¿Venganza o Amor?
¿Venganza o amor?
-¿Estás segura?- le preguntó el joven, con voz titubeante, y mirada intranquila.-Claro
que sí.- respondió la muchacha que frente a él estaba. Aunque su voz
sonaba nerviosa, sus ojos y su expresión segura no dejaban entrever ni
un solo atisbo de indecisión. Luego agregó, sonriendo tímidamente-
Sabes que estoy dispuesta a cualquier cosa por ti.Él le sonrió, pero sus ojos expresaban una inquietud que rayaba en el miedo, el terror, podría decirse.-Es
que…- murmuró dubitativo- No lo se. No creo que sea lo correcto-
comenzó a decir, hasta que la voz de la chica lo interrumpió.-Si
es contigo, si es juntos, entonces no dudes nunca que es lo correcto-
su gesto era severo, serio. Se diría que ella estaba más convencida que
el joven. Y, en cierto modo, así era.Como el chico abriera la boca para volver a replicar ella le posó un dedo en los labios y le besó suavemente.-Te quiero, y estoy dispuesta a hacer lo que sea- le susurró al oído, con suavidad. Él asintió en silencio.Ella le miró a los ojos, y le preguntó.-¿Estás más tranquilo ahora?- su mano apretó lentamente la mano del chico, y éste sonrió confuso.-Sí. Claro que sí.- dijo luego, con expresión segura y tranquila. Pero
no, él no estaba tranquilo, el no podía estar tranquilo. Luego de
algunos besos, algunos minutos, y unas cuantas sonrisas, la joven
rompió el silencio, mientras acariciaba el cabello de su compañero.-¿A qué hora vendrás?- inquirió.-A las once en punto.- respondió él, y agregó- Tus padres no estarán, ¿verdad?-No, ya te lo he dicho- replicó la chica, con voz cansina- Saldrán a una cena y no volverán hasta muy entrada la noche.-Ah, claro. Se me había olvidado- contestó él, pasando su mano por su cabello.-Ya.
Es hora de que partas- le dijo la chica, poniéndose de pié, y tomándole
la mano- Debo arreglar mis cosas, y tu las tuyas. Nos vemos en unas
horas.-Tienes razón- asintió el joven, y, luego de pararse y estirarse, la abrazó, quizás un poco más fuerte de lo común. Se despidieron con un beso, y él se fue, con la mente atribulada. Mientras caminaba, se cuestionaba duramente en silencio.“¿Por qué?”-se preguntaba, sintiendo la brisa golpear su rostro- “¿Por qué? No hay motivo…”¿O si lo había?Sintió
un leve malestar en la cabeza, y quiso, por un momento, dejar de
pensar. Pero los pensamientos, astutos como siempre, no desperdiciaban
los momentos de soledad del joven, para atacarlo y herirlo en lo más
profundo.“Ella no
ha hecho nada”- pensó, acongojado.- “No se lo merece. Es inocente”- al
repetir esta palabra en su cabeza sintió una punzada de culpabilidad en
su corazón. Sus cavilaciones por la desierta acera lo llevaron a un
punto mucho más profundo, algo que había estado evitando y desafiando
durante un tiempo, algo que le hacía desesperar aún más que los
pensamientos anteriores.“¿Y si ya no quiero hacerlo?”- pensó, con un
atisbo de rebeldía- “¿Qué tal si me he arrepentido y no lo hago?”A su
alrededor el paisaje se volvía más familiar, con sus casas medianas y
calles sucias.“¿Qué tal si no lo hago?”- se preguntó a sí mismo y, como
otras veces, una voz áspera, oscura, despiadada, le respondió.“Yo ya te
di tu tarea, para sanar tu sed de venganza. Prometiste cumplirla
costase lo que costase”El joven ni se inmutó. Estaba acostumbrado a
aquella voz que le respondía a veces, desde la profundidad de su mente
y su alma.Abrió la puerta de la casa maquinalmente, y se sentó en el sillón.-Pero, ¿y si me he arrepentido de hacerlo?- inquirió el joven, murmurando mentalmente- ¿Y qué si ya no deseo hacerlo?-Lo harás- respondió la voz fría, acentuando su tono de crueldad.- Lo harás, y lo sabes.-No, no lo haré- el joven respondía tercamente- No deseo hacerlo, ¿si?-Si
lo deseas- la frialdad invadió el cuerpo del joven, con cada palabra
pronunciada por esa voz- Sabes que lo deseas profundamente. Son tus
deseos más oscuros. Y lo harás. Terminarás cayendo, como antes lo has
hecho. Caerás, y no podrás evitarlo, porque soy dueño de tu alma, tus
pensamientos y sentimientos. Soy el amo de tus miedos más profundos.El chico posó la cabeza sobre sus manos, y, sintiendo que su fuerza de voluntad era cada vez menor, volvió a alegar.-No lo lograrás. Aún puedo controlar mis emociones, y hay un lugar donde no has logrado penetrar.La voz guardó silencio, y luego replicó, con un susurro silbante y aterrador.-¿Crees,
acaso, que no conozco la profundidad de tu corazón? ¿Has osado pensar
que puedes ocultarme algo? ¿Imaginas que hay algo que no conozco?-
soltó una risa breve y estridente- Ingenuo. Me entregaste tu corazón,
tu mente y tu alma, y ya no podrás esconderme nada.-Te
equivocas- murmuró el joven, casi sin fuerzas- Hay algo que no podrás
tocar ni dominar jamás, porque no te dejaré entrar en él.Hubieron
unos instantes de silencio profundo, que el chico utilizó para respirar
profundo y recuperar energía. Casi podía sentir los ojos de aquel ser,
de aquel espectro maligno, recorriéndolo, descubriendo cada rincón,
rompiendo cada defensa impuesta por sus sentimientos. Tras unos cuantos
instantes en que le chico se sintió desnudo ante la voz, ésta dijo,
irónico.-¿Con que
el pequeño se ha enamorado?- al escuchar esta frase, el joven sintió
que sus últimas fuerzas lo habían abandonado, y que ya nada lo podría
defender- ¿Con que el niño ha caído en ese juego?-No- repuso, amargamente, el chico- Yo no me enamoro. Ya te lo dije una vez.-Silencio-
le ordenó la voz- Maldito mentiroso. ¿O acaso no recuerdas tu imagen
sufriendo, llorando por una mujer? ¿No te ves pidiendo a gritos
venganza? ¿No recuerdas haber jurado vengarte de todas las mujeres, sin
importar nada, ni siquiera el amor? Insulso. Has caído en sus redes, y
vas a sufrir.-No, no voy a sufrir- replicó el joven, sin convencimiento- Yo la…-¿La quieres? ¿La amas?El chico sintió que le faltaba el aire. ¿La quería realmente? ¿O era sólo otro de sus juegos?-Yo…-
murmuró en voz alta, pero el zumbido en sus oídos y el vacío en su
estómago le indicaron que el ser se había ido, en el peor momento,
aprovechando la indecisión del muchacho, dejándolo con sus miedos.Se sintió inmensamente solo, y se pasó una mano por la boca. Tocó un líquido suave y se percató de que estaba sangrando.-¿Qué
diablos?- exclamó, al notar en su boca el inconfundible sabor de la
sangre. Se puso de pié con rapidez, pero sus piernas flaquearon y cayó
al suelo, incapaz de moverse. Su boca con sangre le impedía gritar, y
sus dedos no se movían. Su cuerpo no respondía a las órdenes de su
mente. El dolor consumía cada partícula de su ser. Tras unos minutos y,
con gran esfuerzo, logró incorporarse nuevamente. Luego de unos
segundos, la sangre había desaparecido de su boca, y sus articulaciones
recuperaban su habitual movilidad. Al enderesarse completamente, sintió
un escalofrío en su espalda, y la garganta seca. Luego sucedió.Sintió
como si miles de cuchillos candentes le perforaran cada milímetro de su
cuerpo. Su cara le ardía dolorosamente. Caminó a tropezones hacia el
baño y ahí, se observó en el espejo. Pequeños rasguños le abrían la
piel por todo el rostro, y le hacían sangrar profusamente. Quiso
gritar, pero su voz no salió de su garganta. Sus manos tiritaban
violentamente. Su vista se nubló y sus rodillas temblaron. Se afirmó en
el lavamanos e intentó respirar.-¿Lo harás?- resonó la voz en su cabeza, desafiante- ¿Cumplirás tu sentencia?El
joven apretó los ojos y frunció el ceño. Estaba juntando todas sus
fuerzas para no dejarse vencer ante la voluntad del ser. Finalmente,
balbuceó, mientras un hilillo de sangre corría por la comisura de la
boca.-No. No lo haré- sintió punzadas en su cabeza y espalda- No lo haré. No lo haré.-Si lo harás- susurró la voz fría- Lo harás, ¿verdad?El
chico intentó respirar, pero el aire no llegaba a sus pulmones. Uniendo
sus fuerzas, y evocando la imagen de su compañera en su mente, gritó.-¡¡No lo haré!! ¡¡La amo!!- y se desplomó en el suelo, exhausto. La voz se había ido. Notó
que ya no tenía sangre en la cara, y que su respiración volvía a su
ritmo habitual. Volvió a la sala y miró la hora. Ya era las 10:30. Al
parecer, el tiempo había pasado más rápido de lo habitual mientras el
discutía con la voz. Fue a la habitación y tomó el bolso. Comenzó a
echar en él varias prendas de ropa, junto con música y libros.-No me vas a vencer- musitó en voz baja- No me ganarás.Guardaba
las cosas con violencia, farfullando maldiciones contra el ser. Cuando,
en el salón se aprestaba a ponerse la chaqueta para ir a buscar a su
amor, sintió un cosquilleo en la pierna, y, al mirar hacia abajo, se
quedó helado. Una serpiente de color negro con manchas amarillas subía
por su pierna, enroscándose y apretándolo cada vez más. Su mirada era
demoníaca y sus colmillos relucían con malicia. El joven quiso sacarla
de ahí, pero la víbora, en un acto rápido, le mordió tres veces en la
rodilla. El muchacho gritó y cayó al sillón, retorciéndose de dolor.
Sentía la sangre empaparle el pantalón. Se tocó la pierna y notó que la
serpiente ya no estaba y, al mirar a su alrededor se percató de que
todo estaba oscuro. También sintió un amodorramiento por todo su cuerpo
y se dio cuenta que no estaba en casa, que no estaba en ningún lugar.
Chirriantes sonidos le rompían los oídos, mientras que un dolor se
extendía por cada célula de su cuerpo. Pero no podía gritar, estaba
atrapado. Apretó los ojos y vio a su amor, a su joven amiga sentada en
una cama, llorando desesperada. Quiso correr, abrazarle, decirle que
todo estaba bien. Pero no pudo. Y, mientras sentía que se quemaba por
dentro, escuchó la voz cerca de su oído, susurrando, siseando
desagradablemente.-¿Lo
harás?- el chico estaba aterrado- Tengo toda la eternidad para hacerte
sufrir. Tengo miles de forma para aterrarte y hacerte gritas. Tomate tu
tiempo, que tu cuerpo resistira, algo dolorosamente, eso si.- tras
dejar una pausa, inquirió- ¿Lo harás?-No-lo-haré- contestó el muchacho, diciendo cada palabra con gran esfuerzo.-Yo…-Eres mío- siseó la voz.- Tengo tu ser en mis manos.-No, no lo tienes- objetó el joven, sintiendo que le faltaba el aire.- Soy dueño de mi ser.Una
risa estridente resonó en su mente y los oídos le dolieron aún con más
intensidad que los minutos anteriores, como si fueran a estallar. De
pronto, la imagen de la chica volvió a su mente, y el joven sintió que
su corazón y su vida entera se volcaban hacia ella.-Linda,
¿no?- se burló el ser- Es una lástima tener este terrible destino.
Además, es una lastima que algo tan bello como ella, pueda ser
destruído tna facilmente. Dolor, dolor, y dolor. ¿Qué te parece?El dolor seguía mortificando al chico, hasta que el ser dijo, cruelmente.-¡Sufre! Caerás en mis redes, insulso. Caerás. Doblegarás tu voluntas hacia mí. Tengo tu ser.Y
el dolor se fue, junto con la imagen de su amor. Al abrir los ojos, se
encontró tirado en el suelo, cubierto en sudor frío. Se puso de pié,
tambaleándose. Sin miramientos, salió de la casa, con el bolso en su
mano.“No me vencerás, maldito”- pensó, evocando la imagen de su amada. Caminaba
rápido, pensando en su compañera. No dejaría que nada le sucediera, eso
estaba claro. Ni siquiera se percató del momento en que la chica le
abrió la puerta y le hizo pasar a la casa.-¿Te sucede algo?- preguntó la muchacha, luego de abrazarlo.-No, nada.- respondió el joven, evitando su mirada.- ¿Por qué?-Te noto algo extraño- musitó la chica.-Tranquila, amor- le contestó él, tomándole las manos- Son sólo los nervios.Ella
le sonrió, algo más tranquila y lo condujo hacia su cuarto. El joven
miraba hacia todos los lados, como si se sintiera perseguido. Recordaba
incansablemente las palabras del ser: “Caerás en mis redes”-Amor- la voz de su compañera le sobresaltó.-¿Si?- contestó el chico, rápidamente.-Te he preguntado dos veces si estás listo- le reprochó la muchacha- ¿Qué te sucede?El
joven no respondió y se paró de la cama en que estaban sentados. Se
acercó a la ventana y miró hacia la oscuridad de la noche. Sintió los
pasos de la chica tras de él, y quiso alejarla, o alejarse, lo más
posible.“Lo harás”- la voz resonó en su cabeza, nuevamente. El ser había vuelto.-¿Lo harás?- la voz de su amor llegó abruptamente a sus oídos- ¿Te irás conmigo?-Sí, sí- titubeó el joven.- Claro que sí.Se
dio la vuelta y la vio sonreír.“¿Por qué le estoy haciendo esto?- se
preguntó mientras abrazaba a su compañera- “Ella no me ha hecho nada,
no me ha dañado”. Vio que la joven tomaba su bolso y abría la puerta
decidida, esperándolo.-¿Vamos?Y
el chico sintió como si un cristal se quebrara dentro de él. Pudo ver
cómo sus ilusiones se desmoronaban y cómo todos los sueños que ambos
tenían se destruían al recuerdo de aquella frase: “Caerás en mis
redes”. Todo comenzó a nublarse a su alrededor, exceptuando la imagen
de la chica, que lo miraba, confundida.-¿Qué sucede?- inquirió la joven, soltando la manilla de la puerta- Vamos.La muchacha estaba parada ahí, y el joven la contemplaba extasiado.-Te
amo- murmuró él, con los ojos en lágrimas.- Te amo más que a mi vida.
Eres todo para mí. Mi vida, mi mente, mi alma y mi corazón.Ella le sonrió, sin entender.-Yo
también te amo, mi niño- le susurró, dejando el bolso en el suelo y
acercándose a él con suavidad. Se paró en frente del joven y le tomó
las manos. A este contacto, el chico sintió que su corazón gritaba de
dolor, desesperación y, también, de rechazo. Ella acercó su cara a la
de él, con intensión de besarlo. Sus labios estaban sólo a unos cuantos
centímetros y ambos podían sentir sus respiraciones y, sin embargo,
cuando ella le iba a besar, el bajó la miraba y musitó.-Perdóname- se dio la vuelta y se acercó a la ventana, llorando.Ella le siguió y, cuando iba a tocarlo, él se volteó y gritó.-¡No lo entiendes!- sus ojos y sus lágrimas expresaban una dolorosa agonía.- ¡Yo te amo! ¡Te amo!Al parecer, la joven se asustó, ya que se alejó, preocupada.-¡TE AMO MÁS QUE A MI VIDA, PERO NO PUEDO ESTAR CONTIGO! ¡NO PUEDO PERMANECER A TU LADO TODA MI VIDA! ¡DEBO DEJARTE!-¿Qué estás diciendo? ¿De qué hablas?- le preguntó ella, mirándolo con aprensión.-¡NO ENTIENDES!- gritó el joven- ¡DEBO DEJARTE, DEBO IRME!-No- susurró la muchacha- No, tú no…-SI
PUEDO- explotó el muchacho, tirándose de los cabellos y llorando
desesperado- TE AMO Y POR ESO TE DEJARÉ. ALÉJATE, NO QUIERO DAÑARTE.Al
decir esto se desplomó en el suelo y comenzó a sollozar, murmurando
incesantemente: “No quiero dañarte... no quiero dañarte...”. Al cerrar los ojos, veía a la chica, muerta, muerte en sus brazos. Muerta por su culpa. Muerta por sus manos.“Lo
harás”- resonó la voz en su mente y la voluntad del chico, que hasta
entonces se había sostenido en el amor que sentía por la mujer, se
rindió, dando paso al deseo oculto de su alma, a sus temores y, por
supuesto, a la oscuridad y las tinieblas. Se puso de pié, tambaleante y
se acercó al bolso. La chica respiraba agitadamente, ya que había visto
un brillo en su amado, algo desconocido para ella hasta entonces. Un
destello de maldad y crueldad, pero, a la vez, un destello de dolor y
amor. El joven abrió un bolsillo pequeño del interior del bolso y cerró
los ojos.“Hazlo”- susurró la voz del demonio en su cabeza.“La amo”- replicó su alma, ajada de dolor- “La amo con todo mi ser”“Hazlo”- repitió la voz.“No quiero dañarla”- dijo el muchacho, mientras gruesas lágrimas caían por sus mejillas- “La amo”“Hazlo”- dijo la voz nuevamente, con más frialdad que nunca.- “Has caído en mis manos. Mátala”El chico gritó y, luego, sin fuerzas para luchar, le murmuró algo a la muchacha, que contemplaba aterrada a su joven amor.-Nunca
he conocido a nadie tan bello como tu- su voz sonaba pastosa, anegada
por las lágrimas- Te amo como nunca he amado. Nunca te olvidaré, amor
de mi corazón. Ángel de mi pobre alma herida.Y,
dándose la vuelta hacia ella, enarboló el cuchillo que tantas otras
veces había utilizado con el mismo fin, mientras un destello rojo
relucía en sus ojos, y gruesas lágrimas caían por sus mejillas.
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