Autor Kira
Había una vez una joven llamada Adeline, ella había nacido con el poder de enamorar a cualquier hombre que viera sus ojos azules, que si los miraba de cerca vería como si hubiera un océano entero en ellos, pero también su poder tenia una maldición, si ella por su poder enamoraba a alguien y este le declaraba su amor pero es solo a causa del hechizo de sus ojos, la persona moría.
Adeline era una joven muy hermosa y tierna, pero su vida estaba llena de tristeza y soledad ya que vivía sola desde los 12 años, ya que sus padres habían sido asesinados. Al salir, siempre usaba un velo que le cubriera sus ojos para que nadie los viera, además de que no salía más que para comparar comida o algo por el estilo y no hablaba con nadie pues temía que si le decía a alguien la verdad no la aceptarían o ya no querrían y la rechazarían.
Un día le llego a Adeline la noticia de que habría un baile de todo el pueblo, Adeline nunca había ido a un baile así que decidió ir.
En el baile del pueblo, Adeline estaba bailando con un joven, pero ella no sabia que esa persona era un noble, al ir bailando se le aflojo la tiara a la que iba sujeto su velo, y al momento de hacer reverencia de despedida se le cayó, dejando que el noble viera sus ojos y fuera hechizado. Dos días después el noble le declaro su amor a la joven, pero al ser victima del hechizo, el noble murió.
Los del pueblo pensaron que Adeline lo había matado y la enviaron a ser colgada – ¡yo no lo mate!- insistía Adeline, pero las personas del pueblo no le creían y antes de que la ahorcaran llego un joven y salvo a Adeline – ¿quien eres tu?- dijo Adeline muy sorprendida - quien yo sea no importa en estos momentos- el joven monto su caballo junto con Adeline y escaparon hacia el bosque.
Al día siguiente, al despertar, Adeline se encontró en una pequeña cabaña, y junto a ella, en una mesa, un pequeño desayuno, y en una silla en un rincón el joven que la había salvado – disculpa, ¿estas dormido?- el joven estaba dormido pero el sonido de las palabras de Adeline lo despertó – buenos días- le dijo Adeline un poco asustada – buenos días- respondió el joven con una suave sonrisa - gracias por haberme rescatado, pero ¿Por qué lo hiciste?- - no creo que hayas sido capaz de matar al noble, se me hizo una injusticia matar a una persona inocente, ahora me toca preguntar ¿por que siempre usas una manto en tu cara?- adeline no sabia que responderle – esa es una historia que te contare después, ¿Cuál es tu nombre?- - Matías- respondió, con una cara de estar ya arto de tanta pregunta - gracias por haberme salvado Matías- dijo Adeline muy agradecida - no hay por que, pero creo que ya no podrás volver al pueblo- le respondió un poco preocupado - debo encontrar un nuevo hogar para que pueda vivir- - yo te ayudare, no puedo dejar que vayas por haya sola- Adeline le agradeció y acepto su ayuda, solo con la condición de que nunca intentara ver sus ojos.
Y comenzaron a viajar de pueblo en pueblo intentando encontrar un lugar seguro, pero estaban buscando a Adeline por todos lados y no estaban seguros y Matías se fue enamorando cada vez mas de Adeline, y Adeline creyó que era por que el había visto sus ojos pero en realidad no los había visto y a Adeline le empezaba a gustar Matías, ya se habían convertido en muy buenos amigos y Adeline decidió contarle la verdad de sus ojos a Matías.
Estaban mirando un atardecer mientras comían y Adeline decido contarle la verdad – Matías- dijo Adeline un poco tímida - ¿que pasa Adeline? – - tu una vez me preguntaste por que llevo siempre un velo, y yo nunca se lo conté a nadie pues pensé que me iban a creer loca, pero tu eres un gran amigo y se que puedo confiar en ti para lo que sea así que te diré la verdad- y Adeline le empezó a explicar a Matías sobre los hechizos y la razón por la cual el noble había muerto – no me importa si tienes un hechizo, eres mi amiga y te acepto tal y como eres- Adeline se alegro demasiado al ver que Matías la aceptaba tal y como era.
Un día llegaron a un pueblo lejano era casi de noche y tenían que encontrar donde dormir – espera aquí- dijo Matías – iré a buscar un lugar donde podamos dormir- - esta bien- respondió Adeline. Matías se fue a buscar por todo el pueblo un lugar donde poder dormir, una posada, o una persona que les brindara quedarse en su casa y encontró a un señor dueño de una posada que les ofreció donde quedarse. – ya encontré donde quedarnos Adeline- Adeline aliviada acompaño a Matías hasta el establo para dejar el caballo y luego entraron a la posada donde Adeline estaba en el cuarto de arriba y Matías estaba en el cuarto de abajo.
A la mañana siguiente Adeline despertó después de escuchar unos gritos – ¡Adeline!, ¡Adeline!- era Matías, lo habían capturado e iban por ella – ¡Adeline escapa!- cuando de repente unos hombres entraron y arrastraron a Adeline hasta la salida – que vamos a hacer con el muchacho- dijo un señor – me da igual lo que hagan con el, lo único que me importa es la chica- respondió un hombre que parecía ser el jefe - ¿lo matamos señor?- - si quieren hacerlo, háganlo, por mi no hay ningún problema- pusieron a Adeline enfrente de Matías –Adeline, perdóname- - no Matías, tu perdóname, yo te metí en todo esto- en ese momento le quitaron a Adeline su manto y Matías vio los ojos de Adeline y le declaro su amor, Adeline comenzó a llorar pues pensó que por ser el hechizo Matías iba a morir pero el caso es que vio que Matías no había muerto, que en realidad eran sus sentimientos y también le declaro su amor a Matías. En ese instante se rompió el hechizo de los ojos de Adeline y se formo como una ola gigante que arrazo con todas las personas que los perseguían y segundos después cayo desmayada.
Al día siguiente despertó en un pequeño cuarto, miro buscando a Matías pero no lo encontró, salio y lo empezó a buscar por todo el pueblo, pero no lo encontraba cuando de repente escucho como alguien decía su nombre, una voz conocida, y amada, se dio vuelta y encontró a Matías con una ramo de rosas – alfil lo encontré Adeline- dijo Matías orgulloso - ¿que has encontrado Matías?- pregunto Adeline curiosa - el lugar perfecto donde viviremos felices y en paz - llevo a Adeline a una casa con vista cerca del mar y después de un tiempo Adeline y Matías se casaron y hay vivieron felices durante mucho tiempo.
La moraleja de esta historia es que no hay que escondernos de la gente por temor a que no nos acepten solo por tener un defecto o no tener lo que ellos tienen, por que las amistades son aquellas que te aceptan tal y como eres en realidad.
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