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Una situación.......embarazosa.

amcafe

Autor amcafe

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Publicado el 04/02/2011 | 199 Visitas | 0 Comentario(s)

Nos deslizábamos en un funicular por los cielos de la ciudad. Veíamos sus torres, sus tejados, sus campanarios, sus parques en lontananza. Estaba contemplando desde las alturas tanta belleza cuando mi amiga se sentó en mis rodillas, como llamándome la atención, como si me dijera, aquí estoy yo, que soy mucho más interesante que todo lo que contemplas. Efectivamente, una tensión erótica penetró por todo mi cuerpo, como una ráfaga de electricidad. Nos besábamos de forma muy apasionada, como si tuviéramos que apurar la vida, como si nuestras lenguas tuvieran la necesidad de encontrarse  y de abrazarse, como si nuestros fluidos salivares tuviesen un interés especial en comunicarse y en mezclarse. Yo le besaba con frenesí su cuello, luego pasé a sus orejitas, metiéndole la lengua en el interior de las mismas, como si buscase sensaciones nuevas, le mesaba los cabellos, se los acariciaba. El funicular me ofrecía una sensación de intimidad, pero al mismo tiempo era como si toda la ciudad nos contemplara, como si estuviéramos en un escaparate. De forma inconsciente, le iba levantando la falda y metiendo la mano en sus cálidos muslos, tan suaves, delicados, carnosos, cremosos y sabrosones. Nuestros cuerpos entraban en una espiral de tensión erótica y de repente le quité las braguitas, se las olí y mi polla ya se desmadró de forma definitiva e irreversible.

            Sabía que el tiempo que duraba el viaje en el funicular se estaba acabando, por lo que ya no profundicé más en las caricias, me dejé llevar, esperando ya con tranquilidad el final del viaje, dejando para posteriores momentos más calmosos la culminación de nuestro placer, pero mi amiga no estaba en esa labor, se puso nerviosa y afanosa, me cogió la polla con la mano y empezó a acariciarla, pero las caricias no eran desinteresadas, sino para asegurarse de la firmeza y decisión de mi polla, y cuando estuvo convencida, en contra de mi voluntad, se sentó encima de ella y empezó a montarme. Yo estaba en la cumbre del placer, de la excitación, pero al mismo tiempo horrorizado, pues sabía que el viaje iba a terminar pronto. Mi amiga, sentada encima de mí, de espaldas, me montaba y gemía, sollozaba y empezaba ya a dar grititos de placer, al tiempo que yo le acariciaba los muslos, luego las tetitas, para a continuación besarle el cuello, en medio del marasmo del placer. Mi amiga era una máquina en movimiento, no podía pararla, y sus suspiros y grititos eran cada vez más ruidosos, al tiempo que una oleada de placer  infinito inundaba mi polla.

            En medio de un placer celestial vimos horrorizados que el viaje terminaba, que el funicular llegaba ya a su destino y que un empleado y probablemente otros pasajeros nos estaban esperando. Mi amiga, ante tal eventualidad se descabalgó, se puso de pie y empezó a ponerse las braguitas de forma apresurada. Yo no tuve tanta suerte, cuando ella se desligó de mí, yo me corrí de forma impetuosa, de forma bestial, salvaje, como una fuente en erupción, y chorros de semen salieron en todas direcciones, empapando el suelo y las paredes, como si hubiera intentado pintar con mi semen. Apenas tuve tiempo de abrocharme la bragueta y bajar del funicular de forma muy avergonzada. Mi amiga y yo salimos de forma apresurada de la estación, esperando de un  momento a otro los gritos del empleado, echándonos en cara nuestro comportamiento.

            Cuando estábamos ya fuera de peligro y yo descansando del esfuerzo y del susto, mi amiga me dijo que estaba muy cachonda, que no podía esperar, que tenía muchas ganas de hacer el amor. Nos metimos en un lavabo, pero tuve esta vez bien cuidado en cerrar bien la puerta con un pestillo. Les aseguro que no hay nada mejor que una cama bien  mullida.

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