Danzas en mis recuerdos, niña hermosa,
tu rostro rubicundo, reflejando la dicha de aquellos días
donde las palabras de ensueño
y los consejos de un alma perdida
guiaban tus pasos incautos.
Sombras de aquello perdido,
mi pequeña,
de aquellos momentos en que te tuve de la mano,
en que ambos caminábamos hacia nuestros destinos,
tan distantes,
tan cercanos.
Siento ahora los soplos de soledad que acongojan mi días,
siento tus palabra viajar y desgarrar cuanta historia te conté,
siento tus pasos cuando hacia mí corrías,
y un beso nunca dado se registraba en nuestros corazones.
¿Entendí bien las huellas de tu corazón?
¿o fueron simplemente incrédulos anhelos
de aquel que durante años te amó y sigue amandote?
¿Fue una amistad la que nos unió?
o ¿realmente nuestros corazones, tan al lado del otro,
encontraron aquellas respuestas que nuestros labios
dudaban mencionar?
Huellas de tu paso por mi vida
llenan cada rincón de los recuedos que aún mantengo.
Tu letra en un mensaje hacia mi niñez,
una tarjeta, un pensamiento en un monento de felicidad,
mensajes sueltos añorando una respuesta,
palabras que enviaste...
Los soplos del tiempo me hablan de tu vida,
de aquellos momentos que vivirás,
lejos ahora de mí,
con quien te robe el corazón,
con quien te haga vivir aquellas historias que sólo pude contarte,
quien te pueda decir aquellas palabras que sólo puede escribir
quien te diga que te ama, te de una mano, y descubra ante ti un universo,
un camino que pronto seguirán.
Los soplos de soledad atormentan mi mirada,
pero sé que debo continuar,
por la belleza de la historia que vivimos,
por los momentos que nunca viviremos,
pero que suceden dichosos en mi, desgarrado ya, corazón.
Debo continuar, cruzando a veces tu mirada,
recordándote, soñándote, sintiendo desaparecer aquellos hermosos ojos que solía mirar,
pero esperando secretamente tu felicidad,
y más secretamente aún, añorando el día que tu mirada regrese,
y no sea ya un soplo,
si no un tifón el que me anuncie tu llegada.
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