Y así acaba mi vida. Con una canción en la cabeza y en mi corazón. Esa
iba a ser mi mejor composición estaba seguro de ello. El ritmo era el
adecuado, suficientemente rápido para que no fuera cansina y con la
lentitud precisa para que llegara a todos los que la escucharan.
Todo
en mi ha girado en torno a la música. Todo lo que he creado, cantado o
tocado ha sido meramente un repaso a todo aquello que he llegado a
sentir. Recuerdo mi primera creación con un cariño especial porque
gracias a ella descubrí cual sería mi futuro. No te pienses que fue una
gran obra, ni tampoco te creas que por aquel entonces tenía los
instrumentos adecuados, a los cinco años no se puede pretender tanto.
Los
detalles de mi primera actuación se mantienen vívidos en mi mente, no
es algo que vaya a olvidar jamás. Recuerdo a mi madre y a mi padre
sentados en el sofá, intentando contagiarse de mi emoción pero sin
lograrlo del todo ya que no entendían exactamente porqué estaba tan
obsesionado con ese piano de juguete, el cual, me habían comprado en
navidades unos tíos a los que no conocía y a los que no volvería a ver
ya que murieron poco después. También entiendo a mi familia, mis
progenitores eran científicos, la música para ellos era pura matemática
nada que no se pudiera entender con las formulas adecuadas. Ese era el
único arte que conocían y pese a que en su momento no los quise
entender, ahora lo acepto como una parte intrínseca de ellos.
Ya
me estoy desviando del tema ¿no? Estaba hablando de mi primera
actuación y de mi pequeño piano que a duras penas conseguía hacer una
nota bien. Fue un gran momento, había estado practicando durante días,
probando miles de combinaciones hasta encontrar una que me gustara, fue
una tarea ardua ya que tuve que memorizar toda la “canción” de memoria.
Por aquel entonces no sabía que la música se podía escribir pero al
menos le puse un título “Para mamá y papá” ¿original verdad? Pues en
aquella época me pareció magnifico y tras recibir los aplausos que
requería la situación me dediqué a ello con más fuerza e ilusión.
Ese
fue el detonante que me ha conducido hasta aquí, hasta este momento.
Supongo que en mi situación actual es normal que me esté olvidando de
las cosas. Las figuras de mis padres se están volviendo borrosas por
momentos, me cuesta saber qué vestido llevaba mamá o si Cherry, nuestra
gata, estaba sentada en su regazo o en el de papá… es irónico ahora la
imagen que me viene a la cabeza es la de una chica con la que salí hace
años. Era una mujer menuda de sonrisa tímida y grandes ojos marrones.
Su cabello era del color de la miel y siempre lo llevaba recogido en
una coleta, tardamos muchos meses en conocernos. Yo vivía obsesionado
por aprenderlo todo sobre mi pasión y ella era demasiado tímida para
abordarme. Tuvimos que chocar uno contra el otro para que nos
conociéramos. Resulta que Mary era estudiante de arte por lo que
compaginamos rápidamente, los dos vivíamos en un mundo distinto al del
resto de la gente, veíamos las cosas de otra manera, entendíamos las
cosas de una forma distinta. Fue la primera en todo: Primera en clase,
la primera con quien hice el amor, mi primera pareja… así que cuando
ella me abandonó para seguir su fulgurante carrera, yo le dediqué una
canción a la que sencillamente titulé “Primera en todo”. Tal vez
alguien la esté escuchando ahora mismo ¿me hago demasiadas ilusiones?
Ella me abandonó porqué entendió que nunca la seguiría hasta la fama.
Yo vivo feliz con lo poco que tengo, mi guitarra, mi piano y mi voz
¿qué más puedo pedir?
También esta triste historia se va
borrando, pero no quiero llegar al presente. Demasiado doloroso para
mí, demasiadas cosas que no deberían de haber sucedido. No quiero
pensar en eso… y ahora lo estoy haciendo. ¿Siempre es así? Sé que no me
contestarás, ni tan siquiera sé si eres real, sólo estás aquí
mirándome, escuchando mis palabras ¿qué quieres? ¿Porqué no me he ido
aún? Ah, pretendes que acabe de explicar mi historia, deseas saber más.
De acuerdo, cuando antes acabemos con esto mejor.
Mis padres
acaban de morir, la mujer con la que iba a pasar el resto de mi vida se
ha marchado, mi gato Fender se ha escapado con la gata de mi vecina.
Todo es un desastre, no quiero que llegue el día siguiente. Mi único
deseo es que mi reserva de cerveza no se acabe, que mi guitarra siga
sonando y que el corazón me deje de doler. Me destrozo el cuello
cantando baladas tristes acompañado únicamente por mi instrumento que
trata de seguirme como puede. Estoy solo, nada me interesa.
Entonces
llega Carla. Cuando abro la puerta, sé que no es mi futura mujer que ha
decidido reconciliarse conmigo, y tampoco es Fender mi querido gato. En
la puerta tengo a una desconocida que me sonríe a la vez que trata de
no fruncir el ceño al ver mi penoso estado y el de mi piso. Sus ojos
verdes se clavan en mí inmovilizándome. Aún no sé qué pretende porque
no me dice nada, sencillamente me da un beso en la mejilla y se marcha
a toda prisa.
Preocupado, cierro la puerta y me voy directamente
a mi portátil. Nunca he llegado a ser muy conocido y mi única
publicidad es un pequeño espacio en internet que no he actualizado
desde hace meses. Cuando me aseguro que mi dirección no aparece en
ningún lado de la página me tranquilizo un poco. Debe de haber sido una
casualidad me digo, alguien que se habrá equivocado de piso, seguro que
no sabe ni quién soy. Procuro convencerme de eso mientras bebo una
cerveza. En el fondo no me lo creo.
La escena se vuelve a
repetir al día siguiente y al otro y así durante toda una semana.
Ninguno de los dos hablamos, yo por miedo a que ella sea una simple
aparición y la chica por algo que no sé. Al octavo día espero
impaciente que suene el timbre, sólo pienso en verla. Hoy le preguntaré
quién es, estoy preparado.
Carla, como he decidido llamarla hasta
que no sepa su nombre, no aparece ese día, ni al siguiente, ni al otro.
Nervioso me paseo día y noche por el pequeño apartamento esperando a
que venga, y mientras, sin darme cuenta, rehago mi vida otra vez. En
dos semanas las cervezas han desaparecido de la nevera, la casa brilla
de lo limpia que está, me quito la barba y reconozco que así parezco
más joven de lo que soy. La música vuelve a llenarme otra vez, mis
heridas se están curando poco a poco y ahora estoy más decidido que
nunca a seguir adelante. Entonces una nota se cuela debajo de la puerta.
Es
la dirección de un restaurante e instintivamente sé que allí me estará
esperando ella. Feliz por tener un pequeño hilo del que tirar cojo mi
chaqueta y salgo a la calle tarareando una canción. Entonces me doy
cuenta de que estoy volviendo a componer, de que la música ha vuelto a
mí con más fuerza que nunca. Río mirando al cielo azul mientras que en
mi cabeza se va formando una canción. Al principio empieza con el caos
del nacimiento, una infancia inocente. Luego se vuelve eufórica con el
descubrimiento de cual será tu futura pasión, después va fluctuando
arriba y abajo mostrando todo lo que he hecho, repasando uno a uno
todos los momentos que me han marcado para siempre. Es la canción de mi
vida y cuando lo descubro paró de caminar, deleitándome con cada nota
de mi nueva composición…
El resto ya lo sabes. Primero el coche,
después la ambulancia y finalmente esto. Creo que estoy en medio de un
limbo, entre la vida y la muerte, incluso me puedo figurar quién eres.
Si quieres puedes llevarme contigo, mi deuda con la vida ya la he
cumplido. He hecho aquello para lo que nací, he creado una canción para
toda mi vida y estoy contento con esto. ¿Qué si me molesta que la gente
no vaya a escuchar jamás mi obra? La verdad es que no porque todos
llevan su música dentro de sí sean músicos o no, sólo la han de
descubrir igual que he hecho yo. Hoy ha sido el día en que me he
sentido completo, en que he notado que estaba vivo de verdad. Por eso
te dejo a ti la elección, marchémonos o quedémonos. Escoge.
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