Dentro de alrededor 122400 segundos, si las cuentas no me fallan,
estaremos dándole la bienvenida al 2012. Comeremos las 12 uvas al
unísono de las doce campanadas e intentaremos no atragantarnos al
hacerlo. Nunca entenderé porqué son 12 uvas, más allá de la explicación
de uva por mes, si el número de la perfección lo dejamos unas cuantas
cifras antes, en el séptimo puesto de la lista. Aunque puede que dentro
de mi ignorancia se halle la respuesta, no somos PERFECTOS. Tenemos la
JODIDA manía de hacernos y hacer PROMESAS, de dibujarnos esperanzas, de
querer cumplir SUEÑOS, de repetirnos que no volveremos a caer en los
mismos ERRORES y en los mismos vicios, de dar OPORTUNIDADES. Pero
recapitulad, mirar meses atrás… ¿Cuántas de las miles promesas hechas
habéis cumplido? ¿Cuántos de los muchos retos que se os cruzaron en el
camino habéis sido capaces de resolver? ¿Cuántos de vuestros sueños se
han quedado sin cumplir? ¿Cuántas veces os habéis arrepentido? ¿Cuántas
oportunidades habéis dado y aún así os siguen fallando? O mirémoslo
desde el otro lado, ¿Cuántas oportunidades nos dan y no aprovechamos? No
es por ser negativa, o por haceros pensar en que, quién o de que manera
la gente e incluso nosotros mismos nos hemos fallado a lo largo del
2011, pero es una realidad, y está ahí gravada a fuego aunque queremos
hacer caso omiso. Intentamos ser felices a toda costa, parece que no nos
importan los daños colaterales, el querernos más a nosotros mismos…y no
nos damos cuenta de que perdemos más que aquello que ganamos. Y sí,
estoy jodida, relativamente, pero lo estoy y creo que se nota. Pero es
que una se cansa de ser siempre la que da el brazo a torcer, de ser
siempre la que echa de menos cuando los demás la echan de más… de
querer, o mejor dicho, de QUERERTE. De que le hagan promesas que no se
cumplen por falta de tiempo o ganas. De esperar y esperar a que se le
encienda la bombilla al chico con el que sueño todas las noches y que se
dé cuenta de que “¡Joder! La estoy perdiendo… ¡Despierta!” Y mientras
él me pierde, un poco de mi también se pierde. El capítulo que empezamos
igual de mal en el 2011 parece querer cerrarse de igual forma, y no
solo hablo de economía. Pero que queréis que os diga, a la vista de la
víspera de ponerle fin de año a este once impar, yo no me pienso hacer
promesas, ni voy a intentar cambiar absolutamente nada… porque
sinceramente ya no creo en los Reyes Magos. A partir de ahora, sólo
tengo que inventarme las reglas del juego. Respetar el tono, el lenguaje
y los diálogos…y si logro cerrar mi historia con maestría y soy capaz
de cambiar el escenario pues ¡voilà!, a lo mejor a la felicidad le da
por asomarse.
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