Penumbra de noche a tu esperaHeme ahí otra vez, en aquella casa olvidada que tu memoria ha ocultado,
esperando tu visita, una carta que aún no ha llegado.
Escucho la misma música que dejamos aquella noche que decidiste marcharte,
y veo la nieve caer bajo mi ventana.
¿Será hoy la noche donde acudas nuevamente a mí?
¿Habrás amanecido y tenido un buen día?
A veces pienso que debería abrir la puerta y marchar;
recorrer aquellos caminos que mi mente anhela,
soñar con otras personas, entregar aquellas historias que tus oídos ignoran.
Y aún así, permanezco acá, a tu espera.
Tal vez vengas hoy o mañana;
tal vez sea en un mes que recuerdes mi existencia,
cuando otros ojos dañen tu corazón,
cuando aquellos labios tiñan de negro tu ser.
Permanezco acá a tu espera,
escuchando en la penumbra,
a través de la ventana donde apoyaste tu mano,
donde dibujaste un rostro sonriente
y huíste hacia el futuro.
Son las 2am y reviso una vez más los mensajes en mi celular,
y como todas las veces anteriores,
tu número vive oculto.
Abro la puerta y observo hacia el infinito.
Descubro que aquellas historias que una vez soñamos
se derriten como los últimos copos de nieve al caer,
y lloro las tres últimas lagrimas que ese día dedicaré.
¿Estarás todavía despierta, niña mia?
¿Recordarás todavía la promesa que te di?
He cometido algunos errores a tu lado, lo sé.
Y los volveré a cometer, así como tú los hiciste al negarte
en creer que el amor existía.
He revisado la fría pantalla del ordenador esperando
encontrar una llamada en el aire,
un mensaje que escape de tus fortalezas.
La misma contestación de siempre me responde,
aquellas palabras vacías,
aquellos problemas complejos.
Recuerdo la vez que te tomé de la mano,
y abriste por unos instantes tu ser a mí,
como lo hice yo la primera vez.
Aquellos vez donde pronuncié las palabras que me atan
a ti.
Son las cuatro de la mañana y la nieve ha cesado de caer.
Las calles se tornan claras, y nuevamente tú no estás acá.
No fui aquél que esperabas, y aún así,
por un instante al menos,
estuviste ahí, conmigo, para mí.
Me siento. Reposo la vista en el fuego que se extingue como
lo ha hecho desde el día que me instalé en este lugar.
Como todas las noches que espero tu llegada y la visita de lo extraño te reemplaza.
¿Sabrás aún que te espero? ¿Recordarás las palabras que te dije aquel amanecer?
Has cerrado tu corazón a la vida,
con un falso (¿) temor a amar,
a soñar,
a ilusionarte y a llorar.
Y yo... heme aquí, esperando el día que no llegará,
el día que te haría buscarme una vez más mientras te acompaño en los
momentos donde me necesitas,
y de donde partirás cuando ya no lo hagas nuevamente.
Deposito mis lágrimas en el agua,
mientras las gotas recorren mi cuerpo en una ducha matutina.
Busco el sueño fácil, el que me llevará a las memorias,
de los tiempos, de las historias y las ilusiones.
Y tú.. tú, mi pequeña niña, miras a través de la ventana.
Ocultas nuevamente tus sentimientos bajo un velo de frialdad,
evitas que caiga aquella única lágrima que sueltas cada vez que
recuerdas
y huyes nuevamente hacia el silencio,
donde tratas de olvidar
aquel beso que nunca nos dimos.
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