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Una proposición muy....muy....especial

amcafe

Autor amcafe

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Publicado el 26/08/2009 | 462 Visitas | 2 Comentario(s)


Soy profesor universitario, y estoy cerca de los cincuenta. Mi vida académica transcurría con una rutinaria y agradable mediocridad hasta que un día recibí una visita muy inesperada. Naturalmente que me había fijado y mucho en la chica que entraba en mi despacho, solía sentarse en los primeros bancos y se mostraba, aparentemente, muy interesada en  mi asignatura. Era una chica realmente esbelta, piernas gráciles y hermosas, hasta donde se veían, alta,  me pasaba a mí casi medio palmo, tipo de modelo, sí, eso es lo que pensé, con rasgos de cara  muy exóticos, como de eslava, rubia, tez muy blanca, en fin, no me recreo más, un tipo esplendoroso de chica, de chica celestial, de esas que ni en sueños me llevaría a la cama. Por otro lado, no soy el tipo de profesor del que se enamoran las alumnas, tengo cerca de 50 años, como he dicho antes, no soy alto, con gafas, calvo, en fin, no doy para nada la figura del profesor como posible príncipe azul, todo lo contrario.

            La chica empezó a explicarme que tenía mi asignatura muy atragantada, no podía con ella, creía que no la aprobaría, lo que le ocasionaría muchos trastornos, pues tenía empleo asegurado en  la empresa de un tío suyo, eso me dijo, y si no aprobaba mi asignatura…Le dije , como es natural, que estudiara, que todavía estaba a tiempo, que aún quedaba un par de meses antes del examen final, que no se desanimara, que yo estaba dispuesto a explicarle, a ayudarla, en lo que hiciese falta. Me aseguró que estaba muy trabada, muy estresada, que no podía más, que consideraba que sería incapaz de aprobarla. Yo me quedé, como es natural, pasmado, qué le podía decir, solo que estudiase, que hiciese un último esfuerzo. Nos quedamos en silencio. Yo esperaba que la chica se fuese, estaba  muy tenso, la situación  era violenta para mí, pero se volvió aún  más violenta cuando la chica se me quedó mirando fijamente, de una forma que no me gustó nada de nada. El silencio era tan  abrumador que cortaba, y yo me levanté para dar por terminada la entrevista, pero ella, con mucho descaro se sentó,  cruzó las espléndidas piernas y me mostró de forma coqueta sus pechos tan …sensuales…Me puse nervioso, yo, que raramente pierdo los controles.., pero la chica…Me dijo que quería hablar conmigo, que tenía una proposición que hacerme…Me temí lo peor, y , efectivamente fue lo peor lo que me propuso. Sin más ni más, sin prepararme, me propuso que si la aprobaba, me concedería una noche loca de amor. Lo de “loca” me supo a sarcasmo. Ni en sueños me acostaría con una chica así, treinta años más joven que yo, tan guapa.., tan espléndida, tan …alta, tan …sexi, aunque he de reconocer que se me puso la boca agua, y experimenté, para mi vergüenza, una erección descomunal, de caballo. Bueno, he de confesar que en mis casi 25 años de docencia universitaria se podían contar con  los dedos de una mano, y sobraban dedos, los rollos que había mantenido con alumnas, y se trataba en todos los casos de chicas intelectuales, más bien feúchas, poco agraciadas, que no tenían demasiado éxito con los chicos, pero la chica que tenía delante no cuadraba con ese tipo de chicas, rompía el molde, y, aunque me proponía algo en contra de todos mis principios, de toda mi ética, la tentación era… Reconozco que tuve unos momentos de vacilación. Llegué a pensar que la chica me tomaba el pelo, que se trataba de alguna apuesta, pero la chica parecía sincera, preocupada verdaderamente por aprobar la asignatura y así poder entrar en el mercado de trabajo. Como es natural, reaccioné, a pesar de la terrible y diabólica tentación, con dignidad de profesor, le dije que no había oído nada, que la entrevista no había tenido lugar, y que estudiase todo lo que pudiese, porque, solo así, aprobaría mi asignatura. La chica se levantó todo mohína, me dejó sobre la mesa su número de teléfono y me dijo que lo pensara, que era un asunto privado entre ella y yo, yo le hacía un gran favor, y ella me correspondía con otro favor, muy grande, y en eso la chica no se equivocaba , ya que en esos momentos lo que más me apetecía era lamerla y penetrarla, hubiera enloquecido de poderlo hacer…,y estaba a  mi alcance, solo se hubiera tratado de acceder a su proposición, nadie se hubiera enterado, quedaba entre los dos…Ustedes, ¿qué hubieran hecho en mi lugar?  Se trataba de la eterna lucha entre los principios y el placer, entre el deber y el vicio.

            Cuando la chica se marchó, empecé a reflexionar. Supongamos que hubiera aceptado, cómo nos lo hubiéramos montado. ¿Nos acostamos antes y luego la apruebo yo o la apruebo y luego nos acostamos? Desde luego alguien tiene que fiarse del otro. Bueno, me dediqué a mis asuntos, consideré que con mi negativa la chica no insistiría, daría el asunto por zanjado, liquidado. Pero la chica no cesó en su empeño, me llamaba por las noches, cuando estaba más solo, después de cenar, pues soy soltero y sin pareja y sin novia, en medio de una gran penuria sexual y emocional. Si hubiese tenido novia en ese momento me hubiese refugiado en ella para  intentar olvidar a la chica, pero llevaba ya varios meses sin practicar sexo, y la imagen de la chica, y su proposición martilleaban mi cerebro. Pues bien, la chica me llamaba por las noches y se insinuaba, me decía que si estaba solo esa noche era  porque quería, y cómo sabía la maldita que estaba solo esa noche y la estaba soñando precisamente a ella. Era una tortura, a la que  no podía poner fin, pues en el fondo me gustaba oír su voz, que era melosa, melodiosa, insinuante, sensual, pegadiza. Me tentaba, me torturaba prometiéndome paraísos que estaban a mi alcance, que podía conseguirlos. ¿Se imaginan ustedes si la hubiese denunciado por acoso sexual? La carcajada más estridente hubiese sido la respuesta, pues quién en sus cabales hubiese hecho caso a un profesor más bien bajo, calvo, frente a las aseveraciones de  una chica joven, angelical, con tipo de modelo…Repito, hubiese podido cambiarme de teléfono, pero esa tortura, en el fondo, me placía, me gustaba, me alucinaba, porque yo no iba a acceder a sus pretensiones, solo la aprobaría si me hacía un buen examen…

            En clase, por otro lado, me miraba de  una mirada pícara y lujuriosa, o eso me parecía a mí, quién sabe, se prolongaba la tortura, una tortura placentera, gratificante, que me producía unas erecciones muy embarazosas, que me obligaban a sentarme. Si nos tropezábamos en la cafetería me miraba también de forma muy especial, y si había testigos, me emplazaba a invitarla a un café, la muy desvergonzada, y yo, claro, la tenía que invitar y oler su cuerpo perfumado durante unos minutos, que me producía una erección permanente y muy desagradable, aunque paradójicamente, muy placentera.

            Aunque soy un profesor de principios muy firmes, soy también de carne y hueso, tengo necesidades, y en ese momento estaba pasando por una situación de penuria en el terreno sexual. La tentación era demasiado fuerte para mí, demasiado placentera y así una noche en la que de forma muy melosa y sensual volvió a tentarme, para vergüenza mía accedí  a sus pretensiones. Quedamos a una hora determinada en mi casa. Ella insistió en que fuéramos a cenar antes, pero hubiera sido demasiado bochornosa para mí la cena que en otras circunstancias más normales hubiese representado la antesala del cielo.

            Se presentó muy puntual, con un vestido muy apropiado para la ocasión, pues en el fondo venía a venderse a mi casa, accedía a mantener relaciones sexuales conmigo por un interés, no por el mero placer de mi compañía. Llevaba un vestido muy ajustado, que resaltaba su espléndida figura, muy escotado, que resaltaba sus maravillosos pechitos, tan armónicos, tan deliciosos, tan al alcance de mis…manos. No me lo creía, consideraba que estaba soñando, no podía ser, tener a semejante criatura a mi entera disposición, por toda una noche. Parecía increíble, parecía que moraba en otro mundo, en el mejor de los mundos posibles, en un mundo en el que todas las fantasías se cumplen, se convierten en  realidad. La chica me pidió un bailys, y yo tomé un gin-tonic, la verdad es que estaba muy nervioso,  no sabía como empezar, como desarrollar la situación. En realidad, no tenía que seducirla, era todo muy fácil, las cartas ya estaban boca arriba, la situación devenía muy fácil, pero aun así, yo estaba muy nervioso, y mis viejos principios volvieron a lacerarme. No estaba nada bien que un profesor se beneficiara a una alumna con el soborno de aprobarla, no estaba nada bien, pero la fruta era demasiado apetitosa para dejarla escapar, para no cogerla del árbol, cuando la tenía tan  a mano…

            La chica captó mi inseguridad y mi nerviosismo, y quiso ponerme las cosas fáciles. Empezó a desnudarse lentamente delante de mí, con mucha gracia, con mucha pericia. Se fue quitando prendas, los zapatos, las medias…Llegó un momento en  que quedó solo con la lencería, unas braguitas  y unos sostenedores de color rojo, muy excitantes. Mis ojos se salían de las órbitas, y mantenía una erección de caballo, demencial, como hacía quizá años que no sostenía.  Mi cuerpo se electrificó al verla, me entraron unas ganas locas de lanzarme encima de la chica, de saborearla, de lamerla, de fundirme con ella…Ella jugueteaba con su sujetador sin quitárselo, se giraba y me sonreía de forma pícara y lujuriosa. En un movimiento rápido se quitó el sujetador y dejó  libres unos espléndidos pechos, ni grandes ni pequeños, perfectos, se podían abarcar bien  con la mano, dos colinas maravillosas que pedían ser lamidas, mordidas, acariciadas, masajeadas, admiradas, chupadas en sus pezoncitos…La chica continuaba con sus movimientos en el sentido de quitarse las braguitas, pero entonces  mis escrúpulos que estaban escondidos salieron de su escondite,  mis principios de profesor ético salieron a la superficie, y le dije, con el corazón sangrante, con la desesperación brutal de  mi polla y de mi lengua, que se vistiera, que ya había cumplido con su parte, que no se preocupara, que la aprobaría, que no hacía falta continuar…Le dije esas cosas con lágrimas en el corazón, con una gran  desesperación de todas mis células que deseaban con frenesí el contacto físico con aquel cuerpo tan maravilloso.

            Vinieron los exámenes. Como siempre, corregían mis ayudantes, yo solo controlaba el proceso y examinaba los casos más dudosos. Me interesé, como es natural, por el examen de la chica, para aprobarla, como le había prometido. No estaba bien, faltaba a mi obligación, era la primera vez       que lo iba a hacer en todos mis años de profesorado. La conciencia me remordería por mucho tiempo, pero se lo había prometido… y lo iba a cumplir, a pesar de mis principios.

            Cuando vi la nota de la chica me quedé pasmado. Mis ayudantes la habían calificado con un 9,3, con propuesta para matrícula de honor. El universo se me abrió por segunda vez, y esta vez mis principios no pondrían ninguna pega. La llamé inmediatamente por teléfono…

 

 

 

  


Comentarios

elamigo

elamigo

31/08/2009

# 1

Bien hecho!

Recuerda que hacer lo correcto, siempre tiene sus recompensas... Cuentanos que pasó depues de que la llamaste!..

Saludos.

amcafe

amcafe

31/08/2009

# 2

Grcias por tu comentario, elamigo. Veo que te lo ha tomado al pie de la letra. Eso demuestra que mi relato era convincente, pero recuerda que se trata de pura ficción, no es nada autobiográfico.....Gracias, repito, por tu interés...

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