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Enviar un mensaje privado Autor amcafe
Acudía a Rosa porque era excepcional, algo muy exquisito, en la práctica de las felaciones. Era una prostituta joven, muy guapa, simpática y agradable, y yo disfrutaba de sus servicios por su extraordinaria prestación cuando me practicaba una felación. Cuando me trabajaba la polla dentro de la boca, se me ponía dura como el cuarzo y experimentaba un placer tan eléctrico que todo mi cuerpo se tensaba como una cuerda, con una explosión final que me hacía enloquecer. Rosa tenía una habilidad muy especial, pues no solo era una cuestión de oficio, sino que poseía un sexto sentido para llevar a su cliente, en este caso yo, a un placer excelso y dionisíaco.
Aparte de ese placer tan brutal que me proporcionaba, antes y después del acto sexual platicábamos sobre diversos temas y su conversación me pareció tan sugestiva que un día la invité a cenar. Fue muy atrevido por mi parte, pues Rosa podía tener novio o chulo, pero la invitación me salió espontánea sin pensar en un posible rechazo. Para mi sorpresa aceptó de inmediato, solo,claro es, que tenía que ser cuando ella librase de su trabajo, en una noche que tuviese libre.
Durante la cena me contó cosas de su pueblo, de su familia y en ningún momento me mencionó el porqué se había dedicado a la prostitución, y yo tuve la delicadeza de no preguntarle nada. Después fuimos a un pub, tomamos unas copas y luego me ofrecí a llevarla a su casa. Pensaba despedirme de ella al dejarla en su casa, pero ella me invitó a subir a su piso a tomar la última copa. Mi invitación había sido completamente desinteresada, no esperaba nada de ella, nada sexual se entiende, pero, por cortesía y educación, subí. Después de tomar un par de copas en su piso, la situación tomó un giro inesperado, ella empezó a acariciarme, a seducirme. Nos besamos, nos abrazamos. Yo quise marcharme, pero ella no me dejó, me dejó insinuar que quería hacer el amor conmigo, como una pareja de novios. La situación se había salido de madre, yo la había invitado sin ninguna pretensión, simplemente para hablar, era desinteresada, pero ella lo había interpretado en otro sentido. Lo curioso es que ella como pareja o amiga no me decía nada, sus besos y abrazos me dejaban indiferente, al contrario que sus felaciones que me llevaban al paraíso. Como prostituta sus felaciones me llevaban a la gloria, en cambio su entrega sexual como novia, digamos, me dejaba indiferente. Consideré que si me iba y la despreciaba le infligía una grave humillación, pues, ¿cómo decirle que sus felaciones me llevaban al placer más infinito y que su entrega sexual me dejaba indiferente? Le seguí la corriente e hicimos el amor. Ella, creo que disfrutó muchísimo, yo muy poco. No me practicó ninguna felación.
Cuando salí de su casa comprendí que nunca volvería a verla, pues, si, después de lo que había pasado, la veía en el burdel para que me practicase una felación, eso sería muy humillante para ella, que se me había entregado como una amiga o una novia. Lo sentía mucho, pero así eran las cosas, Rosa me interesaba como prostituta que practica felaciones escalofriantes y tremendas, o como amiga desinteresada y asexual. Como pareja o como amiga con la que se hace al amor no me interesaba.Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
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