspiran más bien a la ausencia de dolor. El
propone que el dolor es lo positivo y el bienestar lo negativo, la felicidad de
una vida, debe ser evaluada no según el placer, sino más bien según la ausencia
de dolor. De esta manera cita en su libro “el arte de ser feliz” a Aristóteles:
“El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor“.
El hombre identifica el conseguir o lograr lo que desea, con el bienestar. Pero
este bienestar nunca puede ser duradero; así que en cuanto hemos conseguido
algo, se iniciará de nuevo la lucha por conseguir algo más, y nos veremos
enfrascados en una lucha sin fin contra el mundo que se nos resiste y que todo
lo pone fuera de nuestro alcance; a cada instante buscando algo nuevo,
persiguiendo la felicidad.
Todo lo que necesitamos nos resulta adverso. Necesitamos lo que no tenemos y
sentimos que deberíamos tener. La relación que surge entonces entre el
individuo que desea, y lo deseado se experimenta como una tensión. La carencia
nos presenta lo deseado hostil, como algo que se nos opone. La necesidad se
manifiesta en deseo, el deseo es la expresión de la carencia. Todo lo que
deseamos, queremos o necesitamos se nos resiste, "todo tiene una
voluntad hostil, que es preciso vencer". [2]
La vida del hombre, explica Schopenhauer, es un perpetuo combate, un eterno
conflicto no sólo contra los males abstractos, la miseria o el hastío, sino
también contra los mismos hombres. La lucha de la existencia la peleamos
diariamente, comandados por la carencia, en un número infinito de pequeñas
batallas contra todo lo que deseamos. "La vida es una guerra sin
tregua, y se muere con las armas en la mano."[3]
Sin embargo. La felicidad se ha convertido en el objetivo de la vida humana, y todas las personas consideran que no es imposible, quizás como motor humano, aunque algunas intuyan, por la experiencia, que ese objetivo algo bastante difícil. Todo aquello que hacen los humanos, sea lo que sea, es para intentar conseguir dicho estado de felicidad, que se ha convertido incluso en el sentido de la vida para muchos.
Empezamos la vida estudiando porque nos llevará finalmente a ser felices, nos levantamos pronto para ir a trabajar con la finalidad de algún día poder abrazar la felicidad absoluta, y tenemos relaciones de todo tipo para que, entre todo, lleguemos a la quimera de la que Schopenhauer hablaba: la felicidad. Y cuando quieres a alguien, o tienes hijos, quieres verles felices, porque crees que eso también va a ayudarte a conseguir la tan ansiada felicidad.
"Nuestro único error innato como humanos es creer que hemos venido a este mundo para ser felices… Nuestra vida oscila entre el sufrimiento y el tedio… mejor reconozcamos que el trabajo, la privación, la miseria y el sufrimiento, coronados con la propia muerte, son el fin y el objeto de la vida… La felicidad y el placer son una quimera".
De aquí muchos resumen en que quizá el lugar más cercano a la felicidad sea aceptar que no existe, ya que al menos permite liberarnos de esa gran presión que es buscarla.
Por otra parte son muchos los que buscan y exponen formas de alcanzar la felicidad aquí surge a forma de sorprender el mismo Schopenhauer con su obra “el arte de ser feliz” resulta irónico recibir consejos de felicidad de un pesimista como Schopenhauer. Este libro es una colección de anotaciones a modo de consejos para ser feliz. Son cincuenta los consejos denominados por Schopenhauer como “reglas” y es así quien dice que la felicidad es solo una quimera ahora sale a decir pequeñas normas para lograrla como por ejemplo:
"Pero lo que más que nada contribuye directamente a nuestra felicidad, es un humor jovial, porque esta buena cualidad encuentra inmediatamente su recompensa en sí misma. En efecto; el que es alegre, tiene siempre motivo para serlo, por lo mismo que lo es. Nada puede remplazar a todos los demás bienes tan completamente como esta cualidad, mientras que ella misma no puede reemplazarse por nada. Que un hombre sea joven, hermoso, rico, y considerado, para poder juzgar su felicidad la cuestión sería saber si, además es alegre; en cambio si es alegre, entonces poco importa que sea joven o viejo, bien formado o contrahecho, pobre o rico: es feliz…Así pues debemos abrir puertas y ventanas a la alegría, siempre que se presente, porque nunca llega a destiempo, en vez de vacilar en admitirla, como a menudo hacemos, queriendo primero darnos cuenta de si tenemos motivos para estar contentos por todos conceptos, o por miedo de que nos aparte de meditaciones serias o de graves preocupaciones; y sin embargo, es muy incierto que ellas puedan mejorar nuestra situación, al paso que la alegría es un beneficio inmediato. Ella sola es, por decirlo así, el dinero contante y sonante de la felicidad." [5]
Otros como Aristóteles a quien ya nombramos con anterioridad para quien la felicidad es aquello que acompaña a la realización del fin propio de cada ser vivo la felicidad propia del hombre es la que sobreviene cuando se realizan las actividades que le son más propias y cuando realiza de un modo perfecto; es mas propio del hombre el alma que el cuerpo y por lo tanto la felicidad tiene que ver mas con el alma que con el cuerpo. Además es la felicidad el bien supremo, aquello que da sentido y finalidad a todo otro fin querido por el hombre.
“Como, a lo que parece, hay muchos fines, y podemos buscar algunos en vista de otros: por ejemplo, la riqueza, la música, el arte de la flauta y, en general, todos estos fines que pueden llamarse instrumentos, es evidente que todos estos fines indistintamente no son perfectos y definitivos por sí mismos. Pero el bien supremo debe ser una cosa perfecta y definitiva. Por consiguiente, si existe una sola y única cosa que sea definitiva y perfecta, precisamente es el bien que buscamos; y si hay muchas cosas de este género, la más definitiva entre ellas será el bien. Mas en nuestro concepto, el bien, que debe buscarse sólo por sí mismo, es más definitivo que el que se busca en vista de otro bien; y el bien que no debe buscarse nunca en vista de otro bien, es más definitivo que estos bienes que se buscan a la vez por sí mismos y a causa de este bien superior; en una palabra, lo perfecto, lo definitivo, lo completo, es lo que es eternamente apetecible en sí, y que no lo es jamás en vista de un objeto distinto que él. He aquí precisamente el carácter que parece tener la felicidad; la buscamos siempre por ella y sólo por ella, y nunca con la mira de otra cosa. Por lo contrario, cuando buscamos los honores, el placer, la ciencia, la virtud, bajo cualquier forma que sea, deseamos sin duda todas estas ventajas por sí mismas; puesto que, independientemente de toda otra consecuencia, desearíamos realmente cada una de ellas; sin embargo, nosotros las deseamos también con la mira de la felicidad, porque creemos que todas estas diversas ventajas nos la pueden asegurar; mientras que nadie puede desear la felicidad, ni con la mira de estas ventajas, ni de una manera general en vista de algo, sea lo que sea, distinto de la felicidad misma. “[6]
De esta forma para Aristóteles la felicidad es el bien supremo del hombre, al cual se accede mediante el uso de la razón, y saber elegir lo mejor que nos condujese a la felicidad como único fin pensando antes de actuar, como complemento a Aristóteles puede surgir Epicuro quien además piensa que se debe saber las consecuencias que podían traer cada acción. Epicuro coincide con Aristóteles en que antes de actuar hay que pensar, ya que para saber las consecuencias de cada acción hay que pensar antes de actuar cuales serán mejor que otras y cuales beneficiarán más.
Para otros la felicidad no reside en los factores externos, como por ejemplo los estoicos quienes indican que la felicidad reside en la liberación de las pasiones y deseos que perturban la vida corriente resultando la felicidad por medio de la paz y tranquilidad del alma y contrariamente a lo que pretendía Aristóteles ellos no veían la felicidad como algo que se pudiera aprender ni practicar, sino que es la aceptación de lo que pudiera venir de esta manera mientras Aristóteles veía la felicidad como algo interior y en saber manejar lo exterior los estoicos la veían como algo interior y de aceptación de lo exterior. Epicuro quien muy por el contrario piensa que la felicidad se alberga en los placeres y la ausencia de dolor aun que coinciden en que la felicidad se logra por medio del dominio propio Epicuro propone este dominio por medio de los placeres en los cuales no ve nada malo, y por lo tanto su felicidad se basa en factores exteriores, mientras los estoicos dicen que son estos placeres los que perturban la paz espiritual.
El budismo, bajo su concepción, ofrece un camino claro de cómo alcanzar la felicidad bajo una base teleológica, es decir una serie de responsabilidades avocadas hacia un único fin, estas responsabilidades a nivel macro son; la iluminación, el nirvana, y la felicidad como fin. Los elementos centrales en los que se basaba la Iluminación de Buda, estaban condicionados a la realización de las cuatro verdades denominadas “Excelentes”:
1. La vida es un sufrimiento. Sea que la existencia humana es intrínsecamente dolorosa, desde el momento en que nacemos hasta que morimos.
2. La causa de este sufrimiento radica en el hecho de que el hombre desconoce la naturaleza de la realidad, lo que lleva a sentir ansiedad, tener apego por las cosas materiales y mucha codicia. Estos defectos provocan su sufrimiento.
3. Se puede poner fin al sufrimiento si el hombre logra superar su ignorancia e ir más allá de las ataduras mundanas.
4. El camino para dar fin al sufrimiento es el Camino de las Ocho Etapas, que consiste en:
· tener una adecuada visión de las cosas
· buenas intenciones
· un correcto modo de expresión
· realizar buenas acciones
· tener un correcto modo de vida
· esforzarse de forma positiva
· tener buenos pensamientos
· desarrollar la contemplación de un modo adecuado
El objetivo final del camino del budismo es lograr liberarse de la existencia fenoménica a la que le es propia el sufrir. Para lograr este objetivo hay que alcanzar el nirvana.
La ética que guía y que lleva a alcanzar el nirvana, es objetiva y de orientación interior, personal. Exige cultivar cuatro actitudes que demuestren la virtud sin importar la naturaleza de ellas.
Por otro lado para Nietzsche a lo que hay que aspirar no es a la paz y al descanso como los budistas, ni aún menos a la indiferencia frente al mundo y a la resignación de la que hablan los estoicos. La vida para Nietzsche es siempre lucha, riesgo, aventura y pasión.
Nietzsche habla de dos clases de felicidad distintas. Una es la felicidad entendida como paz y descanso, como una vida cómoda y placentera, sin riesgos, libre de preocupaciones y de obstáculos. La otra felicidad para Nietzsche es el placer asociado al aumento de la fuerza vital que hay en uno mismo y que experimenta cuando lucha contra el mundo por llegar a ser uno mismo o cuando se atreve con obstáculos y dificultades que aplastan a otros y vence, o cuando supera la adversidad y el dolor, cuando es capaz de inventar y de crear nuevas maneras de ser, modos nuevos y originales de vivir y de ver las cosas, diferentes a los de la mayoría.
Es evidente que la mayoría prefiere la primera felicidad, pues es mejor vivir tranquilo sin ninguna preocupación ni perturbación de nuestra paz, pero, cuando surge algún problema, la mayoría de las personas no se atreve a luchar para poder encontrar una solución y no encuentra la felicidad.
También se puede distinguir en la actualidad una felicidad material basada en el consumo, por medio de publicidad se nos promete una felicidad casi inmediata solo por adquirir una producto u otro y son muchos los que han caído en esta filosofía de felicidad, en una sociedad consumista donde la felicidad es fácilmente accesible por medio de lo material y por lo tanto es posible medir. De aquí el hecho de que casi un 68% de la población global se considera feliz, esto se puede interpretar de tres formas; efectivamente el 68% de la población a nivel mundial es feliz; un panorama bastante optimista, la mayoría de los encuestados prefiere dar una respuesta aceptable socialmente, pues es mas fácil decir a un encuestador desconocido que somos felices que decir que somos desdichados, o la forma de medir la felicidad en la sociedad actual se basa en otros principios distintos de la felicidad misma y se basa mas bien en el buen pasar, aun que es por todos sabido que este tipo de felicidad es solo momentánea ya que una vez obtenido el objeto deseado es cosa de tiempo, como decía Schopenhauer, para perder el interés y comenzar a buscar un nuevo objeto que supla nuestra necesidad de falsa felicidad, y aun así muchos están sumidos en esta idea.
Ante todas estas interpretaciones de felicidad distintas entre ellas pero que según su lógica son compatibles con la “existencia humana” surge también una totalmente distinta y que pareciera desafiar lo humanamente posible si bien todas las ramas filosóficas anteriores buscan la felicidad por medio del dominio propio y de desarrollar la propias virtudes en pos de manipular el exterior y así permitir la mayor ausencia de dolor, lo mas cercano e inmediato a la felicidad, a excepción de los estoicos que no intentaban vencer el sufrimiento sino simplemente lo aceptaban con resignación, el cristianismo presenta una visión para muchos poco comprendida mientras otros solo la aceptan sin esforzarse por comprenderla, la virtud y el carácter no son suficientes en pos de la felicidad pues no son estos fines únicos, la virtud por virtud puede destruir las bases morales y convertirse en soberbia, No resulta trivial que nos preguntemos si la virtud puede arraigar más profundamente desde la perspectiva de su fundamentación en la actualización del dar, en la don-acción. Pero no en la fundamentación de una donación cualquiera, sino en la donación que apela a un amor incondicional, como es el caso del mensaje cristiano No es la donación de la caridad sin justicia. Es el amor que abre la posibilidad de una nueva justicia. Donación que al ser in-condicional puede plantear la responsabilidad humana con dimensiones nuevas. Puede fecundar la responsabilidad con un horizonte de preocupación por todo lo humano, porque lo asciende, lo dignifica y lo pone a las puertas de un orden nuevo. Introduce en ella un crecimiento de la responsabilidad a medida que se asume, extiende el cumplimiento de los deberes a medida que son cumplidos. Desde aquí, el camino de la felicidad no es otro que el de la donación incondicionada de lo que incondicionalmente se recibió. Esta ética del amor incondicional puede fundamentar la felicidad del dar y corregir la interpretación perversa que pueda hacerse de una ética de la justicia; Justicia que, a su vez, exige, reclama, mantiene y preserva. Sin embargo, esta felicidad del dar no está exenta de paradojas, porque parece que la felicidad cristiana está en contra de la felicidad humana; parece como si el cristianismo exaltara lo que al hombre de carne y hueso le hace infeliz; parece como si la afirmación cristiana de «felices los que lloran» estuviese en contra de toda felicidad humana. Esta noción de felicidad no se conjuga sólo en tiempo futuro, puesto que Jesús llama felices a los que ahora padecen. Pero además pone como ejemplo de vida a alguien como Jesús expuesto al dolor, a alguien que asume en toda su crudeza la condición humana. De esta invitación a cargar con la propia cruz, esto es, con la propia condición humana, no debe deducirse un rechazo de la felicidad humana:
«Sólo podrá ser enteramente feliz el hombre que dé la cara a la negatividad de su vida, no el hombre que se esconda cobardemente del dolor, cerrando los ojos a su realidad. Esta es quizá la gran aportación, la más original aportación del cristianismo: que nos enseña a enfrentarnos de lleno y sin tapujos con el dolor... La contradicción más radical que tenemos ante el hecho de morir y el deseo de no morir... A través de esta respuesta paradójica, Dios invita a su pueblo a reconsiderar las cosas...»[7]
En efecto, el horizonte del amor incondicional desborda la condición humana poniéndola continuamente en cuestión, dejándola siempre «en condición». Así, las éticas de la felicidad son cuestionadoras de la acción, son des instaladoras de la propia condición, son desbordantes y nos instalan en la desmesura de la donación. Al introducir esta tensión, no nos sitúan agónicamente a las puertas de una felicidad «absoluta» que suponga escapar a nuestra condición. De ser así, caeríamos en lo que J. Lacroix ha llamado la herejía de la felicidad. Lo que hacen es recordarnos permanentemente que, a diferencia de la alegría que nos exalta y del placer que nos aturde, la felicidad es un «don» que nos cautiva. Desde esta paradoja cristiana, mientras la alegría es siempre una conquista del hombre, la felicidad es siempre un don de Dios.
Por
ultimo después de lo que en estas paginas se ha expuesto, podríamos seguir
hablando de un método, una ética, una filosofía para la felicidad, pero, no a
cualquier precio. Si en efecto la felicidad es don, también es una tarea; si la
felicidad es un descubrimiento, también es una conquista, también en una ética
abierta a la religión, que considera la felicidad un don otorgado por dios,
esta no queda en manos de una carácter débil y poco virtuoso, de aquí en
adelante la felicidad se convierte en una tarea, algo por lo que cada uno
debemos luchar según nuestro camino y nuestras virtudes, la forma en que percibimos
lo que nos rodea, nuestra forma de ver las cosas, si las evadimos, aceptamos o
vamos de frente hacia ellas sin importar lo que nos depare, si nos detenemos en
su búsqueda o no la felicidad no es una utopía, cosa distinta es que a muchos
les guste sufrir, quizás por que están acostumbrados al sufrimiento. La
felicidad se convierte así en un deber, una llamada a la recreación de sí
mismo y del propio mundo, por
ultimo citando a Epicuro “Nunca es demasiado tarde para buscar la felicidad” mas aun comprobado el hecho de que es una necesidad vital y por lo tanto existe.
[1] . Aristóteles, Ética a Nicómaco. Centro de E. Constitucionales, Madrid 1981, I, 1, 1095a, 22.
[2] Arthur Schopenhauer, el arte de ser feliz.
[3] Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, 1819
[4] Arthur Schopenhauer, Parerga y Paralipómena
[5] Arthur Schopenhauer, el arte de ser feliz.
[6] Aristóteles, Moral a Nicómaco, Libro Primero, IV (Biblioteca Filosófica. Obras filosóficas de Aristóteles. Volumen 1. Traducción: Patricio de Azcarate)
[7] R. Larrañeta, Una moral de la felicidad. San Esteban, Salamanca 1979, 334-335
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