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Nacida libre.

voltereta

Autor voltereta

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Publicado el 01/12/2009 | 317 Visitas | 0 Comentario(s)

Lua, parece que fue ayer cuando tus ojos se abrieron a la luz por primera vez; cuando esos hermosos ojos oblicuos de mirada penetrante e intensa comenzaron a ver los seres vivos de este mundo, donde viniste a nacer. Naciste en una amplia camada y no fuiste demasiado bien atendida, aunque tus padres te amaban. Giovanno ere el jefe de la manada. Tu padre era un hermoso lobo de color gris, de tupido manto y de una hermosa y deslumbrante piel. Era admirado como lobo alfa de la manada. Tu madre Sherpa era una preciosa loba blanca de elegante porte y unos ojos azules como el mar. Una hembra enamorada completamente de su compañero, que siempre se dedicó a atender a sus crías, pero mostrando siempre más atención a quien más lo necesitaba; tal vez por eso nunca llegaste a ser completamente atendida por ella, pues a ti siempre te vio fuerte.

Eso te hizo ser independiente desde muy pequeña y te llevó a mezclarte con lobos mayores que tú. Mientras todos los lobos amaban la caza, tú te decantabas por el conocimiento, por aprender sobre plantas medicinales y técnicas de curación. Te gustaba aprender y amabas la naturaleza. Tu alma lobuna se fue formando en el conocimiento, en la sabiduría y en el respeto a la naturaleza; y tus iguales te tomaban como una loba soñadora y se reían de ti. Eras diferente y lo sabias. Había una cosa que te gustaba en especial y eso era soñar. Fue por eso que te convertiste en estudiosa de un idioma, el idioma de los sueños, y gracias a ello vivías alegre en tu mundo a pesar de la soledad en la que te veías inmersa.

Te enamoraste muy joven de un apuesto lobo, y abandonaste la manada para vivir tu vida. Al principio todo iba bien, pero con el tiempo te diste cuenta de que le entregabas toda tu vida a Silex, y sin embargo sólo recibías desprecio y malos modos de él. Era un lobo amargado, se sentía inferior y sabía que a tu lado no valía nada. Eso hacía que le llevaran los demonios, y te hacía la vida imposible, haciéndote siempre sentir inferior, como si no valieras nada. Tuviste una hermosa camada, pero el invierno fue crudo y el alimento muy escaso; sólo te sobrevivió un cachorro, Siddartha era como tú, un soñador, un aprendiz de historias y un amante de la vida natural. Silex por supuesto no le hacía ningún caso pues era un ególatra que solo se quería a si mismo.

Llegó un momento en que Silex hacía contigo lo que quería. Aprovechándose de tu amor por Siddartha, te amenazaba con expulsarlo de vuestro lado si no hacías todo lo que el quería; por eso te plegabas a sus deseos y eras infeliz. Pero llegó un momento en que no aguantaste más y hablaste con las estrellas. Ellas te dijeron que no podías seguir viviendo así, que debías abandonarle, y tú así lo hiciste, a pesar de que tu corazón todavía parecía sentir algo por él - cosa extraña, más tú siempre fuiste hembra fiel a tus amores. Rompiste pues con esta situación, después de largos años de convivencia y de maltrato, pero te vino bien.

Empezaste a salir al bosque con Siddartha, a ver cosas que nunca antes habías visto, como que las flores huelen y que cada una tiene su propio nombre, que se abren al amor y que su colorido es una bella librea que da esplendor al mundo campestre que tanto te gusta. Tu mente, casi humana, empezó a darle nombre a las cosas y significado a las palabras que oías recitar a los espíritus del bosque; tu mente fue convirtiendo las palabras en oraciones con significado y, poco a poco, comenzaste a hacer poesía con ellas. Todo se componía en tu mente en forma de belleza inigualable. Cuando por la noche recitabas en la soledad noctámbula tus poesías, la Luna salía a contemplarte y se quedaba escuchando tan bellas composiciones. De ahí salió esa conjunción de Luna y lobo, Luna que escucha y loba que le cuenta sus lamentos en forma poética - más esto nadie lo sabe y no es cosa de divulgarlo ahora.

Tu camino estuvo plagado de desencuentros, pues aunque pocas veces te enamoraste, sufriste mucho con tus amores, pues no tuviste la suerte de ser correspondida. Todos los machos se consideraban inferiores a ti; quizá por eso nunca se te entregaron en cuerpo y alma. Siempre estuviste desatendida en el aspecto sentimental - es lo que tiene ser guía espiritual, que te aceptan como consejera, pero no como compañera, pues tu talla empequeñece a quien está a tu lado. Hace falta ser muy lobo para caminar erguido a tu lado como igual, y eso no abunda.

En una de tus salidas campestres fue donde te conocí, en lo más profundo del bosque. Fue una noche de Septiembre. Andaba yo persiguiendo estrellas para llevarle un manojo a mi compañera cuando te ví por vez primera. Se me olvidaron las estrellas y dejé de respirar, mi corazón dejó de latir y me quedé contemplándote embelesado, la más bella conjunción de hermosura y contornos envueltos en pelliza rojiza que pudiera portar unos ojos verdes limpios, como una virgen selva tropical. Tú no te percataste de mi presencia al principio, y te observé declamando una poesía. Era tal la ensoñación que en ella ponías al recitar, que de tus ojos brotaban unas pequeñas lágrimas que caían al suelo. No me quedó otro remedio que esperar a que se secaran también mis ojos, antes de acercarme a conocerte, pues no era plan de llegar llorando al verte por primera vez.

Me acerque y dije, -buenos días bella dama, luce bonito el día. Hiciste un mohín como de disgusto, e inclinaste un poco la cabeza para saludarme. El brillo del sol reflejado en tus ojos me cegó, jamás había visto nada igual; nunca en mi vida contemplé unos ojos tan grandes que dijeran tantas cosas al mirar; hablaban por sí mismos. Me llevó toda la mañana y parte de la tarde conseguir captar tu atención, pues no tenías interés en conocerme; pero Kiowa, que ese es mi nombre, sabe ser muy sutil y convencer a las damas - más de una lo ha dicho y no seré yo quien le lleve la contraria. Volvimos cada uno con los nuestros y observé que cuando nos despedimos mirabas por el rabillo del ojo - lógicamente yo lo hice igual, por eso me di cuenta.

A partir de ese día salíamos los dos mucho al bosque, y siempre coincidíamos en el mismo sitio. Nos contábamos nuestras cosas y éramos felices a nuestra manera. Sabíamos que estábamos hechos el uno para el otro, pero las circunstancias nos impedían unirnos como hubiera sido nuestro deseo. Nos teníamos un gran respeto pero siempre quedaba algo por decir, algo por acariciar; siempre sentíamos un vacío en el estómago donde las mariposas volaban y no éramos capaces de dar rienda suelta a ese vuelo.

Fue tal vez por eso que inventé un mundo paralelo donde todo se podía hacer, donde pasado presente y futuro desaparecían para dar vida a un espacio nuevo, donde todo se aunaba y los cauces de los ríos fluían sólo para nosotros. Fue ahí donde te entregué mis sentimientos en bandeja de plata y donde tú los rechazaste por no herir a mi compañera, pero yo sabía que eso pasaría y me dio igual, pues con sólo sentir tu presencia a mi lado era feliz por fuera, aunque me sentía morir de desdicha por dentro, agonizando en un mar de sentimientos que querían seguir su impulso, un impulso que me hablaba de ti cada mañana, de un tierno corazón que me daba vida y que me impulsaba a transgredir las normas de la razón. Mi locura me llevaba a pensar que era poeta y que escribía poesía para ti … Pobre loco, lobo poeta despreciado por su amada, aullando a la noche su agonía, en triste canto de soledad afligida.

Me convertí en sombra que por la noche vagaba en su locura entre los búhos y las lechuzas, sin más compañía que el viento y algunas rutilantes estrellas que se apiadaban de mi dolor. En las correrías nocturnas mi única idea era la de olvidarme de ti; mas cuanto más avanzaba, menos lo conseguía: el amor entra afilado como un puñal y una vez dentro se queda allí, lacerando y punzando más a cada paso que uno da.

Tal vez fuera eso lo que cambió mi forma de ser y me llevó cerca del hombre. Mi dolor y mi instinto me llevaron a la desesperación y me acercaron a los rebaños de ovejas. Cada vez que entraba en el redil mataba a dentelladas a tres o cuatro, hasta que acababa con mi instinto animal y con mi desesperación. Claro que esto evidentemente no podía durar. Yo estaba buscando mi propia destrucción, y esta llegó en forma de batida por el monte. Por mi culpa mataron a muchos de mis hermanos lobos, aunque tú y yo conseguimos escapar; pero evidentemente esto es algo que jamás me perdonaré. Es por eso que ayer me despedí de ti, te dije adiós de manera altiva y me fui veloz con lágrimas en los ojos, para que no me vieras llorar.

Es por eso que ahora sólo espero la llegada de la sombra negra, esa que en sus brazos me ha de llevar a las altas bóvedas celestes, donde se escuchan bellas poesías y las flores se ven frescas, bellas y coloridas, donde siempre te estaré esperando; o a la profundidad de la tierra donde quedaré envuelto en humedad y tú para mí ni siquiera serás un bello recuerdo, porque simplemente dejaré de ser, acabaré de existir y estaré condenado a vagar por los bosques en eterna soledad, sin tener nunca más tu anhelada compañía. Lúgubres pensamientos los que en esta mañana gris me acompañan al norte, donde después de quedar solitario, ahora me encamino, a soñar por siempre contigo...

Dulces son los sueños del que ama, triste es la soledad del que espera, amarga es la vida del que esta condenado a muerte, quimérica es la conjunción del amor, despejados son los campos de los sueños, helados son los páramos de la indiferencia; pero la vida es un murmullo digno de escucharse, una melodía que se nos susurra al oído, donde la tierna musicalidad está por encima de nuestros propios sentimientos.

Estamos condenados a oír una música que a veces nos hace daño, porque nos hace ver cuán amarga puede ser una vida donde el amor tiene sus desencuentros, a pesar de los sentimientos más puros de dos almas que sin duda se aman, pero que se conocieron a destiempo - en un tiempo donde el otoño hace caer las hojas y muestra las ramas del árbol del amor en su momento más agónico y desangelado. La vida es una sucesión de tristezas encadenadas la una a la otra, como si de una cadena de penitente se tratara.

Dejo este papel a quien pueda interesar para que conozca algo más de esta hembra que me dio la vida y me robó el corazón, dejándome cautivo de sus ojos, que siguen brillando para mí en la noche, como estrellas.

Es algo que jamás olvidaré……


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