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Un trasero femenino puede ser una...obra...de....arte...

amcafe

Autor amcafe

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Publicado el 12/08/2009 | 793 Visitas | 0 Comentario(s)

Bajé del tren y me dispuse a entrar en la ciudad para resolver un asunto que me tenía preocupado. Delante de mí iba una jovencita que tenía un trasero impresionante, estético, voluptuoso, afrodisíaco, que no guardaba relación con las restantes partes de su cuerpo. La chica, desde luego, no iba para  modelo, el trasero era demasiado grande en relación con su cuerpo, pero a mí me erotizó, es más, consideré que se trataba de una verdadera obra de arte. Me entró una fuerte y rápida erección. Morbosamente contemplé el trasero como una unidad autónoma, como una entidad independiente. Si hubiera sido escultor, me hubieran entrado ganas de esculpirlo, destilaba una atracción magnética a la que  no pude resistir. La seguí durante unos  metros más, pero nuestros caminos no coincidían y yo volví a mis asuntos, interpretando que la contemplación erótica que tanto me había colapsado solo era un paréntesis en mi devenir cotidiano.

            Coincidí otras veces con la chica, por lo que colegí que nuestros horarios eran  compatibles y mi imaginación empezó a….trabajar de forma morbosa, fantaseando sobre hipotéticas aventuras. La chica del trasero estético y erotizante iba acompañada siempre por otra chica. Comencé a seguirlas y pronto se separaron las chicas. Me armé de audacia y la abordé a la chica que dijo llamarse Berta. Audazmente le dije que coincidíamos todos los días en el tren, pero ella me dijo que no se había fijado en mí, que lo sentía, pero vislumbré en ella una mirada algo picante, que escondía algo…Le propuse tomar un café y hablar un poco, si no tenía prisa…Dijo que se le hacía tarde para llegar al trabajo, pero que cinco minutos sí que podía pararse. Berta se mostró receptiva a mi cháchara, dijo tener 18 años y trabajar en una tienda de dependienta. Entraba antes de la hora de la  apertura al público, para preparar la mercancía, para presentarla a la clientela de la mejor manera posible.

            Omito todo el proceso de seducción que seguí, por no ser interesante para este relato, además de trivial y convencional. Se trata del proceso de aproximación de cualquier pareja antes de entrar en la posible intimidad física. Berta era una chica abierta, moderna, nada convencional en ese aspecto, o quizá muy convencional, quizá lo convencional es no darle demasiada importancia a las relaciones sexuales, y entrar en ellas de manera franca, y sin demasiados remilgos.

            A continuación de una tarde prodigiosa, después de ver una buena película, cenar de forma espléndida,  zamparnos dos botellas de buen vino, Berta accedió a acudir a mi apartamento a tomar una última copa…Mientras ella tomaba un cuba-libre y yo un gin –tonic, mi mente empezó a especular sobre las posibilidades eróticas de Berta, y, sobre todo, con las posibilidades sensuales de su espléndido trasero. Por un lado seguía la conversación trivial que mantenía con ella y por otra mi fantasía se desbocaba con las posibilidades que ofrecía su magnífico y estético trasero. Después de los besos románticos de rigor, empecé a lamerle la palma de la mano, ella se mostró receptiva y comencé a lamerle el lóbulo de las orejas. Le susurré que me siguiera, que siguiera mi juego, me contestó a dónde, le dije que confiara en mí, que no hiciera preguntas, que me siguiera y no se extrañara de nada. La llevé al lavabo, le levanté la falda, le quité las bragas, y la senté en el bidet. Empecé a enjuagarle con agua tibia sus dos tesoros, el de delante y el de detrás. Vacié el agua. Luego le masajeé sus dos tesoros con un champú muy oloroso. Volví a enjuagarla, y la sequé a continuación con una toallita que olía muy bien.

            La llevé a la habitación. Le quité la blusa y el sujetador, luego la falda. Recordad que ya le  había quitado antes las braguitas. Una vez desnuda por completo le indiqué que se pusiera encima de la cama, a cuatro patas, con las piernas abiertas. Yo me puse detrás contemplando su maravilloso tesoro, un auténtico cuadro, una auténtica obra de arte, forjada por la naturaleza. ¡Qué trasero, qué culo, cómo resplandecía, con sus dos nalgas  maravillosamente simétricas¡ Estuve contemplándolo un buen rato y al final la chica me preguntó qué iba a pasar. Empecé a lamerle las piernas, subiendo  con la lengua hasta llegar a sus esplendorosas nalgas, tan crujientes, tan sedosas, tan suaves, tan delicadas. Mi lengua se perdía por sus erotizantes nalgas, al tiempo que una erección salvaje se apoderaba de mí. Recorrí con la lengua las extensas nalgas una y otra vez, hasta que finalmente le separé las nalgas y deposité mi lengua en su culito, tan coquetón y lindo. Movía la lengua dentro de su culito de forma circular. Berta empezó a jadear, a decirme, sí, sí, continúa por favor. Cuando ya el culito estaba lubrificado, mi lengua empezó a moverse buscando el otro tesoro que me imploraba que lo explorase. Sin dejar de lamer carne, por el perineo, llegué a la cuevecita de delante que estaba muy húmeda, ya que me esperaba ansiosamente. Le hundí la lengua dentro de sus labios interiores, y empecé a recorrerle toda su cosita tan sedienta de mis caricias bucales. Me entretuve un ratito en su clítoris,  al tiempo  que la chica se movía eléctricamente mientras le lamía y mordía con suavidad el clítoris. Estuve largos, largos  minutos recorriendo la cuevecita de delante, inspeccionado todos los recovecos, todos los rincones, sin dejarme nada por inspeccionar, hundiendo la lengua todo lo posible. Berta era insaciable, me pedía más y  más. Yo estaba detrás de ella, de rodillas, y con las manos le acariciaba sus sensuales nalgas, mientras mi lengua enloquecía al recorrerle su cosita maravillosa. Mi lengua perdió el control, de la cosita pasaba al culito, de este a la cosita, luego a las nalgas, las recorría enteras. ¡Qué gran banquete tenía delante de mí¡ Apenas abarcaba con las manos las magníficas nalgas, tan sedosas, tan cremosas, tan suaves, todo un bosque de carne bien mullida, que olía de forma maravillosa. Sufría una erección de caballo, se  me puso gorda, dura, tiesa como un palo. Mi pene empezó a tener envidia de mi lengua, y quiso entrar en escena. Mi lengua lamía y lamía, lamía todo el territorio erógeno sin  dar muestras de cansancio. Hubiera continuado así indefinidamente disfrutando de ese banquete celestial, cuando Berta emitió una orden: penétrame, hazme tuya, fóllame, por favor.  Mi pene no tuvo más remedio que entrar en acción. La embestí por detrás por el agujerito delantero, y entré con facilidad, la chica estaba muy húmeda por mis lamidas. Entré hasta el final. Mi pene estaba ebrio, entraba y salía de forma incontrolada. Berta me decía más, más fuerte, no pares, continúa, pero yo paraba para no correrme tan pronto. Ralentizaba mis embestidas para prolongar mi placer. Estaba a punto de correrme, pero saqué el pene y lo introduje en el culito, quería correrme en el culito, apretando las nalgas, manoseándolas todo lo posible. Lancé un grito muy salvaje al eyacular en su culito. Pero Berta me pedía más y más, y haciendo un titánico esfuerzo volví a mis embestidas. Entraba en una cuevecita, salía, luego me metía en la otra, y así seguí jugando hasta eyacular de forma muy copiosa por segunda vez. Entonces ya me rendí, de forma definitiva e inapelable.

            Cuando terminé,  me senté en la butaca, ella estaba todavía a cuatro patas, le dije que por favor no se moviera, que mantuviese durante unos minutos esa postura. ¡Qué erótico que resultaba el cuadro, qué hermosura de trasero, qué dos nalgas tan perfectas y simétricas¡

            Quizá yo sea todo un fetichista. No les he confesado que lo que más me gusta del cuerpo femenino es el trasero, y cuando se trata de un trasero más bien grande  y bien proporcionado en sí mismo, aunque no guarde la correspondiente proporción con el resto del cuerpo, entonces su atracción sobre mí sí que es irresistible. Berta había despertado mis sueños y fantasías más ocultas. La belleza del trasero femenino es inmortal, imperecedera, no hay nada que se le pueda igualar.    

             



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