Te vi ayer mientras tomabas tu mochila,
y los pasos que nos separaban eran caminados.
Veinte.
Tu rostre se divisa en la oscuridad,
y tu gastada mochila me muestra tu partida.
Quince.
Te veo en la noche, bajo el claroscuro,
y la gente que transita y lo termina,
sin pensarlo, y continuo.
Diez.
Me vez bajo la luz de la luna y ya no puedo evitar pensar,
que el dios que te brindó esa sonrisa,
no puede sino desaparecer en el eterno olvido
que merece la belleza otorgada
Cinco.
Caminas una vez más, y me vez.
Tus labios mantienen la forma que vi
cuando te acercaste y cambiaste la luna.
Veo el día en la noche, y el rocío del último pensamiento que me queda.
Cero.
Te vas, y todo lo que recuerdo,
es el aroma de tu ser en el aire,
y el rastro de lo que fuiste,
revoloteándo las nubes nocturnas
Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.