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UNA CITA A CIEGAS

amcafe

Autor amcafe

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Publicado el 27/11/2009 | 460 Visitas | 2 Comentario(s)


Me gusta mucho bucear en los chats para conocer gentes, leer otras opiniones distintas a las mías, y lo que es  más importante, contactar con gente con la que no tendría ninguna posibilidad de comunicarme por residir en países lejanos, y también, no  hay que ser hipócrita, para poder ligar, si la situación se tercia y uno contacta con alguna alma gemela. El proceso es muy simple, como muchos de vosotras y vosotros sabréis de sobra, se conoce a la otra persona, se  intercambian impresiones, opiniones, y si aparece la empatía, se intercambia el msn, luego fotos, y si la impresión física es favorable, se puede concertar algún encuentro, tomar un café, una cerveza en algún local, y luego… el mundo está lleno de posibilidades.

            Pero un día conocí a una chica que me rompió el modelo, que me sumergió en una aventura insospechada, excitadora y excitante, original…En efecto, nos conocimos a través de un chat de cibersexo. Yo le propuse intercambiar foto o vernos a través de la cam. Ella se negó, pero me propuso una cita a ciegas, esto es, encontrarnos en una habitación de hotel, sin conocernos previamente, sí, habéis entendido bien, sin conocernos  previamente desde un punto de vista físico. Como es lógico, en el chat hablamos largo y tendido en dos o tres ocasiones, no recuerdo bien, pero a ella la  molaba mucho arriesgarnos en un encuentro sexual, pero sin previo conocimiento físico, me decía que la ponía mucho eso, le suministraba  mucho morbo. Yo le repliqué que podía ocurrir que no la gustase, omití como es lógico que pudiera ser que ella no me gustase a mí, pero ella insistió que esas eran las reglas del juego, que era un riesgo mutuo, ella se arriesgaba a que yo no le gustara, y al revés, pero en eso consistía el morbo de la situación, en esa  incertidumbre. Me hizo hincapié en que ella no tenía ningún defecto físico y no quería saber si yo lo tenía o no, prefería descubrirlo en el encuentro en el caso de que tuviera…Para concluir me dijo que la cosa podía salir bien o mal, pero que si salía mal, qué perdíamos, que se perdía, se perdía más si no lo intentábamos. Ante tal apabullante argumentación me dejé convencer, aunque no precisaba la chica de muchos argumentos para persuadirme, pues a mí también me entró mucho morbo meterme en tal situación. Me dijo que se llamaba Concha, que era un nombre fingido y que no me diría ya más datos personales, que eso no importaba nada, que lo tomaba o lo dejaba. Naturalmente yo también soy algo morboso, por no decir que mucho, y dentro de mí ya había aceptado, pero formalmente mantenía ciertas reservas y reticencias para hacer más interesante el encuentro.

            En algún momento pensé que se trataba de alguna chiflada, de alguna pirada, de las que abundan en los chats, pero hablaba con lógica, con gran normalidad, no percibí nada raro ni especial, y la verdad, la situación podría devenir morbosa, excitante, hacer el amor, practicar sexo con una chica a la que no conocía físicamente. Existían riesgos, ciertamente, que ella tuviese alguna malformación que la hiciese poco deseable. Yo soy una persona normal, no soy un guaperas, pero creo que entro dentro de la normalidad, por mi parte no iba ella a tener problemas, le podía gustar más o menos, pero sorpresas desagradables no podía tener conmigo, pero, ¿ y yo con ella? ¿Podría tener ella algún rasgo repulsivo? Decidí arriesgarme, no se perdía nada, en todo caso, sería una aventura fallida, no hubiese sido la primera, algunas veces el primer encuentro había salido mal, a pesar de conocer a la chica físicamente, como era  natural.

            Dentro de lo que cabe, pensé, la chica parece equilibrada, con lógica, sentido común, no iba a entrar en una experiencia así con alguna malformación, con algo repulsivo, podría resultar desagradable para ella. Lo lógico es que fuese una chica normal, no esperaba algo espectacular, pero por lógica, si la chica me proponía esa cita a ciegas, sería más o menos normal, como yo, me gustaría más o menos, pero no habría nada raro…

            Con tales razonamientos acepté la cita, quedamos en vernos en un hotel. Yo reservaría la habitación, iría primero, le diría al portero que mi novia vendría más tarde.

            Así lo hicimos. Convenimos que ella llamaría a la puerta, yo cerraría todas las luces, dejaría entreabierta la puerta, solo entreabierta para no verla, y me acostaría. Ella entraría, se desnudaría y…

            Así sucedió. Le dejé la puerta entreabierta, volví a acostarme, yo estaba ya desnudo, como habíamos quedado, ella entró, se desnudó y se deslizó entre las sábanas. Yo estaba quieto, hasta ese momento estaba todo programado, pactado, pero a partir de ese momento venía la improvisación. Yo tenía su cuerpo caliente cerca, estaba quieto, nos pusimos a hablar, yo estaba muy nervioso, ella quizá no, o al menos disimulaba mucho más que yo, y luego al cabo de un ratito ella me cogió de la mano para darme ánimos. Consideré que debía tomar la iniciativa, y con  gran curiosidad empecé a acariciar sus brazos, luego sus piernas, sus muslos, me parecieron sedosos, delicados, suaves, un poco quizá rollizos, pero me parecieron sensuales, acogedores. Mis manos pasaron a inspeccionar su barriguita, recorrí con el dedo su ombligo. Su barriga no era plana del todo, estaba un poco rellenita, pero no era una chica gorda, era una chica más o menos normal, y por lo que colegía de sus piernas, más alta que otra cosa. Seguí subiendo y me tropecé con sus pechitos, los podía abarcar con la mano, no eran grandes, pero tampoco pequeños, eran armónicos. Pasé a acariciarle luego su cuello, sus mejillas, sus orejitas, sus pestañas, su frente, su nariz, parecía todo armónico, y entonces ella se dio la vuelta para que continuara la inspección por detrás. Le acaricié la espalda, luego bajé y acaricié sus nalgas, que eran carnosas, quizá un poco voluminosas, pero muy sensuales, y al recorrerla con las manos por detrás llegué a la misma conclusión de que era una chica un poco alta, tampoco demasiado, pero no baja, eso estaba claro.

            Una vez que la había conocido de forma táctil, consideré que había llegado su turno también de inspeccionarme para cerciorarse qué tipo de chico tenía delante, pero antes me entró una desazón, no le había inspeccionado su tesoro y si era un…, bueno su voz era muy femenina, pero quién sabía, y si …, bueno le toqué el tesoro, le inspeccioné su rajita, y sí que me percaté de que era muy sensible, pareció apreciar mis caricias de forma voluptuosa, y entonces la dejé para que ella me inspeccionara a la vez. Ella entonces recorrió todo mi cuerpo con delectación, creo, con mucha atención, pero se fijó mucho en mi verga, que la tenía por cierto ya muy dura, gorda y tiesa, dura como el cuarzo. La recorrió bien con la mano, inspeccionándola a fondo, recorriéndome los  huevos y deteniéndose en el glande. Con gran sensibilidad me pidió permiso para…y se la introdujo luego en su boquita, se la  metió poco a poco. Lo hacía con gran pericia, con una gran pericia, no era la primera vez que chupaba una verga. Yo estaba en el séptimo cielo, en el paraíso, pero amablemente le insinué con  la mano que se retirara porque no quería correrme demasiado pronto.

            Hubo luego una pequeña pausa, yo le  insinué que encendiéramos la luz, pero ella se opuso, no, no, me dijo, casi con violencia, me dijo que eso rompería el hechizo que existía entre los dos. Entonces ella se deslizó encima de mí, noté todo su cuerpo vigoroso, juvenil, le calculé sobre 25 años más o menos. Esa  había sido otra de mis preocupaciones, lo más seguro es que se tratara de alguna cuarentona caliente y morbosa. Yo tengo 31, pero no me hubiera importado, pues me molan también las maduritas, pero, claro, hasta cierto punto, como es natural.

            Respiré tranquilo, se trataba de una chica normal, más o menos guapa, pero normal, joven, y equilibrada, morbosa y viciosa, eso sí, pero no se trataba de una chica rara o extravagante.

            Entonces nos besamos, nos introducimos la lengua mutuamente, nos exploramos la boca con la lengua, y ella volvió a acariciarme la verga y a metérsela dentro de su boca, parecía que le gustaba mucho eso. Una vez dentro de su boca se deslizó de manera que puso su tesoro al alcance de mi boca, para que practicáramos un 69. Empezamos a comernos. ¡Cómo le gustaba, como suspiraba, como gemía, como se  movía¡ Yo le metía la lengua por todos los recovecos y repliegues de su tesoro, y metía  la lengua todo lo posible dentro del mismo. Ella me apretaba la verga con la boca más y más, como si la quisiera retener, como si tuviera miedo de que se fuese. Con la verga dentro de su boca, me la trabajaba con la lengua, recorriéndomela. Yo no pude contenerme más y me corrí con una eyaculación muy copiosa, pero ella no se apartó la cabeza, sino que se tragó toda mi miel blanca. Al tiempo movía su tesoro sobre mi boca con gran tensión, con grandes espasmos, concentrándose en su placer, después de correrme yo, pues cesó de chuparme, yo estaba ya exhausto. Con un  gran gemido se corrió al tiempo que movía las piernas y las caderas de forma compulsiva. Yo tenía toda la boca empapada de sus flujos y jugos, que me sabían a gloria.

            Esperaba un poco de tregua, pero no me fue concedida, pues para ponerme en forma volvió a chuparme la verga y cuando estuvo ya en forma, dura y tiesa se montó encima de mí, se la colocó en su tesoro y empezó a cabalgarme. Se movía arriba y abajo al tiempo que me masajeaba el pecho y bajaba de vez en cuando para besarme. Yo la cogía de las nalgas, se las apretaba, le acariciaba las piernas, los pechos, me volvía loco con sus embestidas. Ella se corrió antes que yo, con unos grandes gemidos, y gritando al final. Se apartó y al ver que no me había corrido todavía se puso la verga dentro de su boca para chupármela otra vez. Parecía que le molaba mucho el chupármela, lo hacía con una gran fruición, con una gran pasión. Yo estaba en el nirvana, en el séptimo cielo, dios, que bien la chupaba, con qué arte lo hacía, y al final me corrí con un grito final y ella volvió a tragarse mi miel blanca, parecía que le daba mucho morbo el comérsela.

            Hubo dos actos sexuales más en nuestra locura. Al final, yo estaba exhausto, y me dormí, y cuando desperté estaba…solo, ella, Concha o como se llamase había desaparecido, sin dejarme ninguna nota. Tampoco la había dejado en recepción. Desapareció, sin más ni más  y…hasta hoy que no sé nada de ella. En el chat no he vuelto a contactar con ella, apareció en mi vida y desapareció. ¿Era una aventurera de un solo encuentro y si te he visto no me acuerdo?  ¿Se trataba de una mujer casada, y  por eso la aventura no podía tener segundas partes? ¿Es que no le gusté lo suficiente como para repetir? ¿O se trataba de una viciosa ansiosa de nuevas y nuevas aventuras? ¿Cambiaba de nik en el chat para conocer a otro? En fin, podéis pensar lo que queráis, yo por mi parte estoy intentando olvidarla.

Comentarios

Ocean~Soul

Ocean~Soul

06/02/2010

# 1

Muy malo tu relato... y ademas degradante.

Maia

Maia

12/03/2011

# 2

Coincido con mi compañero Ocean-Soul, y creo que sos de la misma manera que tu compañera de aventura. Cada cual con su vida hace lo que quiere, solamente es una opinión, creo que tuviste suerte!

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