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Sabor a mar.

dannyecherri

Autor dannyecherri

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Publicado el 28/01/2008 | 200 Visitas | 1 Comentario(s)


El pez  aleteaba como una llama naranja, hacia giros circulares, envolviéndose en sus largas aletas. Esther le apretó los ojos, las branquias, le hizo un guiño y el pez giro en el agua, soltó una sustancia que teñía la transparencia.

Esther se sentó a escuchar las olas, a paladear el aire que traía un aliento a salitre,  y le despeinaba los mechones de pelo que caían en la frente.

Caracolas.

Almejas.

Peces muertos.

Roberto trajo a Esther al mar. Febrero, la llovizna pinchaba la espuma, el mar arrastro restos de algas y conchas.

-         ven, pon el oído –dijo Roberto-ellas siempre sueñan.

-         Por que lo sabes

-         Pega tu oreja.

Esther escucho  un sonido  lejano, el lamento de mucha gente en una sola voz.

-           ¿por que te parece que son sueños?

-         Pega tu cabeza a alguien que duerma y sentirás el mismo sonido-dijo Roberto.

Los dos pusieron sus caras en la caracola. El siguió con los sueños, Esther pensó en gente loca, ahogadas, presas en los laberintos del molusco.

Roberto se quito la ropa, avanzo hasta la arena y les quito la concha a unos macaos.

-         Ves, no hay que darles candela, son un poco pudorosos, pero al final ceden.-

Se acerco a Esther, la agarro por las piernas y la dejo caer en la arena.

-         No, no me gusta quedarme desnuda.

-         Eres peor que estos bichitos- dijo Roberto señalando a los macaos.

Ella cierra los ojos y aprieta la caracola a sus oído, dejo salir un grito que imagino que quedaría guardado junto a los otros que bullían en su oreja.

 

 

Las almejas tienen sabor a cama. Roberto, sentado en la barra, las  engulle, las mastica, se rasca la barriga felpuda, espera un trago. El sabor de las almejas le recuerda el mar, el sexo núbil de hace años. Le es difícil imaginar como será hoy, que textura tendrá, el sexo de Esther permanece borroso, una voz entre mil. Indefinible.

Roberto guarda la bata de medico en el maletín, siempre se emborracha ajeno a su trabajo, a su esposa. Ya no le gusta desnudarse, compara a su cuerpo con una bolsa de grasa, ajada por mucho uso. Ahora se llena de ropas, camisas, corbatas, batas.

Su vida tiene el toque simplista de los años, despertar con su esposa, tomar el café, ir juntos a trabajar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-         tito, entraron pacientes nuevos.

-         ¿Si? , cuantos

-         Seis o siete, dos son hombres.

Llegaron   esa mañana a la sala,  escucharon lo cotidiano; gritos, rodillas al piso, tiroteos de excrementos por las paredes, salivas goteando las camisas.

 

       -Mira tito  aquella es una de las nuevas, ya le dije que yo soy enfermera, que el     medico eres tu.

 Roberto fue  hasta la mujer y la cara  le parece un libro viejo, una pagina cubierta de polillas, corroída, orificios que permiten mirar al vacío.

-         Esta dormida, parece que  le dieron un calmante, le gusta hablar de peces rojos, debe vivir en alguna comunidad pesquera.

-         Puede ser – responde Roberto secamente. las cejas se vuelven una mancha en la frente.

-         ¿Te traigo la historia clínica?,

-         No, ahora tengo otras cosas que hacer.

 

 

Delante de la barra, Roberto mastica las almejas- pudo haberse casado-piensa y pasa por su lengua los restos de palabra que se funden con la almejas-pudo casarse con un borracho, que le dio mucho golpe, nunca mas la vi.

Roberto la vio entre un tumulto de viejas que tejían, Esther lo miro como si esperara eso, una mirada. La saco de su casa, y la llevo al mar. Ahora Roberto recuerda los pies que mostraron rasguños, la espalda marcada, los senos hechos con cicatrices

-mis tías tienen miedo de que me salgan lindos- dijo ella- no quiero que me vean desnuda, mis tías siempre me visten de rojo, por eso mate a ese pez.

- ya estaba muerto-dijo Roberto,  como en secreto.

-le saque los ojos , mientras tengas los ojos abiertos estas vivo , el alma no sale del cuerpo hasta que no los cierres, los peces no pueden cerrar los ojos , le hice un favor , ahora solo quedo la corteza, lo otro se fue-dijo Esther con la mirada en la arena.

- en las caracolas viven los sueños- dijo Roberto.

-no, los sueños viven en las cabezas de la gente, mas allá de los ojos , en un lugar bien escondido, los sueños se quedan en la tierra , se pudren , se los comen los gusanos, el alma se mete entonces en cualquier sitio, aquí , en este caracol.

Roberto pensó en su teoría, con la convicción de que las personas después de tener buen sexo se vuelven creativas

Y conversan

Y sueñan

Y cierran los ojos.

 

-Tráiganme un pez, háganle la vida feliz- grita la mujer amarrada a la cama.

- ¿qué grita? – dijo Roberto a su esposa.

- corre tito, esta despierta después de tres días.

Roberto observa los agujeros de la cara, el cuerpo inflado.

-         ¿quien tú eres?

-         Soy el doctor

-         Yo no estoy loca

-         Lo se

Roberto le toca las manos, un aroma le estimula los recuerdos.

-yo a ti te conozco, tu no eres doctor. Desamárrame, déjame tocarte.

- a ver como-Roberto piensa en preguntar el nombre-¿en qué año estamos?

-No me interesa, ¿quieres ver cuantas cicatrices tengo? En mi pueblo todo el mundo las ha visto, tengo tres hijos, sin padres, todos quisieron ver mis cicatrices, aquí, en las tetas.

- ¿tienes familia?

-viven en el mar, y aquí, en mi maletín ¿quieres verlos?

-¿tienes fotos?

-no, viven en un caracol.

Roberto siente una gota de sudor frío, como mar que se congela. Se para y va hasta la caja de agua, toma un poco, despacio.

-         te sientes bien tito.

-         Si mi amor.

-         ¿Está muy mal?

-         No, lo usual en estos casos.

Roberto regresa a la cama,  abre el maletín y saca un caracol.

-¿aquí viven?

- si, los buenos y los malos.

- ¿y yo donde vivo?

- que se yo, si te mueres, aquí- señala el caracol.

-y tus hijos.

- yo no tengo hijos, esos son hijos de los que se acostaron conmigo.

Roberto piensa en los sueños que se pudrirán, en los gusanos.

-         si uno no realiza sus sueños que pasa – le dice y le mira a los ojos.

-         Se los traga la tierra-respondió ella- se vuelven fertilizantes del suelo.

Roberto piensa que los suyos serán muy buenos, una reminiscencia.

Abandona  de la sala, la deja con la palabra en la boca.

-No te vayas-comienza a gritar-Roberto.

- ¿te conoce?- pregunta la esposa-

- no, le dije mi nombre.

- ¿Esa es tu mujer?-grita desde la cama-dile, hazle el cuento de este caracol, toda esa mierda de los sueños, hazlo.

- esta alucinada, me voy.

-nos vemos en la casa –dice ella, se queda pensando-tito, ¿por que estas conmigo?

-te quiero.

-te dejo, la voy a desamarrar, deja ver si puedo bañarla...

 

Roberto esta frente al televisor, se duerme por momentos, un olor a almejas inunda la casa., siente el llavín sonar, tiene una erección:

-         eres tu

-         si , la pude bañar , pero tuve que echarle sal al agua, si no era imposible

Roberto la aprieta, le huele detrás de la oreja

-déjame bañarme –dice la esposa, tratando de zafarse.

-no, así, así.

La penetra, pega su cabeza a la de ella y siente con los ojos cerrados que puede escuchar sus sueños, sentirlos, siente que ella piensa como el, vive como el,  con ese olor que dispara su libido,   mucho mas.

-         toma, aquí te van mis razones-piensa con cada movimiento pélvico, tu querías una respuesta, te quiero porque no tengo a nadie, porque ahora hueles a concha, a ostión.

La esposa se levanta en silencio, se baña, se lava bien,  como si se tratara de otro cuerpo:

-         voy a dormir

-         ¿por qué nunca me dices nada cuando terminamos?

-         Que se puede decir, todo te lo digo cuando lo hacemos, que rico papi, asi tito, así. ¿que mas se puede decir?

-         No se,  hablarme de ti.

-         Mira, la paciente me dijo que te diera esto, ¿está lindo verdad?, dice que  te lo pegues al oído.

-         Estoy cansado, ¿te dijo su nombre?

-         No, dice que no se acuerda, a lo mejor un viaje a la playa le hará bien, dice que tiene ganas de apretarte los ojos, para que descanses.

-         Esta muy mal, si, es posible que un viaje le haga bien.

Roberto imagina el mar, se ve flotando, como un pez naranja, voltea las aletas, se cubre con ellas, se entretiene con el sol que se va, y con unas manos pudorosas que temen desnudar el cuerpo, que no creen en la inmortalidad de los sueños. Roberto se ahoga, le falta el aire y pesa menos, el agua le grita que cierre los ojos. Se duerme entre sonidos de sueños o de gente atrapada; con un  repentino miedo de que las manos se vayan, se pierdan, y no cierren sus ojos, impidiéndole descansar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Comentarios

SHADOW

SHADOW

14/04/2008

# 1

Un relato extraordinario. Imágenes espléndidas y sobrecogedoras. Atrapa de principio a fin.

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