Me dejé llevar por las aguas oscuras de la mente, me
abandoné al mar de imágenes de toda una vida y te encontré el día que
te conocí. Acariciaste mis cabellos con dulzura y creí que nunca más te
iba a volver a perder pero una luz cegadora me invadió y ya no pude
verte. Toda clase de personas me empezaron a empujar por accidente,
todos parecían ir al mismo lugar y no tuve otro remedio que seguirlos.
El camino fue largo aunque no me fallaron las piernas y mi respiración
fue normal todo el tiempo. Tal vez el asma finalmente había
desaparecido.
Cuando me aburrí de caminar me senté al costado del camino para
observar aquella especie de peregrinación, ese éxodo sin tiempo. Entre
toda esa gente una mujer llamó poderosamente mi atención, tenía los ojos
más hermosos que vi en mi vida, el pelo largo y ondulado, un vestido
que le llagaba a los pies y en la mano un ramo de flores.
Me acerqué despacio a su lado, tuve que correr para alcanzarla. Cuando
me vio detuvo su marcha de golpe como si me conociera, ella sonrió y me
regalo las flores que llevaba consigo y al instante volvió a caminar.
Sin entender nada de lo que había pasado le grité lo primero que se me
vino a la cabeza:
¿Que flores son?... –Ella se rió mientras la gente nos empujaba.
¡¡Violetas!! -grito por fin entre la multitud que cada vez parecían más.
Caminé, caminé y caminé pero tampoco a ella volví a encontrarla pero
ya no importaba el dolor de mi madre me estaba llamando y no podía
pensar en otra cosa.
No sé bien cuanto tiempo pasó pero cuando por fin pude respirar supe que algún día iba a poder encontrarla.
Pasaron muchos, muchos años hasta q la vi en medio de una de mis clases
de actuación. Sus ojos volvieron a alumbrarme como aquella vez y sentí
miedo. La cruda realidad era que ella estaba en la flor de la edad y mis
canas empezaban a asomarse de a poquito. A pesar de la seguridad que me
dio la experiencia cada vez que la tenía cerca todo se revolucionaba
dentro mío como si esos quince años de diferencia ya no existieran.
Me escudé detrás de mi papel de actor y fui el mejor de todos una vez
más, jugué el papel de adulto hasta que me puso sin darme cuenta en la
escena principal de su obra.
Me desafió en frente de todos y no pude ceder a sus encantos. Acepté darle clases de apoyo después de hora. Y caí en la trampa…
A la tarde siguiente nos quedamos solos en medio de aquel escenario, de aquel living ficticio…
-¡Andate!... ¡dejame sola!...
-¡No me voy a ir!
En el forcejeo de aquel personaje mis manos recorrieron parte de su
cuerpo por primera vez, las curvas y el calor de su piel me desarmaban a
cada movimiento… sus ojos me invadían y la sentí temblar ante aquel
roce. Me sorprendí al descubrir su respiración entrecortada y esos
pequeños e imperceptibles espasmos de su ser delicado.
De repente se apartó de mí como si la quemara y sin buscarlo me perdí en la humedad de sus labios sin poder pensar nada más.
Ese fue el principio de toda nuestra historia. Ahora te tengo en mi
cama dormida a mi lado, con tu pelo revuelto en la almohada, las sabanas
que se escapan entre tus piernas y la panza más hermosa donde cobijas a
nuestra hija. Pensé que era una broma cuando elegiste su nombre antes
de saber que vendría aunque con certeza no habrá otro mejor que ese:
Violeta porque nunca sabré si aquellas imágenes que recuerdo? Son
ciertas. Lo que sí sé es que cuando casi pensé que no podría encontrar
el amor me golpeaste desenfadadamente con la superioridad de tus 23 años
y hoy soy el hombre más feliz del mundo gracias a ti.
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