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Total Eclipse of the Heart

bor

Autor bor

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Publicado el 19/02/2008 | 72 Visitas | 0 Comentario(s)


Total eclipse of the heart

Preludio

Finales de los setenta. Brezhnev está cada vez más viejo y loco, su familia controla la URSS como una gran familia mafiosa. El gobierno comunista de Afganistán ha intentado introducir la revolución de forma demasiado rápida y radical, en contra de los consejos de los asesores soviéticos. Los señores de la guerra tribal han declarado la guerra a esa modernización forzosa que les obliga a dejar sus tradiciones y costumbres religiosas. El ejército Afgano, mal preparado y desmoralizado, deserta en masa.
Suplican una y otra vez a la URSS que les ayude, pero ésta se niega, sabiendo lo que le ocurrió a los americanos en Vietnam. Aún así, terminan aceptando, como obligación hacia un país comunista que les pide auxilio. Han estudiado cuidadosamente la historia del país y aprendido de las lecciones recibidas por los americanos en Vietnam. Despliegan una importante fuerza, en un principio de forma desorganizada. Caen en emboscadas en la única carretera de entrada a Afganistán. Sus tanques arden y los convoyes son masacrados en los desfiladeros. Comienzan a mejorar sus tácticas, acompañando los convoyes con artillerías móviles que provocan bajas de 10 afganos contra cada soldado ruso.
Estrenan sus mayores joyas aeronáticas. Entre ellos el Mil Mi-24, código OTAN “Hind”, llamado por los rusos “el tanque volador” y por los afganos “el carro del diablo”. Poderosamente blindado, preparado para soportar armas químicas y biológicas, tiene unos potentes motores a reacción que lo convierten en el helicóptero más rápido del mundo, a pesar de su inmenso tamaño. Es capaz de transportar 15 soldados, llevar cohetes, ametralladoras y misiles aire aire con la posibilidad de derribar aviones. Todo ello, para poder transportar tropas con mayor seguridad y evitar las enormes pérdidas de aparatos que sufrieron los americanos en la anterior guerra.
Los afganos temerán esta mortífera arma (llegando a decir que no temen a los rusos, sino a sus helicópteros), que sólo podrán contrarrestar con el misil Stinger, americano. Los rusos lo compensarán reduciendo las emisiones de calor de los motores de sus helicópteros (perdiendo con ello su gran velocidad) y volando a bajas alturas, dónde el Stinger no es funcional. También traerán un rápido caza de ataque a tierra, el Sujoi SU-25, código OTAN “Frogfoot”, posiblemente el arma más efectiva de la guerra, capaz de destruir objetivos fuertemente defendidos y sobrevivir a distintos impactos de cohetes y antiaéreos.
Pero a pesar de tanto despliegue tecnológico y de la total falta de escrúpulo por parte de los soviéticos para el uso de armas químicas y biológicas, la guerra no termina, a medida que pasan los años. Tienen una fuerza de unos cien mil hombres y sólo controlan las ciudades y poco más, es decir un 15% del territorio.

Moscú, por esas fechas...

Son las 12 de la noche y es verano. El Sol no quiere ponerse y la noche tiene un color blanco y extraño. No se puede saber realmente si es de día o de noche. Dos jóvenes contemplan el perfil de la ciudad.

- Entonces, ¿mañana te vas?
- Si
- Te echaré de menos
- Bueno, a todos nos toca hacer el servicio militar
- Lo se, pero es mucho tiempo, demasiado tiempo
- ¿qué quieres decir?
- Que no se lo que voy a hacer todo este tiempo sin ti.
- Tienes dos posibilidades. Aguantar y esperar o buscarte a otro – dijo sin medir sus palabras
- ¡Pero yo te quiero a ti! ¡no digas tonterías! - y se le escapó una lágrima mientras bajaba la cabeza, herida.
- Perdona, no debí decirlo
- No te preocupes – y le besó tiernamente, aún con los ojos húmedos.

Se abrazaron, e hicieron el amor por última vez, bajo el árbol desde el que habían contemplado el paisaje de su ciudad, durante los últimos años en que no se habían separado ni un día, comenzando siendo amigos y terminando como amantes.

 

1º parte
El ejército rojo

Nikita no se sentía preparado para ser soldado. Detestaba la violencia, le parecía el recurso de toda persona mediocre, que no sabe conseguir las cosas de otra forma, principalmente respetarse a uno mismo. El ejército rojo estaba cada vez peor equipado y la corrupción era bien visible. Todo el que podía, cambiaba un arma por una botella de vodka o lo que le dieran. La comida era escasa y en algunas ocasiones tóxica. En más de una ocasión terminaron en el hospital un montón de reclutas.
Pero lo peor estaba por llegar. El servicio militar duraba dos años y los veteranos se ensañaban con los novatos. Nikita era orgulloso, demasiado para los sádicos que abundaban en el cuartel. Recibió múltiples palizas por no amoldarse a los caprichos de sus verdugos, terminando en enfermería en múltiples ocasiones. Leía las cartas que Nadia le enviaba constantemente, como único consuelo al infierno que estaba viviendo. No veía el sentido de tanto sadismo, en el supuesto paraíso socialista. Muchos de los oficiales y suboficiales estaban alcoholizados y desmoralizados. Parecían desear una guerra u olvidar la última. Sus vidas carecían de perspectivas, dónde todo lo dictaba el pasteleo del partido y rara vez se tenían en cuenta los méritos.
Volvió a casa con el permiso de navidad. Su familia le notó completamente cambiado. No reía ni decía nada. Era una sombra en la mesa, mientras se servía la comida. Su madre estaba preocupada, su padre parecía enfadado. Consideraba que un hombre no debía dejar que nada le afectara.
Lo peor venía cuando quedaba con su chica. Estando en el ejército se había llenado de temores acerca de su fidelidad. Se mostraba constantemente arisco con ella, soltándole indirectas como el día en que se despidieron. Ella no entendía qué le pasaba, pero le seguía queriendo. Le habló de un nuevo amigo que había hecho. Le suponía un consuelo hablar con él, ante la soledad que vivía ahora que Nikita no estaba. Esto le hizo enfurecer y sospechar aún más. Conocía a ese amigo. Era un miembro del partido, al igual que el padre. Sus contactos le habían librado del ejército y estaba haciendo un servicio simbólico para que no fuera tan descarado. Un día le increpó acerca de él

-¿por qué quedas con ese individuo?
- ¡no es un individuo! Es un amigo
- ¿un amigo? Lo único que quiere es acostarse contigo
- Eso no es verdad. Es muy amable conmigo y nunca ha intentado nada
- ¡Amable, dices! ¿qué hombre no lo es para conseguir a una mujer?
- ¿ y por qué no ha intentado nada, si crees conocerle tan bien?
- Porque es un cobarde y espera la mejor ocasión
- No tienes derecho a llamarle cobarde
- ¿ah, no? Yo diría que sí, ya que ha movido tantos hilos para salvarse del servicio militar
- Pero eso es por un problema médico
- ¿te ha dicho cuál es?
- No – dijo ella confusa
- Ya queda bastante claro, como ves
- ¿qué pasa, que si un chico se hace amigo de una chica sólo es para acostarse con ella?
- mayoritariamente sí
- Que tú tengas el corazón tan retorcido no quiere decir que todos lo tenga. Él es una buena persona
- ¡Entonces lárgate con él!
- ¡pues quizás lo haga! - y se fue corriendo, muy excitada y herida por lo que la había dicho la persona a la que más quería

El permiso terminó y volvió a su cuartel sin haber vuelto a hablar con ella y con un gran vacío en el corazón. Al poco tiempo se arrepintió de sus palabras y escribió a Nadia pidiéndole perdón. Ella contestó al instante, diciéndole lo mucho que le echaba de menos y que sentía que se hubiera enfadado con ella. Comprendió que se sintiera celoso de ese amigo y prometió no volver a hablarle de él. Siguieron escribiéndose semanalmente y contándose cualquier cosa trivial, siempre ávidos de saber el uno del otro.
Mientras tanto, en el cuartel, consiguió hacerse respetar entre los veteranos mediante la astucia y cuando era necesario... la violencia. No cayó en la debilidad de volverse un sádico como sus demás compañeros, pero no toleró ninguna falta de respeto y pronto le dejaron en paz. Sus breves vueltas, las pasaba con Nadia. Ya hablaban de lo que harían al terminar el servicio militar. Comprarse una casa y vivir juntos. A ella parecía ilusionarle la idea, pero a veces se ponía triste de repente. Quizás no olvidaba que él sospechara de ella, o quizás estaba enamorándose de ese amigo. Él le preguntaba lo que le ocurría, pero sólo obtenía un silencio por respuesta.
Terminó el servicio. Su familia le recibió con los brazos abiertos, contentos de que volviera de una sola pieza. Nadia también le esperaba con lágrimas en los ojos. Volvieron a su árbol a contemplar el paisaje de la inmensa Moscú, contentos de volver a estar juntos y esperando que todo volviera a ser como antes. Pero ella había cambiado y él también. Nikita se mostraba mucho más frío y distante, quedándose callado en demasiadas ocasiones, con la mirada perdida. Ella se sentía sola y aburrida al tener a semejante acompañante. Un día no aguantó más...

- Lo siento Nikita, pero estoy harta
- ¿harta de qué? - respondió él con impertinencia
- De tus silencios, de que todo te sea indiferente, de que nunca me prestes atención
- ¿por qué dices eso? Pasamos todo el día juntos
- No es suficiente. Hablamos de construir una vida juntos, pero yo necesito divertirme, que me digan algo agradable. Tú estás siempre ensimismado, pensando en otras cosas. Parece que yo no te importe
- Sí que me importas. Me duele que pienses lo contrario
- No lo demuestras
- Las cosas no se demuestran con palabras
- Las mujeres pensamos de forma distinta
- ¿y cómo pensais?
- Necesitamos atención, cariño, una sonrisa, algún detalle
- Necesitáis una ficción - dijo él con desdén
- ¿cómo una ficción? ¿un poco de atención es fingir?
- Un hombre dedica años de su vida a formar una familia, poniendo mucho trabajo y sacrificios, pero las mujeres sólo dan importancia a que les entretengan o les digan la mentira que quieren oír. Un día se van con el zalamero de turno o el camionero que las trata como objetos y años más tarde, se arrepienten, dándose cuenta de que perdieron al hombre de su vida, que se comportaba de forma natural y que sin embargo lo haría todo por ellas si pensara que lo necesitaban
- ¿eso te enseña tanta literatura de la que te atiborras por las noches?
- Eso y el entorno que me rodea
- ¿y todo lo que has aprendido son esas estupideces?
- Para ti serán estupideces, pero desgraciadamente, creo que es bastante cierto
- ¿entonces yo lo único que busco es que me digan lo que quiero oír?
- Eso pareces decirme
- ¿no eres capaz de comprender que únicamente busco que me prestes más atención?
- Es que en eso te equivocas, te presto toda mi atención, otra cosa es que no te diga que todo lo que dices me parece fascinante, o que estás siempre guapa o que todo lo que haces está bien
- Cierto, sencillamente no dices nada
- Pero eso no implica que no te escuche
- ¿cómo se puede saber que me escuchas si no dices nada?
- ¿cómo que no digo nada? ahora mismo estoy hablando
- Si, hablas y hablas demasiado, diciendo únicamente estupideces de intelectual de poca monta
- Lamento que pienses así
- La que lo lamenta soy yo, pero ya no aguanto esta situación
- Bueno, pues vete con tu amigo Vadim, que a buen seguro te dirá cosas bonitas
- ¡Claro que lo hace! ¡porque sabe cómo tratar a una mujer!
- Lo que sabe es cómo jugar con su vanidad para conseguir sus propósitos
- ¡cállate! - y le cruzó la cara a su novio, mientras este la miraba algo sorprendido, pero sin hacer ningún gesto – hemos terminado – dijo con lentitud ella, mientras se iba

Él se quedó bajo el árbol, en silencio. Miraba el horizonte de Moscú, sin que se pudiera saber cuál era su estado emocional. Posiblemente pensara en lo irracionales que son las mujeres, o al revés, en cómo su comportamiento había provocado que se cumpliera lo que más temía. Tenía una chica maravillosa y su estúpida cabezonería e inflexibilidad, le habían hecho perderla. ¿qué le hubiera costado hacer un poco lo que ella quería? Tampoco le pedía tanto. Una palabra amable, que le dijera lo guapa que la veía ese día. Cualquier cosa. Pero se negaba por orgullo, porque eso le parecían estupideces y consideraba que el amor se medía por cosas más concretas. Pero ahora estaba solo y profundamente triste.
A medida que los días pasaban, estaba cada vez más deprimido. Un día, habiéndose tomado bastante vodka con un par de amigos, llegó a casa, cogió una cuchilla de afeitar y se cortó las venas. Esperó tranquilamente, metiendo las manos en el lavabo para que no coagulara la sangre.
Se despertó en el hospital. Lo primero que vio es a su madre, mirándole con los ojos cansados de no dormir e irritados por las lágrimas que habría vertido toda la noche. Su padre no estaba...

-¿dónde estoy? ¿qué ha pasado?
- ¿qué pasa, no te acuerdas? ¡te has intentado suicidar! ¿es que no piensas en el daño que nos habrías hecho? ¿por qué has hecho algo así? ¿tan horrible es tu vida?
- Da igual mamá, sencillamente tuve un mal día
- ¿un mal día? tienes un mal día desde que volviste del ejército ¿qué es lo que han hecho contigo?
- No han hecho nada, mamá
- ¿entonces qué te ocurre?
- Déjame en paz
- Por favor hijo, no vuelvas a hacerlo – y le estrechó entre sus brazos – no se que sería de mí si te pasara algo, no podría soportarlo
- Lo siento mamá, no volverá a ocurrir

Volvieron pronto a casa. Al llegar se encontró a su padre, sentado en la cocina, con una botella de Vodka. También parecía haber llorado y estado en vela toda la noche.

-¿qué ha ocurrido hijo? ¿es por la chica esa? ¿crees que en la vida, una mujer es lo más importante, como para que dejes de valorar tu vida?
- No es una chica, papá, sencillamente mi vida carecía ya de mucho sentido
- ¡pues te voy a enseñar lo que es la vida! ¡para que veas que nada es motivo para quitársela salvo el mismo e insoportable dolor físico!

Y su padre le dio la paliza de su vida. Las vejaciones de sus compañeros fueron eclipsadas por la violencia de su padre, herido por la ingratitud de su hijo, asustado por perderle, enfadado por no valorar lo que tenía. Mientras le golpeaba... lloraba y sermoneaba a su hijo para que aprendiera lo que son las cosas. El alcohol le hacía ser algo más violento, pero también provocaba esa violencia, un extraño amor por su hijo.
Pocos días más tarde apareció Nadia. Sus padres estaban trabajando y él se encontraba sólo en casa, por lo que tuvo que abrirle.

- Hola – dijo ella con cierto temor
- Hola – dijo él con sequedad, pero muy turbado
- ¿cómo estás?
- Bien
- Te he echado de menos
- No me digas... - dijo él mirando a otro lado
- ¿no te alegras de verme?
- Pues no mucho la verdad

Ella no se amilanó ante esas duras palabras y continuó intentándolo.

- Tenías razón acerca de él
- ¿acerca de Vadim?
- No te hagas el tonto
- Puede haber más hombres
- ¿por qué eres tan cruel?
- Cruel, dices. Olvidas que me dejaste
- Porque no parecías quererme
- ¿más importante es que las cosas parezcan o que sean? - y ella bajó la vista, frustrada

Mientras hablaban en la puerta, él escondía constantemente las muñecas. Nadia lo notó y se las agarró con fuerza sin que él se lo esperara.

- Dios mío! - gritó - ¿por qué has hecho eso? ¿sólo porque cortamos?
- ¿quien dice que sea por eso? ¿quien te dice que te haya querido nunca? ¡Al fin y al cabo nunca te lo demostré! ¿verdad? Te montas muchas ideas raras acerca de nosotros
- ¿no me has querido? pero... ¿y las cartas que nos escribíamos cada semana mientras estabas en el ejército? ¿y todos los momentos que vivimos bajo nuestro árbol? ¿todo eso no tenía significado?
- ¿quien no aguanta a una mujer y su banal conversación sólo para echar un polvo? Las cartas te las escribía para poder seguir teniendo algo seguro. Pero luego me encantaba leérselas a mis camaradas de cuartel para reírnos un rato.
- ¿leías nuestras cartas?
- Claro. Tus ñoñerías hacían que los días pasaran volando, antes de irnos a algún burdel
- No puedo creer lo que dices
- Pues asúmelo. Nunca te he querido
- Entonces no es que los hombres sean como dices, sino que tú tienes un corazón retorcido y miserable – dijo ella mientras su voz se apagaba por la tristeza
- Piensa lo que quieras – dijo él con desdén y le cerró la puerta en sus narices

Ella ya no pronunció palabra. Ahora sí que la había perdido, contándole mentiras por puro despecho.

  

2º parte
El KGB

Siguió estudiando en diversas ramas de la ciencia y las letras, por puro placer intelectual, pero sin vocación alguna. Siguiendo su inercia ingresó en el KGB, al ver que su experiencia militar había gustado a su reclutador. No quería vivir más mentiras, pensó y la única forma era aprenderlo todo sobre el engaño.
Empezó en las fuerzas especiales del KGB, dónde el entrenamiento era de un sadismo mucho más refinado, volviendo locos a bastantes de los candidatos. Parte de este entrenamiento consistía en matar a personajes indeseables a ojos del partido o de Lubjanka. Poco a poco fue escalando, por su frialdad en las ejecuciones o lo bien que utilizaba sus diversos conocimientos, para manipular a personajes sospechosos de traición (haciéndoles creer que comulgaba con sus creencias), reclutar a nuevos miembros o engañar a dobles agentes.
Investigaba también a miembros del partido, normalmente los que estaban cayendo en desgracia, pero también a muchos otros, pues nadie estaba fuera de sospecha. Descubrió los mil trapos sucios en los que andaban todos los miembros. Costaba mucho seguir luchando por la Unión Soviética, viendo lo podrido que estaba el sistema, dónde los dirigentes aprovechaban sus influencias únicamente para mejorar sus vidas y las de sus familias. Con la época de Brezhnev, todas las empresas estatales, estaban controladas por familiares y amigos cercanos y fieles. El campo no era capaz de producir los suficientes alimentos y había que importar grano. Mientras tanto, la guerra en Afganistán no iba bien y el partido prefería enviar soldados de los países satélites, por la alarmante caída demográfica que sufría el país. La heterogeneidad de las unidades hacía su entrenamiento más complicado. Todo ello ideado en su momento para que no se pudieran crear ejércitos dentro de las repúblicas soviéticas.
Nikita se fue impregnando de toda esa decadencia. Cogió a diversos directivos de empresas estatales, falseando documentación para dar índices de productividad más altos. O simplemente, haciendo sus propios negocios para tener un nivel de vida mejor. Sin contar las mujeres que alquilaban su cuerpo para ascender dentro del partido o las compañías.
En un principio los denunciaba con diligencia, aunque nunca a miembros importantes si quería salvar el cuello. Pero al ver que todo el mundo estaba implicado en algo, optó por caer en los mismos vicios y se aprovechó de su situación. Mejoró considerablemente su nivel de vida a costa de los sobornos que recibía de las empresas de todo el estado y de las mujeres que se le entregaban por terror a que sus maridos se enteraran, o de terminar en una celda de Lubjanka.
El disciplinado y temido agente del KGB, soldado de élite y miembro de las fuerzas especiales, pasó a ser como cualquier otro corrupto miembro del partido, viviendo a todo lujo a costa del terror de sus víctimas. Fue engordando y mostrando cada vez menos diligencia en su forma de trabajar. Sus jefes lo notaron y le mandaron comparecer...

- camarada coronel, no estamos contentos con usted
- ¿puedo saber el motivo?
- Han dejado de llegarnos informes de conspiraciones, traiciones y corrupción en los últimos meses, ¿cuál es el motivo?
- Que la corrupción se ha reducido, además, sigo trayéndole a muchas personas
- No me venga con tonterías y además, ahora sólo coge a aquellas que no tienen nada que ofrecerle. ¿o cree que somos idiotas?
- No camarada general
- Su incompetencia podría ocasionarle la expulsión del KGB
- Entonces tendría que echar a todos los miembros del partido y casi todos los miembros de esta organización, camarada
- Si vuelve a decir eso, terminará en Siberia
- Disculpe, camarada
- Vamos a darle una nueva oportunidad, teniendo en cuenta su anterior y excelente hoja de servicios. No se lo tomará como un castigo sino como un favor que le hacemos. Le vamos a enviar como agente a Afganistán. Como tiene conocimientos de lenguas árabes, aprenderá en los próximos meses el Pastún y será enviado sin demora. ¿alguna pregunta?
- No, mi camarada general. Y gracias, mi camarada general
- Puede retirarse, camarada coronel

Mientras se preparaba para ir a Afganistán, siguió llevando a cabo sus tareas rutinarias y pasó por su mesa un informe que le resultó de lo más interesante. El nombre que aparecía en la solapa era el de Vadim. Fue la primera vez que sonrió en mucho tiempo, pero de forma glacial.
El niño bonito también tenía trapos sucios, como todo el mundo. Por jugar con las influencias de su padre para evitar el ejército no podía tocarle, pero por enriquecerse y abusar de su poder, quizás sí podría, si no tenía a nadie poderoso apoyándole.
Nunca se planteó perjudicarle de forma activa. Incluso cuando se enteró de que Nadia se había vuelto a largar con él, no hizo ni dijo nada. Ese hombre le ofrecía cierta seguridad y protección y comprendió que ella se fuera con alguien así, a pesar de no tener una opinión del todo positiva de él. Supuso que lo haría por pragmatismo, o por necesidad. No querría quedarse sola o llevar una vida insustancial, cuando las influencias de ese cobarde, podían mostrarle un mundo algo más alegre, que el destinado a cualquier trabajador soviético. Podía entenderlo, aunque le decepcionara profundamente que una mujer a la que valoró tanto, escogiera a alguien tan mediocre. No podía evitar pensar que podría haber estado con él, como con cualquier otro que le dijera cosas bonitas y le ofreciera una vida mejor. Le dolía pensar que su relación había sido una mentira. Pero sabía, en el fondo de su corazón, cuánta culpa tenía de lo ocurrido y cómo las personas se mueven por las necesidades, más que por los principios.
Pero ahora el destino le daba la posibilidad de vengarse, sin ser del todo un miserable, o peor aún, un débil que cede a sus bajas pasiones porque alguien le hirió. Su conciencia ya había sido largo tiempo atrás enterrada en su servicio para el KGB, pero aún había cosas a las que no quería rebajarse.
Como en cualquier otro caso rutinario, envió a sus agentes, recopiló documentación y tras el permiso de sus superiores, arrestó al acusado. La palabra “arresto” era su favorita de toda la terminología del KGB. Era la guinda a su pastel, a un trabajo concienzudo y bien hecho. Ya había perdido la cuenta de todas las personas que había ejecutado o enviado a Siberia.

Trajeron al susodicho individuo y lo metieron a una celda en espera del interrogatorio. Como primera metodología de tortura leve, dejaban una bombilla colgada del techo, de gran potencia, impidiendo a los interrogados un sueño placentero. A pesar de que el caso no era tan grave, Nikita se tomó su tiempo antes de ir a interrogarle, para tenerle nervioso.
Cuando entró, Vadim le reconoció al instante y se aterrorizó sin ser capaz de decir nada. Nikita estaba imponente con su uniforme del KGB y las condecoraciones. Sin embargo, Vadim, tras varios días en vela, daba un aspecto lamentable y se encontraba en completa inferioridad. Incapaz de tener el más mínimo orgullo y pensando únicamente en su destino, empezó a implorar sin que aún supiera de qué se le acusaba.

- Por favor, yo no he hecho nada. Déjeme salir de aquí. Soy inocente
- Todo el mundo es culpable de algo, sobre todo en la Unión Soviética
- Todo esto es por Nadia, ¿verdad?
- No, camarada. Aunque usted querrá pensar que sí
- ¿y qué he hecho entonces?
- Lo sabe muy bien. Ha robado al pueblo soviético.
- Yo no he robado al pueblo soviético
- No mienta, aquí tiene los informes. No me haga perder el tiempo o será peor para usted

Vadim leyó uno a uno los informes. Eran tan cuidadosos y detallados que se iba poniendo pálido a medida que veía su estupidez. Le habían estado siguiendo durante semanas y no se había dado cuenta nunca. Había fotos, documentos contables, absolutamente todo.

- ¿qué van a hacer conmigo?
- Depende de su colaboración
- ¿colaboración?
- Sí. Parece más estúpido aún de lo que yo pensaba. ¿no sabe a lo que me refiero?
- No
- Tendrá que darme todos los nombres de las personas implicadas.
- ¿y eso me eximirá de la cárcel?
- No, pero quizás le evite morir en Siberia
- Pero yo no puedo ir a la cárcel
- ¿cómo que no?
- Tengo una esposa, usted bien lo sabe
- ¿y qué? Haberlo pensado antes de venderse
- ¡Pero Nadia va a tener un hijo!

En ese instante Nikita se quedó en silencio y dudó. Salió un momento y llamó a uno de sus hombres. Al instante, el subordinado salió en dirección a casa de Nadia y del hospital en el que presumiblemente se haría las pruebas. Nikita volvió a la sala de interrogatorios con el mismo aspecto grave.

- Creo que usted miente, pero por si acaso he enviado a un agente a su casa para comprobarlo

Vadim, se quedó de piedra, porque era cierto que mentía. Estaba demasiado acostumbrado a mentir en todas las charlas de partido y en los informes de su empresa. Era tan profundamente estúpido que no había pensado en las consecuencias de mentir a un agente del KGB. De cualquier modo, mientras el agente indagaba, Nikita fue sacándole uno a uno, los nombres de todos sus colaboradores y amigos.
Estaba traicionando a muchísima gente que había confiado en él. Algunos de ellos, ni siquiera sabían que estaban ayudándole en su corrupción. Simplemente hacían lo que su jefe les decía. Nikita lo sabía, pero mientras el agente volvía, no le achacaría también ese cargo.
Volvió el subordinado y confirmó que Nadia estaba embarazada. El más sorprendido pareció Vadim al recibir la noticia. Nikita liberó a su preso, advirtiéndole que si cometía una sola falta más no podría salvarle. Se enfrentó a un consejo, por haber liberado a un culpable en contra de las reglas del KGB. Alegó que había obtenido información valiosa del sospechoso y que sus faltas no eran tan graves. Intentó convencerles de que sería más útil como informador, aunque eso no era cierto. Posiblemente le salvó el hecho de estar destinado a Afganistán, por ser de vital importancia su función allí. Todos son sustituibles, especialmente en el KGB, pero no querían retrasar o poner en peligro la misión.

 

                                                                                                            3º parte

El desierto y los soldados de Dios

Para Nikita, el trabajo en Afganistán no se diferenció mucho de otros que había llevado a cabo en distintos países. Se mezcló con la población, dejándose barba y gracias a algunos colaboradores, pudo conocer muchos de los entresijos del país. Gracias a sus informes, algunos de los cabecillas Afganos fueron eliminados. También murieron sus familias y ardieron sus aldeas. Su ley les obligaría a vengarse por lo que se convertían automáticamente en enemigos peligrosos. El gran don de Nikita, consistía en la adaptabilidad. Pasó de ser un decadente y corrupto agente, a imponerse a sí mismo la disciplina de los viejos tiempos. De alguna forma renació con el trabajo que tenía, a pesar de las implicaciones de cada uno de sus actos. Conspirar, manipular, estar siempre arriesgando la vida, le hacía sentirse más vivo que cuando sólo satisfacía necesidades y vicios.
Cuando su posición empezó a verse comprometida, le destinaron con una unidad del ejército, para asesorar a los oficiales en el campo de batalla. Acompañaba a las fuerzas de asalto, cada vez que entraban en una ciudad o un aldea. Dirigía los interrogatorios e influía en las decisiones de los mandos para evitar emboscadas.
En una ocasión, entraron en una aldea afín al gobierno comunista. Sus habitantes estaban hartos de los muyahidines y de los señores de la guerra, que les extorsionaban de todas las formas posibles. Los niños se acercaban correteando a los tanques y APCs soviéticos, mientras los soldados les sonreían. Poco podían darles, porque nada tenían. Pero se respiraba un ambiente agradable. Nikita observaba a esos niños detenidamente, viendo sus caras alegres. De repente se sintió mal y se alejó de la columna dónde nadie le viera. Se puso a llorar, pensando en que lo más probable es que esos niños murieran pronto, ya fuera por el castigo de los muyahidines o por los propios soviéticos. Se sorprendió a sí mismo con esa reacción, después de todas las muertes que había causado y las vidas que había destruido por una “causa justa”. Pero antes lo hacía desde un escritorio y ahora estaba mirando los rostros de esas personas de cuya vida o muerte podía ser responsable. No se dio cuenta de que había una muchacha a su lado de intensos y hermosos ojos, con un fino anillo en su nariz. Le observaba con tranquilidad. Se sentó cerca de él, sin dejar de mirarle, con respeto y complicidad.
Él, por ese gesto, por primera vez en mucho tiempo, fue un poco feliz.

El asalto a la aldea

Desgraciadamente la calma duró poco, los muyahidines se rearmaron y reaparecieron en todo el país, exigiendo la colaboración de la población. Millones de Afganos huyeron, otros se quedaron en su tierra. Tocó precisamente castigar la aldea que antaño fue aliada, por estar ayudando a los guerrilleros en su lucha contra el imperio. Una de tantas en una extensa operación de limpieza llevada a cabo por los tanques y la infantería. Asaltaron la aldea sin el menor miramiento por la población civil. Todos eran cómplices a ojos de los soldados. Los tanques abrieron fuego antes de entrar y destruyeron cada una de las viviendas. Después, la infantería fue llevando a cabo una limpieza sistemática, mientras las mujeres y los niños corrían, el ganado era masacrado y los pozos envenenados.
Nikita entró con las tropas, en busca de muyahidines que pudieran darle alguna información valiosa. Se separó de sus tropas, cuando la zona parecía asegurada. Logró ver un rastro de sangre, que se alejaba de la aldea. Lo siguió a solas, armado eso sí con su AK-74, del que no se separaba nunca. Llegó detrás de unas rocas, lejos de la aldea. Allí se encontró a la muchacha, que presenció su momento de debilidad, herida y de parto. Algún soldado le había clavado una bayoneta y se había olvidado de ella. Por la fuerte impresión rompió aguas y consiguió alejarse de sus verdugos. No aparentaba tener más de 16 años...
Nikita no sabía que hacer. No podía ayudarla en plena operación. Tampoco podía matarla, aunque tuviera cierto sentido práctico hacerlo. Decidió irse corriendo a uno de los camiones de aprovisionamiento y coger algo de comida y ropa. Se la trajo a la muchacha que le miró sorprendida y asustada. Al instante, se oyeron disparos en la aldea. Los muyahidines estaban atacando a las fuerzas soviéticas desde todos los sitios posibles. Supuestamente debiera haber venido la fuerza aérea para vigilar las montañas de alrededor, pero no habían aparecido y la operación siguió su curso.
Cayeron cohetes desde todos los lados sobre los tanques. En un fuego cruzado, los soldados morían sin misericordia alguna. Era una fuerza importante la de los muyahidines y los soviéticos eran pocos, ya que se habían dispersado por muchas aldeas. Nikita se limitó a observar cómo mataban a todos los camaradas, sin saber si debía matar o no a la chica para que no alertara a sus enemigos. Ella sabía en lo que estaba pensando él con sólo mirarle, pero no decía nada. Se limitaba a intentar traer su hijo al mundo. Le hizo una señal para que se fuera corriendo señalándole las montañas.
Nikita conocía bien la zona, pues la había estudiado en sus múltiples visitas. Sabía que ese era el mejor sitio por el que huir y dónde sería menos probable encontrar muyahidines al haber sólo desierto. Por lo que decidió confiar en ella, que al fin y al cabo se sentía en deuda con él, a pesar de todo, por sus ancestrales leyes, y salió corriendo.
Un grupo de muyahidines le vio y avanzó tras él. Nikita disparaba bien a gran distancia, por lo que a cada minuto dejaba de correr, se daba la vuelta y con su AK-74 lanzaba ráfagas a sus enemigos, matando a alguno. Gracias al lento giro que tenían las balas al salir del cañón, el más leve impacto en el cuerpo de un enemigo, provocaba heridas espantosas, que llevaban a una muerte certera en la mayor parte de los casos. Por ello, Nikita sólo tenía que molestarse en alcanzar a sus oponentes para saber que ya no le podrían seguir. Pero eran muchos y corrían sin descanso. Nikita sabía que su muerte estaba cerca.
De repente, oyó el ruido de helicópteros. Nikita sacó su lanza bengalas de la mochila y lo disparó, mientras seguía corriendo monte arriba.
Apareció una pareja de Mi-24 que comenzaron a disparar sobre los muyahidines sin piedad. Estos lanzaban ráfagas de ametralladora sobre los helicópteros blindados sin ningún éxito, mientras las balas impactaban en la cabina y el casco. Hacían pasadas de forma constante y mortífera sobre los Afganos, disparando sus cohetes y masacrándoles con sus poderosas ametralladoras.
Cuando terminaron de disparar, uno de los Hind se posó para recoger al coronel del KGB, mientras el otro daba vueltas en círculo protegiéndole. Le preguntaron si había más supervivientes y dijo que no. Quizás en la aldea había quedado algún herido, pero lo dudaba, dado el carácter implacable de los Afganos. De todos modos, aterrizaron en la aldea en busca de alguien. Las fuerzas especiales “Spetsnaz” que iban en el helicóptero contabilizaron los muertos y confirmaron que no faltaba nadie. Despegaron en dirección a la base, a muchos kilómetros de allí.

El desierto

Atardecía en Afganistán mientras los helicópteros volvían a casa. El paisaje de las montañas era fabuloso, con colores cobrizos que reflejaban el sol. Nikita observaba esas vistas, pensando en lo poco que estaban ayudando a ese país tan hermoso y el daño que hacían. No se podía luchar en contra de todo un pueblo, no se podía vencer así. Pero en el fondo le daba ya todo un poco igual. Al fin y al cabo su vida era eso. No tenía a nadie a quien amar, ni ningún otro objetivo en la vida, que no fuera este tipo de actividades, por un lado horrorosas, pero por otro estimulantes.
De repente, se dispararon las alarmas en la cabina... les estaban apuntando con misiles Stinger. Los helicópteros giraron con brusquedad mientras lanzaban contramedidas para esquivar los misiles. Al principio lo consiguieron, pero seguían surgiendo los cohetes en el cielo. Uno de ellos impactó en la misma cabina del helicóptero acompañante y estalló en mil pedazos. Otro golpeó en la cola del Mi-24 haciéndole perder el rotor de cola, por lo que el helicóptero empezó a girar sobre sí mismo, fuera de control. El piloto lo hizo descender con toda la suavidad que pudo, pero el impacto fue fuerte y quedaron aturdidos por breves momentos o muertos.
Nikita se puso a gritar órdenes para defenderse del inminente ataque muyahidin. Sacó a los soldados a rastras, o a patadas si era necesario y les hizo alejarse del helicóptero, sacando toda la munición y provisiones posibles antes de que estallara. Se ocultaron tras unas rocas y ordenó que guardaran silencio, para preparar una emboscada a los afganos que vendrían a comprobar si había supervivientes. Dispuso a los soldados alrededor del pájaro caído.
Los muyahidines aparecieron con cautela, pero de forma desordenada, ávidos por saquear el helicóptero. Para engañarles, Nikita había sacado los cadáveres de los que no lo consiguieron y los dispuso de tal forma que fueran vistos y pareciera que todos habían muerto. Aún así los afganos, intentaron no confiarse y se acercaban con lentitud, pensando que no le había dado tiempo a los soviéticos a salir del aparato. Cuando estuvieron suficientemente cerca y a tiro, el coronel dio la orden y los Spetsnaz abrieron fuego con precisión.
Inspeccionaron los cadáveres y sacaron toda la comida y agua que pudieron. También buscaron en el helicóptero y partieron en dirección a su base que estaba a días de camino. No disponían de radio para avisar a nadie. Les tocaba enfrentarse al desierto y los afganos en soledad.

La caravana

Caminaban a paso ligero, dirigidos por el coronel. Uno de los tripulantes del aparato, se quejó del ritmo exigido. No estaba preparado como los spetsnaz.

-¡no puedo más! ¡¿por qué tenemos que ir tan rápido?! ¡a este ritmo moriremos antes de llegar a ningún sitio!

El coronel, molesto, le respondió con condescendencia

- Porque sino, los afganos nos alcanzarán
- ¿pero acaso no los matamos a todos?
- Mira el horizonte, en las crestas de esas montañas
- No veo nada
- ¿no ves el polvo levantándose?
- Si
- Pues eso, son los afganos que van en nuestra caza. Y no creo que caigan en ninguna otra trampa

El tripulante, se calló y siguió avanzando con fuerzas renovadas. Llegaron a una zona escarpada y prepararon la defensa para poder dormir. Se turnaron para que todos descansaran un poco. No se encendió ningún fuego y la noche pasó con calma. Posiblemente los afganos también se pararan al ser incapaces de seguir el rastro de noche. Aún tenían mucho desierto para alcanzarles.

Primero hizo la guardia el Spetsnaz Boris, proviniente de Georgia. Como tantos otros, dejó una esposa en casa, con la que se había casado recientemente. La echaba mucho de menos y pensaba en que volver con ella, sería su única expiación por todas las cosas horribles que había hecho. Como saltar del infierno al cielo.
Una mujer muy hermosa, de fuerte carácter, con la que disfrutaba discutiendo por las cosas más triviales. Ahora, en la calma de la noche, podía pensar en ella, en la vida que dejó atrás en pos de llevar el socialismo a otras naciones. En las frías noches de Afganistán, mientras el enemigo iba en su caza, él encontraba una breve paz en esa oscuridad, en esa calma absoluta del desierto y reflexionaba sobre sus crímenes en nombre de la Unión Soviética y si podría volver a ser un sencillo obrero o campesino tras sentir tanto poder y horror.

La segunda guardia la hizo Bogdán, el piloto, el único de los allí presentes que no tenía nada malo en su conciencia. Siempre había sido escrupuloso a la hora de luchar. Jamás disparó desde su helicóptero a nadie que no fuera con total seguridad un guerrillero. Al volver a casa le esperaba su prometida, deseosa de casarse con él y unos suegros que también le adoraban. No había frustración o rabia en su vida y trataba de actuar según su conciencia y con ello, ser feliz incluso entre tanto horror.

Por la mañana ascendieron a lo más alto de las montañas que querían atravesar y vieron una caravana. Debían ser refugiados. El agua se les había acabado por lo que el coronel decidió asaltarles. Bajaron corriendo por la ladera de la montaña, controlando siempre su retaguardia y evitando que ninguno de los afganos de la caravana pudiera escapar. Les pusieron en fila, de rodillas y los refugiados comenzaron a encomendarse a su Dios, colocando las palmas de sus manos hacia arriba e inclinando las cabezas.
Mientras, los soldados inspeccionaban los animales y las alforjas en busca de alimento y agua. De repente, el coronel dio una terrible orden.

- Matadlos a todos

Los spetsnaz ya se lo esperaban, pero Bogdán se horrorizó

-¿por qué tenemos que matar a estos civiles? ¡no nos han hecho nada!

El coronel Nikita, a pesar de todo, no perdía el temple al tener que dar explicaciones

- Porque le pueden decir a nuestros perseguidores cuántos somos, qué armas portamos, cuánta agua nos queda y lo más importante, la dirección que hemos tomado.
- De cualquier modo, esto no está bien
- Obedecerás las órdenes que se te den
- ¡no quiero participar en una matanza! ¡vinimos a este país para ayudarles!

El coronel le dio un fuerte puñetazo al soldado rebelde y disparó por sí mismo a todos los refugiados, al mismo tiempo que los demás soldados

-¡eres un monstruo! ¡todos lo sois! - gimió
- Para vencer al desierto, hay que llevarlo en el corazón. Si me vuelves a desobedecer, te ejecutaré sin dudarlo – dijo Nikita con frialdad y sin mirarle a los ojos

Bogdán se quedó en silencio y la columna de soldados retomó el avance lo más rápido que podía en dirección a la base. Los siguientes días sufrieron diversas escaramuzas, pero siempre consiguieron repeler a sus enemigos, gracias al excelente mando del coronel del KGB. Pronto les localizó una patrulla de helicópteros y fueron rescatados sin más incidentes. Al llegar, todos miraron al coronel con una muestra de respeto y agradecimiento. Incluso Bogdán se disculpó ante él y le dio las gracias de que no informara de su insubordinación.

 

  

4 º parte
La vuelta a la madre patria

Al poco de volver de la guerra, la URSS comenzó a desintegrarse. El, en un principio, demócrata Boris Yeltsin, que apoyó a Gorbachev en contra del golpe de estado, demostró ser un colaboracionista de los americanos y vendió el país, disgregándolo y saltándose el mando del jefe del estado Gorbachev sin ningún miramiento. Su familia, hizo una gran fortuna en el gobierno, mientras el estado social moría y millones de personas caían de golpe en la miseria.
El propio Nikita se quedó en paro y no volvió a saber nada de sus camaradas de la guerra. Sabía dónde había terminado cada uno de ellos, por tener un completo dossier de sus vidas, pero ni él ni nadie, se molestó en mantener un contacto.
Con el tiempo, estableció relaciones con la mafia local y empezó a trabajar para ellos en negocios de drogas y prostitución. También en la exportación ilegal de armas así como otros negocios. Desempeñaba bien su trabajo de sicario y gestor, como buen agente que fue, pero sabía que necesitaba rodearse de gente en la que pudiera confiar en la medida de lo posible, o terminaría muerto.
Contactó con sus antiguos camaradas que le respondieron con entusiasmo, sabiendo el trabajo que les esperaría. Cada uno de ellos se había encontrado una realidad igual de triste a la suya o incluso peor...

Boris volvió a su vida anterior, con su esposa. Le recibió entusiasmada en la estación. Los demás reclutas le silbaban por su hermosura. Larga melena rubia, grandes ojos azules y unas piernas larguísimas le hacían destacar entre toda esa multitud de familiares anhelantes. Todo parecía que iba a ser estupendo. Pero Boris había cambiado tras todos sus crímenes. Se despertaba cada noche pegando gritos y asustando a su mujer. Buscó trabajo pero no lo encontraba. Solamente tenían dinero antiguos miembros del partido, que habían hecho negocios redondos expoliando las empresas estatales vendidas y cerradas. Por todas partes había gente sin trabajo que caía en la bebida. Boris hizo lo mismo. Su mujer estaba desesperada al verle siempre borracho, triste, paranoico y violento.
Cuando Boris no soportaba más las quejas de su mujer, la golpeaba como si de un enemigo se tratara. Ella, que se valoraba lo suficiente como para no aguantar nada así, le dejó al poco tiempo, sin dudarlo excesivamente y a pesar de todo el amor que sentía por él. Él le quiso echar la culpa de todo a la guerra, a un país que los despreció y a una mujer que no comprendía su dolor y su horror. Cuando Nikita contactó con él, se quejó de lo mala que había sido su mujer con él y que no quería volver a saber nade de ella mientras viviera, por lo que se puso a su completa disposición

El tripulante quejica del helicóptero, también esperaba casarse al volver. Su novia le esperó fielmente todo ese tiempo, pero cuando, de repente se encontró con una vida junto a su hombre, obligaciones familiares y laborales, la dura convivencia y tolerancia, no pudo soportarlo y se largó con otro, de costumbres más frívolas. El tripulante no pudo soportarlo y mató al amante. Por lo que tuvo que huir y la oferta anteriormente rechazada de Nikita, se convirtió en su única salvación y le volvió en el más fiel de los subordinados.

El caso más sorprendente fue el de Bogdán, el único que no se rebajó durante la guerra y que volvía a su vida ideal, con su estupenda mujer y una familia que le quería. Además, pudo encontrar trabajo, por lo que nada le faltaba. Sin embargo, tanta felicidad, le afectó de algún modo.
Quizás necesitaba la sensación de que su vida pendía de un hilo, oír como las balas impactaban en su helicóptero o las alarmas se disparaban cada vez que les apuntaban con un Stinger. Puede que fuera la conciencia de que hacía lo correcto en un mundo desgarrador y sin principios. Ahora, en su vida monótona, dónde la vida era siempre igual de insípida y nada le gustaba o disgustaba, todo carecía de sentido. Sus principios de nada le valían. Sus actos de buena fe no se podían poner a prueba. Por lo que llegó a una decisión racional y se pegó un tiro.

Nikita fue creando su pequeño ejército de hombres desesperados y amorales. Incapaces de adaptarse a la nueva realidad y anhelantes del poder que tuvieron antaño, justificaban sus crímenes en las supuestas traiciones de sus mujeres y de sus compatriotas. Con la misma despiadada disciplina y meticulosidad crearon un pequeño imperio a costa de los vicios de los poderosos y del dolor de los débiles.

Un día Nikita le hizo un encargo especial a Boris. Tenía que traer mujeres más exóticas a petición de los clientes. Le dio total libertad de elección mientras fueran hermosas y tuvieran un particular encanto. Boris tenía muy claro lo que quería: Mujeres a las que la vida se lo había dado todo y cuyo único objetivo en su vida, consistía en gustar a los hombres y sentir su poder sobre ellos. Quería castigar la vanidad de las mujeres, aunque sólo su mediocridad le hubiera hecho perder a la suya.

 



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