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Usi

ferd

Autor ferd

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Publicado el 08/12/2010 | 202 Visitas | 1 Comentario(s)

Comencé a relatar:

“Sus ojos fugitivos daban vueltas por toda la habitación, sus vacías pupilas como inciensos escupían cada determinado tiempo una gran cantidad de humo hasta inundar por completo aquel lugar.
Era un sitio fuera de este mundo, enorme y reducido, transmutaba dependiendo de los movimientos de aquella persona que con su vista suspendida en el aire repartía parcialmente hilos de humo, o por lo menos yo así lo recuerdo.
Yo me encontraba casi al centro de las cuatro indecisas paredes, vibratorias, no cesaban de deformarse, creando figuras engañosas, era escasamente agobiante; me sentía una pequeña fogata aun con mis pies en el suelo; flotaba a mi alrededor el par de orificios que se movía rápidamente, se asemejaba a una locomotora de vapor, puesto que el humo desvanecido aun brotaba fielmente de sus retinas… El individuo propietario de estas, se ubicaba en un rincon del aposento; su bailoteo astral era extraño, pausado, concreto, realmente palpable y visible a pesar de las emanaciones oculares, insolente y gradualmente excitante, sencillo, espontáneo, absorbente, artístico, inaccesiblemente hermoso; sin exageraciones ni desorbitar, era exactamente eso. Al pretender integrarme comencé a fecundar caracoles con mis dedos en la humareda, y en breve, el arrogante silencio fue violentamente despedazado gracias al murmullo multiplicado del eco producido por la cavidad del felino cuarto; y volaba entre nubes de niebla hasta mis prudentes oídos seguido de la presencia de una fragancia sospechosa; sucesivamente y sin avisar me conquisto como las salvajes olas del mar a la sosegada playa una especie de vértigo espiritual. Era un vahído tan inusual, opuesto completamente a los injustos mareos que me angustiaban de niño al bajar de la montaña rusa o ir con mis padres en un largo viaje; hoy en día, las carreteras me embriagan hasta provocarme el vómito, yo prefiero caminar. El caso es que en esta ocasión se manifestaba en mí de una forma bastante placentera, mi equilibrio y noción de la razón eran nulos, lo admito, pero al caer, a la hora del desmayo, los vapores me sujetaron y al engancharme junto a ellos en el aire tal candelabro en terremoto, desorden anímico, recapitule…
~ Mis dedos en los suyos, formando una misma mano comenzamos a flotar. No hablamos, no estoy seguro de haber escuchado en alguna ocasión su voz. Contemplamos el cosmos, intercambiamos abismos y nos burlamos de las constelaciones para luego desnudarnos y danzar junto a los astros fugaces hasta repentinamente caer en el último sol en forma de espiral que ha visto el ojo humano, el último sol en forma de espiral que intente arrebatar; que intente arrebatar en vano. Sin embargo; ahora lo llevo colgado en mi egoísta cuello, sin alardear, les digo, yo lo admiro siempre que lo deseo, ¿Qué cómo lo conseguí? Fue el modesto presente de la mujer a la que nunca he visto en carne, el regalo más hermoso que me dio la mujer con la que sueño todas las noches, obsequiado tiernamente por la mujer que amo, la mujer que marco mi vida hace un par de años ~
Al abrir mis oxidados parpados, pude percibir a través del humo el sigilo de su silueta aproximándose, su completa tonalidad gris me conmovió. Al estar más cerca, las oscuras cuencas de sus ojos me precipitaron, su sonrisa me hizo sonreír. La neblina acaricio afectuosamente mi cuerpo, me atravesó el corazón y fermentando su juicio en mi oscuro cerebro, cuajó por completo mis memorias, congelando con fuego mortal mis rencores. Súbitamente y de un modo casi sexual fusionó mis miedos y deseos para evocar tras el llanto de un niño, aterradores fallecimientos mentales y en la honesta inhumación de mi alma contradictoria a mi cuerpo, mudé mi sustancia y transfiguré de lleno, muy ajeno a lo que ustedes ahora ven. Naturalmente; un pestañeo bastó.”

Concluí mi narración. Los miembros, uno por uno abandonaron la habitación.
Nos quedamos solos. Ella en el lugar al que siempre había pertenecido y yo casi al centro de las cuatro indecisas paredes, vibratorias, no cesaban de deformarse, creando figuras engañosas, era escasamente agobiante.


Comentarios

Luis

Luis

09/12/2010

# 1

Muy bueno Ferd! me gustó! abrazo.

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