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Enviar un mensaje privado Autor fernandoj
-“Tranquilo, respira despacio, con calma, con calma, todo va a salir bien”-, oía mientras mis pulmones se hinchaban y deshinchaban a ritmo frenético.
-“¿Qué te pasa, qué te ocurre?, ¡Dios mío ayúdame, por favor ayúdame!”-, gritaba una voz familiar entre llantos y caricias.
Mis fuerzas empezaron a flaquear, mis párpados como pesadas lápidas cercenaron mi visión, y sin que nada pudiera hacer, mi cuerpo empezó a sufrir violentos espasmos.
Una experta mano entró en mi boca, e insertó un tubo hasta lo más profundo de mi garganta, rápidamente recobré la conciencia, a mi lado mi mujer, mis tres hijas, varios desconocidos y una chica con camisa reflectante que asía un botecito de color transparente.
Esperaba una luminosa ambulancia y dentro un sinfín de aparatos a los que afortunadamente no fui conectado. El conductor dio rienda suelta a las potentes sirenas, que con infinito estruendo, anunciaron nuestra prioritaria partida.
La noche, y el cóctel de medicamentos, obraron el milagro, a la mañana siguiente me encontraba tan bien, que nada recordaba de lo sucedido, a pesar de los gestos de preocupación de mis familiares que por riadas inundaban la pequeña habitación que me habían asignado.
El doctor cursó mi alta, con tremenda alegría salí a la calle, el aire fresco acarició mi cara, el generoso sol brillaba con especial intensidad, mis hijas sonreían con adorable inocencia y la mano de mi mujer no quería separarse de la mía bajo ningún concepto. Era feliz, muy feliz, el hombre más feliz del universo.
-“¿Cariño que llevas en el bolsillo?”-, preguntó mi esposa.
-“¿El qué?”- la respondí sorprendido. Ella metió su mano en mi bolsillo y me entregó un sobre algo más que doblado, casi arrugado. Desconocía completamente su procedencia y mucho menos su contenido, estaba abierto, extraje la carta y comencé a leer. Mis pulmones reclamaron una mayor dosis de oxígeno, mi corazón empezó a bombear sangre con desaforada velocidad, mi vista se nubló y de nuevo gritos y llantos, pero esta vez mi mujer no preguntó que pasaba, leyó la carta, nunca volví a verla.
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