No hace mucho que oigo constantemente esta frase, que augura que todos en un momento u otro y sin poder remediarlo pasaremos y usaremos hasta gastar todas las etapas del desarrollo de la persona. Hasta aquél o aquella que crea que se libró de una dura adolescencia, rebelde, peligrosa, llena de cambios de humor y nervios que le mantendrán en un casi continuo mal humor, lleno de refunfuños y algún que otro golpe contra la pared, hasta ésos quedarán condenados.
Pues dominado y ofuscado por el determinismo de esta frase se me ocurre hablar de las relaciones adultoadolescentes: aquellas en las que uno de los adultos sigue en su etapa adolescente. Qué pasa cuando uno de los miembros de la pareja sólo es un adulto en el carnet de identidad?
Llegados a este punto, repasemos lo que se dice de los adolescentes. Muchos valoran mucho su primera relación estable y duradera pero otros pretenden explorar y experimentar y saben que no se van a quedar con lo primero que hayan encontrado, dure lo que dure. De echo, alguien me advertía hace poco, refiriéndose a una pareja de amigos: es normal que no les vaya bien, él es muy primerizo, no se va a quedar con lo primero que le llegue, querrá experimentar y conocer a más gente. Siendo así, aconsejo la creación de un carné de primerizos en lo que se refiere a relaciones, más que nada, para salvaguardar la salud emocional del personal.
De todas formas creo que prefiero quedarme con el amor de verdad a la primera o a la quinta o la trigésima vez y recuerdo un fragmento de una película en la que Drew Barrymore espera un beso, pero un beso de verdad:
Mi hombre ideal anda por ahí
y no pienso besar a una panda de fracasados
esperando que llegue...
¡Sí he besado!...he besado a varios...es que nunca he sentido esa cosa.
Esa cosa, ese momento cuando besas a alguien y desaparece todo lo que tienes alrededor. Y lo único que existe eres tú y esa persona. Y te das cuenta de que esa persona es el único hombre al que debes besar durante el resto de tu vida. Y sientes por un momento algo realmente asombroso...y quieres reír y también llorar. Te inundas de felicidad por encontrarlo y te invade el temor de que se pueda marchar al mismo tiempo.
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