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ROCK AND ROLL Y MUERTE SOBRE EPITAFIO

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Publicado el 29/06/2009 | 622 Visitas | 0 Comentario(s)





Penélope tenía diecisiete años y odiaba el colegio y las reglas y la familia y la moral y las buenas costumbres y sobre todo odiaba el aburrido pueblo de Epitafio. Epitafio era un pueblo polvoriento, pedregoso, seco, donde nunca pasaba nada. y esto no gustaba nada a Penélope. ella amaba la ciudad. y de vez en cuando mandaba a la mierda las aburridas clases del liceo y hacía dedo hacia la ciudad, y conseguía anfetas y marihuana y discos de los doors y por las noches volvía al pueblo y se masturbaba pensando en ruidos de motocicletas y guitarras eléctricas.
el pueblo moría temprano. a las nueve de la noche todo era silencio y oscuridad. Y entonces Penélope esperaba que sus padres se durmieran, se levantaba, se ponías las viejas converse y se escapaba por la ventana. no ruido. no hombres. no rock and roll. entonces se iba a la orilla del lago y armaba un pito que fumaba con placer. luego daba un paseo, pateando piedras, pensando, tarareando canciones de los doors, soñando con salir de aquel pueblo inerte y romper la ciudad, quebrarla, ser la reina del puto universo. en eso estaba, sola con su soledad, cuando de pronto algo ocurrió. algo fuera de lo común: VIO A ALGUIEN. en medio de toda aquella oscuridad una sombra, una figura incógnita cruzó corriendo la calle de tierra y saltó el cerco de la casa de Don Mañungo, el boticario. Penélope se inquietó y se acercó a paso rápido para ver qué pasaba, excitada, emocionada- pero no vio nada. NADA. y esto la decepcionó. esperó unos momentos, dando vueltas por ahí, luego volvió. ENTONCES LO VIO. saltó el cercado y se acercó...

la mañana siguiente el pueblo despertó conmocionado: a don Mañungo el boticario le habían matado todos los chanchos. muertos. muertos y secos. Les habían sacado toda la sangre: SECOS. CHANCHOS SECOS. Absolutamente inútiles. La mujer del boticario lloraba y lloraba, se le caían los mocos, y las vecinas de consolarla y los hombres fumaban y hablaban y hablaban. El vecino trataban Pérez dijo que probablemente se trataba de afuerinos, seguramente del Valle de la Muerte. el vecino Pinto dijo que era un ajuste de cuentas por parte de los Sánchez, una familia de renegados que hacía muchísimos años habían jurado vengarse de don Mañungo por una partida de brisca perdida. pero nadie sabía nada. nadie sabía nada, excepto…
…Penélope, que aquella mañana no se puedo levantar para ir al liceo, se sentía débil, mal, muy mal. su madre le preparó una sopa de gallina negra, recién muerta, pero sintió asco y no pudo comerla. Se madre insistía e insistía, enfermo que come no muere mijita, pero Penélope no podía, no podía, y su mamá le trajo chuño y un agüita de hierba con un toque de caquita de pájaro (el secreto de la abuela), pero Penélope sólo quería dormir, sólo quería dormir.
Esa noche un extraño visitante golpeó el vidrio de la ventana de Penélope. ella lo miró y le sonrió…

La mañana siguiente pasó algo en Epitafio. En lo del vecino Jacinto amanecieron muertas sus tres vacas. cosa terrible. las vacas del vecino Jacinto. muertas. y lo que más consternaba al apacible pueblo de Epitafio fue la manera en que fueron encontradas: SECAS. sin sangre. absolutamente inútiles. cosa terrible para don Jacinto y su familia, que veían su inversión esfumarse de la noche a la mañana. el hijo menor del vecino Jacinto descubrió dos orificios pequeños en el cuello de las vaquillas y se lo comunicó a su padre, pero éste no le prestó atención. Tampoco lo hizo su madre. tampoco sus hermanas mayores. tampoco nadie en el pueblo.
Las mujeres comenzaron a asustarse, los hombres fumaban y hablaban, fumaban y hablaban, los asesinos seguramente venían del Valle de la Muerte, no había otra explicación, los muy infames les sacaban la sangre para dejar a los animales inútiles, había que vengarse, había que vengarse. Pero ¿vengarse de quién? además, ¡quedaba tan lejos! diez kilómetros. desde Epitafio el Valle de La Muerte no era más que una mancha negra sobre una lejana colina.
En eso estaban, fumando y hablando y puteando, cuando alguien dijo que había visto cerca de medianoche a la hija de la comadre Norma (o sea Penélope) paseándose cerca de lo de don Jacinto.
Largo silencio.
Más silencio.
El quinto día de la semana aparecieron secos varios pájaros en medio de las calles, también algunos conejos, un par de ovejas y muchas gallinas, muchas gallinas en todos los ranchos del pueblo. comenzó entonces a aparecer el miedo y la indignación. LA PARANOIA. los vecinos comentaban en las calles, construían galpones para esconder a los animales sobrevivientes, planeaban, tomaban vino y hablaban, bla bla bla, y fumaban y mentían y BLA-BLA-BLA. esa misma tarde el comisario anunciaba que se iba a implementar un plan de vigilancia nocturna en los ranchos de Epitafio. jajaja. plan de vigilancia. comisario. jajaja.
Mientras tanto la hija de la comadre Norma mostraba una mejoría asombrosa. como si hubiera vuelto de la muerte…

Un grito despertó a medio pueblo la mañana siguiente. PENELOPE NO ESTABA. Su madre fue a su cuarto para despertarla, ya era hora de ir al liceo. Pero no estaba (cosa que nunca había pasado). Y la ventana estaba abierta. Entonces gritó. Su marido se levantó rápido, y al notar que su chiquilla no estaba salió corriendo a la calle (tan rápido que ni se preocupó de andar sólo en calzoncillos): Penélope, Penélope, gritaban, pero nadie respondía. Las vecinas miraban de reojo por las ventanas, pero no se atrevían a salir, ya que cada vez con más fuerza corría el rumor de que la jovencita era una bruja que recorría el pueblo de noche y que le robaba la sangre a los animales para quizás qué ritos satánicos, miren su ropa, miren esas zapatillas, y esa música, esos cortes de pelo, y dicen que se droga y que se masturba, es una bruja, es ella la asesina, es ella, es ella. No estaba en el lago, no estaba en la comisaría, no estaba en la capilla. no estaba en ningún lado.
Decidieron esperar.
Pasó la mañana.
Pasó la tarde.
Cayó la noche
Amaneció y ni señas de Penélope.
Las vecinas cuchicheaban que se trataba de una de sus brujerías, las niñas se sonrojaban con tan sólo escuchar su nombre, los hombres respiraban aliviados porque había desaparecido la bruja mata animales. Bajaban la voz y la cabeza cuando la comadre Norma y su marido pasaban por la calle. Ellos lloraban en silencio. Días. Semanas. Y lloraron más amargamente la mañana en que su humilde casita amaneció rayada con enormes letras negras: BRUJA. así que tomaron una decisión: irían a buscarla a Villa de La Muerte, cosa que nadie de Epitafio hacía hace años y años y años...y fueron

y nunca volvieron

El plan de vigilancia nocturna y la desaparición de Penélope aquietaron las aguas en Epitafio, hasta que una mañana aparecieron secos, en medio del camino, todos los pollos de todos los ranchos del pueblo. holocausto de pollos. apocalipsis de pollos. pollos y pollos y más pollos muertos, secos, secos en medio del camino. cada uno con dos orificios pequeños en su cuerpo. Muuuy muertos, wey. Y no sólo eso carnales, lo peor estaba por venir:
¡EL BUENO DEL COMISARIO HABÍA DESAPARECIDO!

faltando cinco minutos para la medianoche la mujer del comisario telefoneó a la oficina porque su marido aún no llegaba, y era raro, porque jamás se había atrasado en sus veinte años de matrimonio. la cosa es que le dijeron que se había marchado hace más de una hora, y entonces ella se puso nerviosa y se levantó y prendió una vela y se puso un chaleco delgado y salió a buscar por las calles de tierra, pero nada, nada de nada. Fue a la comisaría y los guardias de turno le ayudaron en su búsqueda, pero era como si al buen comisario se lo hubiera tragado la tierra.
el tranquilo pueblo de Epitafio comenzó a transformarse en un pequeño infierno. Ya no se hablaba sólo de la bruja; ahora todos sospechaban de todos. todo el mundo en tela de juicio. todo el mundo en las calles. todo el mundo con insomnio. nadie teniendo sexo. Mujeres frígidas. Hombres impotentes. todo el mundo con miedo a la muerte. Epitafio se desangraba. y sus oscuros habitantes con él...

Fue en una tarde muy calurosa. muchas moscas, mucho sol. los vecinos buscando explicaciones para lo que estaba pasando. muchos crucifijos, muchos escupos al cielo. las viejas rezaban, los viejos fumaban y tomaban vino y hablaban y hablaban. La casa, abandonada, de Penélope había sido apedreada e incendiada. Los animales encerrados en galpones de madera, bajo doble candado. Una comitiva regresaba desde la ciudad con un arsenal de rifles para todos los vecinos. Miedo, miedo, miedo, MIEDO, miedo… el pequeño Epitafio tiritaba de miedo.
Lentamente, suavemente, tortuosamente cayó la noche, y los vecinos no pensaban dormir: ¡sus chanchos y vacas estaban en peligro! y todos tenían sus rifles a la mano. y todos tenían sus crucifijos a la mano. así que cuando empezó el ruido todos saltaron de sus asientos y don Mañungo el boticario salió bramando y don Jacinto y el vecino Perez y el vecino Pinto, salieron disparando al aire, pero el ruido cada vez era más fuerte y más cercano, bajando desde el Valle de La Muerte, y las mujeres comenzaron a rezar y los hombres disparaban al aire mientras que a lo lejos, en medio del vacío, un montón de tierra y ruido se acercaba, y cada vez más, y las taquicardias, y los crucifijos, y se acercaban maaás y más y la sangre corría en las venas HASTA QUE: auuuuuuuuuuuuuuu...¡COMENZÓ EL ATAQUE!

Motocicletas, ruido, gritos, tierra, velocidad. gritos, gritos, las motos llegaban al pueblo, chaquetas de cuero, el silencio se vuelve caos. María la lavandera corría despavorida, igual que doña Susana y la señora Sofía; los niños lloraban y se metían a sus casas, los hombres no entendían qué es lo que pasaba, parecía como que el piso se movía. cientos de motocicletas negras invadían el pueblo, rugiendo, gritando, hombres y mujeres con chaquetas de cuero, muy rápido, escuchando a los Misfits, die, die my darling, gritando, riendo, auuuuuuu, bebiendo, quebrando botellas. los habitantes de Epitafio corren para acá y para allá, algunos intentan atacar a los intrusos, pero éstos los atropellan sin pensarlo dos veces, y reían y celebraban. algunos se bajaban de sus motos y comenzaban a pelear con botellas y cadenas, y las balas no les hacían daño, los rifles eran inútiles, siempre aullando, siempre aullando, auuuuuuuuu, y caen heridos don Mañungo y don Jacinto, y los niños lloran mirando por las ventanas, y las mujeres rezan pegadas a sus crucifijos, y otros prenden antorchas y atacan a los de negro, pero a ellos nada los detiene, nada, envueltos en chaquetas de cuero, mascando chicle, tatuados, escuchando el roadhouse blues, let it roll, let it roll y todo era un caos, todo se confundía, todo era una vorágine de carcajadas, sangre, alcohol y rock and roll. La señora María se abalanzaba sobre uno por la espalda y lo golpeaba en la cabeza con una botella, pero éste se volteaba, la miraba a los ojos, carcajeaba y, dejando ver sus filosos colmillos, atacaba directo al cuello. ella gritaba horrorizada mientras él bebía y bebía toda su sangre, hasta que ya no gritó más y se quedó seca, SECA. De pronto, en medio del caos, uno de los hombres de negro se adelanta y se acerca a la mujer del comisario, que a punta de escopetazos intentaba alejar a los invasores, y la sorpresa fue mayúscula al ver que el intruso era nada más ni nada menos que su desaparecido esposo, pero pálido como el papel y con una expresión demoniaca en los ojos. un grito de horror. una carcajada diabólica y él que le muerde el cuello y comienza a chuparle tooooda la sangre, hermanos. golpes, vidrios se quebraban, muuucha sangre, let it roll, baby roll, patadas voladoras, zombies en chaquetas de cuero, caos, caos, caos. los padres de Penélope también estaban ahí, auuuuullando y chupando sangre hermanitos; todo sangre, todo fuego. Don Jacinto, maltrecho y herido, se acercó por la espalda a uno de los intrusos y lo golpeó con un palo directo en la cabeza; el zombie cayó de rodillas por la fuerza del golpe, pero nada más: desde el suelo miró a los ojos directamente a don Jacinto, quien no pudo contener un grito de horror al notar que el zombie no era sino otra que PENELOPE. pálida, muy pálida y con los ojos de un rojo muy intenso, abrió la boca y mostrando sus ensangrentados colmillos se abalanzó al cuello de don Jacinto, pero éste, en medio de su desesperación sacó de su camisa el crucifijo que le había regalado su padre antes de morir y se lo puso frente a los ojos a Penélope (o a lo que quedaba de ella), pero ésta al parecer nunca vio películas de vampiros, porque lanzó una carcajada, mordió a don Jacinto y le chupó toooda la sangre hasta dejarlo SECO, luego tomó la cruz, se levantó la minifalda de cuero y comenzó a masturbarse con ella, gimiendo de placer, gritando de placer al ritmo del rock and roll, mientras la luna era el único testigo del baño de sangre que caía sobre el apacible pueblo de Epitafio.

Auuuuuuuuuuuuuuuuuu jajaja.


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