Hay días en que te notas un poco acelerado, lo ves todo pasar muy
rápido, te sientes transparente y a la vez presente, amnésico, subido de
tono, te encuentras desorientado, permaneces en silencio con una brutal
presión forzando tus manos a desgarrar en mil pedazos cada una de las
partes de tu cuerpo y lanzarlas con la mayor fuerza posible al lugar más
lejano. Te sientes diferente, miras a todo el mundo y te preguntas a ti
mismo ¿Qué es lo que estarán pensando ahora mismo las cabezas de todas
esas miles de personas que se encuentran a tu alrededor? Notas que eres
como un bicho raro, surgen más preguntas...
¿Qué es exactamente lo que he venido a hacer aquí? No hay respuesta,
simplemente estás ahí porque tienes que estarlo, no existe ningún tipo
de explicación, es nuestro instinto, nuestra mente, la que se ve
obligada por algún motivo a realizar todo aquello que se nos plantea
enfrente nuestra, esos impulsos que sin querer te llevan a una situación
entrometida, a veces inexplicable. Seguido de todo esto es cuando nos
hacemos la pregunta de ¿Por qué estoy haciendo todo esto? ¿Por qué me
pasan a mi este tipo de cosas?
La respuesta es muy sencilla, porque no soy un ignorante. Porque pienso
cada una de las cosas en las que estoy metido, cada una de las cosas que
tienen que ver conmigo y cada uno de los actos que me influyen o que me
repercuten de alguna manera ya sea voluntaria o involuntariamente. ¿Hay
alguien que se pregunte constantemente el porqué de las cosas? ¿Soy el
único? Hay veces en que uno piensa y se da cuenta de que todo no es tan
bonito como parece, de que no se puede ser un ignorante con dos piernas
habitando en un mundo de desconcierto e inocencia.
Por muy en contra que esté la situación, siempre tenemos elección. Son
nuestras decisiones las que nos hacen ser quienes somos y siempre
podemos optar por hacer lo correcto.
Roberto Adrián Vargas :)
Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.