Tus palabras son frías dagas,
lanzadas en el respiro de un momento.
Cubren cada paso de distancia,
llegan y finalmente,
dejan su marca en un ya destrozado corazón.
Siento cada día los desgarres de las heridas,
que un inocente comentario,
palabras perdidas,
historias contadas,
causan en mí,
gotas de un tormento
de una lluvia que no parece cesar.
No debería seguir tu rastro,
desaparecer finalmente en la sombras
de tu olvido.
Mas sentir el dolor que me causas,
mantiene viva la idea de los momentos en que te tuve,
y acerca mi mirada a la tuya, piadosa, buscando una confirmación
de que lo perdida puede ser encontrado.
Tus palabras son frías dagas,
endulzadas con la belleza de tu tez,
jugando, revoloteándo ellas,
inocentes de la tristeza que en mi persona ocasionan,
pero que transportan mis sentimientos
hacia aquellos castillos que construimos,
entre un "hola, cómo estás" y las despedidas nunca habladas.
Sé que en tu corazón late la esperanza del amor,
de aquél que lejos de mí se encuentra.
Sé que tus palabras tratan de gritarle al mundo,
aquello que yo desearía gritar,
mas te amo, y por ello, sólo la frialdad deberá acompañarme,
al menos, mientras tú seas feliz.
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