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Love Story
Love Story
A
Ella era una buena estudiante, una chica aplicada e
inteligente. De múltiples inquietudes y de carácter despierto y luchador.
También hay que reconocer que era hermosa y atractiva. En su facultad había
pocas chicas guapas, por lo que era el centro de atención. Le dolía que solo
vieran su físico pero no podía dejar de disfrutar viendo a tantas personas
pendientes de ella. En muchos sentidos, su vida se podía considerar perfecta.
Era muy buena en su carrera, incluso brillante y creía conseguir todo lo que se
proponía. De vez en cuando tenía sus dudas acerca de si tenía verdaderos amigos
o no y sobretodo si los chicos que le gustaban la valoraban por toda su
persona. Con todos parecía coquetear o sencillamente intentaba ser amable y no
comprometerse. Rara vez salía con alguien, pues estaba demasiado centrada en su
carrera, en sus viajes, en mejorar su curriculum de mil formas distintas. Puede
que tuviera miedo a un compromiso, a enamorarse, a que la hicieran daño o a
depender de alguien. Siempre se consideraba una chica muy segura de sí misma y
quizás pensaba que ningún chico estaba a su altura. Buscaba el hombre perfecto.
Alguien capaz y seguro de sí mismo. Debía ser inteligente, apuesto, ambicioso y
emprendedor. Tenía la ingenua esperanza de que luego fuera alguien tierno y
comprensivo, sincero y atento. Vivía con la eterna dualidad del morbo y lo
concreto. Quizás por su inexperiencia social o también porque era algo innato
en tantas chicas. Fantaseaba con ese chico malo y misterioso que la tratara con
cierto desdén e indiferencia, pero en el que hubiera una bondad por descubrir.
Los años iban pasando y no encontraba ese chico. Todo habían sido meros juegos
y coqueteos. Más de uno se le había declarado, pero era el típico chico tímido
que la idolatraba y que parecía tener poco que ofrecer. Para no hacer daño les
hizo ver que se sentía halagada, sin dar nunca una respuesta clara. Pronto se
olvidaba de ellos y se centraba en los que le importaban, aunque tampoco en
exceso. Únicamente les mantenía a la espera sin llegar a concretar nada. Tenía
la cabeza en otras cosas, siempre en otras cosas. Encontró una beca de estudios
para hacer un postgrado en otro país. Tras muchos tejemanejes, consiguió un
cuarto junto a otros extranjeros. Estaba ilusionada con llevar una vida de
estudiante fuera de casa y convivir con otra gente. Eso abriría su vida social,
le mostraría muchos nuevos puntos de vista sobre las cosas. Tendría con quien
charlar y deliberar durante las noches y mostrar a los demás, su lado más
humano, más personal. También le asustaba la idea de convivir con desconocidos,
pero se consideraba una chica tenaz y abierta a nuevas posibilidades.
Los meses iban pasando y poco a poco se iba adaptando a esa vida más adulta. Se
llevaba estupendamente con sus compañeros de habitación en la residencia y no
paraba de hacer cosas, aparte de los cursos. Cada noche era una fiesta, cada
día una lucha. Se sentía más que nunca de estar viviendo la vida, de estar
garantizándose un futuro y aprendiendo muchas cosas. Le seguía faltando un
chico, igual a ella, con el que compartir todas esas experiencias, pero no se
agobiaba porque podía escoger donde quisiera, llegado el momento. Muchos chicos
la entraban, pero ella tendía a rechazarlos casi sin pensarlo. En todos veía
algún defecto claro.
Algunas veces tenía recaídas, breves momentos en los que sentía que le faltaba
algo a su vida, que todo aquello por lo que luchaba era falso y sin sentido.
Pero la vida activa le hacía olvidar esos pensamientos corruptos y seguía con
la misma jovialidad y tenacidad con su vida llena de actividades y
responsabilidades.
Un día, sus compañeros le trajeron a un chico nuevo. Era un amigo de España.
Rápidamente llamó su atención el que fuera un paisano y le recibió con alegría.
Siempre tendrían cierta complicidad, por muy superficial que fuera su trato. Le
dijeron que le habían conocido en la universidad. Casualmente les interesó un
tema del que estaba hablando él con otra persona y se unieron a la tertulia.
Estaba investigando en un laboratorio temporalmente mientras se doctoraba.
Comenzó a despertar la curiosidad de de ella. Era un chico muy tranquilo, de
voz agradable y clara. Manifestaba seguridad en todo lo que decía y nunca
hablaba si no estaba seguro de lo que iba a decir. Le brillaban los ojos
mientras escuchaba, lo que demostraba que tenía muchas más cosas que contar y
discutir. Ella le observaba, en esos constantes silencios, los gestos de su
cara y sus manos. Parecía realmente inteligente y para ella, el hecho de estar
doctorándose en algo parecido a lo suyo, se lo probaba. Él, al igual que ella,
había viajado bastante y siempre tenía alguna anécdota interesante que contar,
además de que lo hacía con el suficiente arte, como para dejar siempre las
historias a medias y darles mucho más interés. Siempre se comportaba de forma
muy educada hacia ella, pero sin darle nunca ningunas confianzas, manteniéndose
distante. Alguna vez ella le pilló mirándola de refilón con total seguridad y
sin apartar la vista. Eso la hacía sentirse insegura ante él, por primera vez
en su vida.
Comenzó a asustarse ante la idea de estar enamorándose, de un completo
desconocido. Era guapo y de constitución atlética. No le daba una exagerada
importancia al vestir, pero siempre tenía una apariencia correcta que
simbolizaba que se valoraba a sí mismo. Parecía el hombre perfecto que en
ningún momento manifestaba una debilidad emocional y la observaba con fuego en
los ojos. Sus amigos pronto se fueron dando cuenta. Como ella se iba corriendo
cada dos por tres a hacer algo absurdo en la cocina o en su cuarto, o cómo
estaba como un pincel, cada vez que él iba a venir. Ella lo hacía casi sin
darse cuenta, por mero impulso. Ardía en deseos de verle, cada día que sabía
que él iba a venir(cosa que no hacía con excesiva frecuencia). Quería ver en
cualquier expresión suya, poco clara, una indirecta que confirmara unos
sentimientos. Pero él seguía comportándose con total naturalidad, casi como si
ella no existiera. Como sus amigos la apreciaban mucho y no buscaban nada con ella(unos
ya comprometidos, otros renunciaron tiempo atrás) y valoraban mucho al nuevo
amigo, decidieron preguntárselo abiertamente a cada uno por separado. Ella se
hizo la tonta y negó con nerviosismo, pero quedó bastante claro. Él simplemente
contestó que eso son cosas personales y que el destino decidiría.
Los amigos decidieron hacer de alcahuetes y un día invitarle a él a cenar, pero
irse antes de que llegara. A ella le advirtieron que él vendría, pero olvidaron
mencionarle lo de irse corriendo para dejarles solos. Le dijeron que habían
dejado la cena en el horno y que se iban un momento a comprar unas cosas y que
si se retrasaban, empezaran sin ellos. Ella sospechó un poco, pero la idea de
pasar unos minutos a solas con él le hizo saltar de alegría. Se puso su vestido
más bonito, bastante sencillo, pero muy femenino. Buscó algo de música, por si
luego la gente quería bailar(más de una vez habían bailado en fiestas con
amigos) y se puso a escucharla mientras esperaba.
Los minutos se hacían eternos y mientras sonaba algo tranquilo, miraba
ensoñadoramente por la ventana, jugando con ideas fantasiosas y casi infantiles
sobre lo que iba a ocurrir. Por fin llegó la hora y él llegó puntual(se habría
puesto histérica si se retrasara). Ella le abrió la puerta con una sonrisa y
ladeando la cabeza en la hoja de la puerta, para que callera su hermosa melena,
mientras abría. Él pasó sonriéndola discretamente y en silencio, un poco
sorprendido del silencio. Ella dijo que ahora vendrían y que si quería tomar
antes algo. Él aceptó de buen grado y dijo que tomaría lo mismo que ella. Los
dos se sentaron en silencio, sin saber qué decir. Ella se iba poniendo nerviosa
con la situación, pues se había quedado en blanco. Él la sonrió con franqueza y
comenzó a preguntarle por temas triviales de trabajo y estudios. Ella se sintió
más aliviada viendo que podían hablar de algo. Pronto la conversación fue
entrando en temas un poco más personales. Las razones de estar lejos de casa,
los seres queridos que se dejaron, los proyectos futuros. Él llevaba la
conversación para que fuera ella la que hablara constantemente y sólo
complementaba lo que ella decía, dándole una satisfacción de comprensión y
complicidad. Ella quería saberlo todo sobre él, pero este le daba respuestas
muy vagas y desviaba la conversación para que ella continuara con sus temas,
despertando aún más su curiosidad hacia él. Las horas iban pasando y ni
siquiera cenaron, apenas se dieron cuenta del paso del tiempo. Por fín él miró
la hora y dijo que tenía que irse. Ella no quería que se fuera, pero no sabía
como decírselo sin delatarse. Él se levantó y le dio las gracias por una noche
agradable y una conversación tan interesante. Dijo que ya hablarían algún otro
día. Ella contestó que desde luego, mirándole con un brillo en los ojos. Se
despidieron con dos fríos besos en la mejilla y él se fue.
A ella le entró el desasosiego, pero también un torrente de felicidad y de paz,
como una misión cumplida. Estaba contenta de ver que tenían tanto en común
angustiada por la espera para el siguiente encuentro. Aquella noche no pudo
dormir, pues no paraba de pensar en él y en cada una de las palabras que usó
anoche. Le fascinaba el sonido de su voz, los rasgos de su cara y toda su forma
de expresarse, al mismo tiempo distante y familiar. Veía que cuanto más le
conocía, más le gustaba y durante los siguientes días, todo lo demás dejó de
tener importancia para ella.
Love Story
(B)
Los días fueron pasando y el recuerdo de aquella noche
seguía presente. ¿De qué hablarían la siguiente ocasión?¿Qué ocurriría? Lo
pensaba distraída mientras se mesaba el pelo, ante un café caliente, antes de
volver al trabajo. Ni siquiera le preguntó a sus amigos por su ausencia. De
sobra sabía por qué habían faltado y le fastidiaba que se dieran cuenta, aunque
en el fondo de su corazón se lo agradeciera. Pero habían notado en ella algo
muy personal e íntimo y eso no le gustaba nada. Irónicamente siempre quiso que
la gente la conociera de verdad, pero cuando estaba empezando a ocurrir le asustaba
la idea de ser predecible. Pero le bastaba pensar en él, para que todo lo demás
dejara de tener importancia. Ya ni siquiera le agobiaba todo que lo que tenía
que trabajar para sacarse el postgrado, eran cosas banales en comparación con
estos nuevos sentimientos, que afloraban, no por primera vez, pero si de forma
mucho más clara.
La cita había sido tan descarada para ambos, que las siguientes veces que se
vieran no podrían evitar pensar en ello y sería tremendamente difícil
disimularlo. Ya no habría miradas inocentes o comentarios casuales. Todo
tendría su significado, al menos para ella.
Le vio pasar por la cafetería con cierta prisa. Ella se levantó para ir a
saludarle, sin pensarlo. Casi saltó delante de él y le saludó con su mejor
sonrisa. Él contestó a su saludo amablemente pero siguió andando. A ella le
desmontó ese gesto. Esperaba que se sentaran a charlar un rato, como la noche
de hace unos días. Se quedó observando sus anchas espaldas en silencio, con
ojos vidriosos. Terminó su café con nerviosismo y se dirigió a clase
entristecida. Durante la conferencia, únicamente pensaba en la indiferencia que
él manifestó.¿ Por qué había estado tan amable y natural esa noche y luego tan
indiferente? Le angustiaba la idea de haberle decepcionado en algo, aquella
noche, haber dicho alguna estupidez o manifestado nerviosismo. Quizás para él
esa conversación no significó nada, una mera distracción con una chica más de
tantas. Alguien como él debió conocer muchas, pensó. Intentó pensar que él
sencillamente tendría prisa, porque era tremendamente responsable en sus
obligaciones y no encontraba espacio para lo demás, al igual que ella. Este
pensamiento la relajó un poco y atendió más en clase.
Sus amigos siguieron conspirando para que él se pasara más por casa. En algunas
ocasiones dijo que intentaría venir, pero cancelaba en el último momento por
diversas razones. Ella se iba desesperando poco a poco. Estaba hambrienta de
él, desesperada por pasar más tiempo a su lado y conocerle. Todos notaban su
desánimo cada vez que fallaba el encuentro. Le dijeron directamente que fuera
ella quien le llamara, pues ya era obvio que todos lo sabían. Ella se negaba y
consideraba que no debía arrastrarse por nadie, ni insistir jamás. Bien que
otros habían insistido por pasar unos minutos a su lado y ahora ella no iba a
caer tan bajo.
Al minuto de decir esto, se fue a su cuarto y llamó sin pensarlo. Él al
principio no reconoció la voz pero al saber quien era ella le saludó con
naturalidad. Ella puso a sus amigos de excusa para una cena en la casa. Él
preguntó si también esta vez no aparecerían. Por unos momentos ella no supo que
decir.
Se armó de valor y dijo que qué importaba si ellos no venían y recordó lo bien
que lo pasaron la última vez. Él se quedó unos segundos en silencio, como
sopesándolo, que para ella fueron una eternidad. Por fin dijo, que sería un
placer. Se despidieron y colgaron. Ella pegó un grito de felicidad y salió
corriendo a abrazar a todos. Se alegraron por su amiga, que ya les empezaba a
preocupar un poco. Se pasó toda la tarde preparando cosas para la cena. Quería
dejarle impresionado con su trabajo y su talento, para que no solo viera a una
mujer preparada en el ámbito laboral, sino también en lo más cotidiano. Él
llegó como siempre, puntual y bien vestido, aunque de forma informal. Ella
escogió su mejor vestido, lo que contrastó un poco con él. Estaba preciosa,
pues había usado todo su arte para estar atractiva. Él, como es tradición,
trajo una botella de vino, bastante difícil de encontrar por ahí. Antes de abrir
la puerta ya había puesto música ambiental y velas por toda la casa. Era un
delicioso cuadro de luces y sombras que entraba en sintonía con el moviemiento
de su vestido y de todo el cuerpo de la joven. Ella había dado clases de baile
y practicado numerosos deportes, por lo que se movía con mucha gracia y
armonía. Apenas decían nada mientras ella iba trayendo los platos. Él se
ofreció a ayudar, pero ella se negó. A pesar de que detestaba el machismo y
siempre se había considerado una igual(o incluso por encima de la mayor parte
de los hombres), sentía un novedoso placer en servir a alguien. Estaba
entendiendo el particular placer de servir a un ser querido, ya que hasta
entonces lo había hecho más como obligación social. Vio que no había
humillación en ello, si eso gratificaba a quien quería conquistar. Él la
observaba con tranquilidad y ella sonreía levemente siempre que se sentía
observada, casi orgullosa de creer dárselo todo en ese momento. Charlaron
amigablemente durante un tiempo y tomaron bastante vino. Ella casi esperaba,
que a él el vino le hiciera lanzarse un poco. Comenzaba a sentir un deseo
irrefrenable. Pero él seguía tan tranquilo, por lo que decidió tomar la
iniciativa. Fue a poner algún disco que se pudiera bailar y le cogió de la
mano. Él sonrió y aceptó, con cierta timidez. Al principio bailaron con cierta
torpeza y él la cogía con mucho respeto. Ella, una vez más, decidió pelear y se
aferró a él con fuerza y arrastró su viril brazo alrededor de su cintura, de
forma que quedaran muy apretados mientras bailaban. Mientras, le clavaba sus
impresionantes ojos, aunque sin demasiado descaro, apartándolos constantemente.
Se notó que él empezaba a titubear, pero mantenía la compostura. Ella notaba
poco a poco, como a él ya no le estaba siendo tan indiferente esa chica, esa
mujer que había usado todo su arte para tenerlo allí, en sus brazos, mirándose
cara a cara en esa noche increíble. Esta vez fue él, quien tomó la iniciativa y
le dio un leve beso en los labios. Ella lo recibió con ternura y sus labios se
despegaron con lentitud mientras se seguían mirando fijamente. Ella notó que a
él el deseo le embargaba y que se controlaba con fuerza para no romperle las
vestiduras allí mismo. A ella la idea, de que fuera algo forzado a veces le
llamaba la atención, pero esta escena era demasiado idílica y trataba de
apartar esos pensamientos para que continuara el romanticismo. Ya se había
acostado con un par de chicos, pero fue siempre en las típicas fiestas, donde
se bebía mucho para romper la timidez y se liaba con alguien que le diera
morbo, sin más dilación. Ahora creía tener al hombre de sus sueños delante y
quería que todo fuera perfecto. Pero ella también era una chica de carne y
hueso y a su lado se sentía completamente segura. Tenía que poseer a ese hombre
en todos los planos emocionales posibles. Por lo que ya no se contuvo más y le
besó apasionada y profundamente, con lascivia, apretándose a él con fuerza para
sentir toda su virilidad. Él a su vez también la abrazó. Ella se separó
lentamente de él y le miró con complicidad, con una sonrisa maliciosa. Le llevó
de la mano a su cuarto con lentitud y un sensual movimiento de toda su figura.
Ella le fue quitando la ropa lentamente a él, acariciando su torso desnudo. Él
a su vez, le quitó la blusa y pudo admirar sus abundantes pechos, que besó con
ternura, mientras ella cerraba los ojos y emitía un gemido. Todo se
desarrollaba con lentitud y poco a poco se quedaron desnudos y a oscuras,
acariciándose todo el cuerpo con suavidad y cierta timidez. Se envolvieron en
abrazos y besos, ya en la cama, ya en completa intimidad. Lo que siguió fue
bastante ordinario, pues ambos desconocían los placeres del otro y no se
atrevían a hacer cosas que pudieran ser vistas como desviadas o pervertidas. La
penetración fue clásica, aunque en distintas posturas, en las cuales siempre
primaba el abrazo más intenso. Ella llegó a un orgasmo lento y prolongado que
le hizo gemir de felicidad y abrazar con más fuerza aún a su amante. Cuando
terminaron, se quedaron felices y sonrientes, tumbados de lado y susurrándose
breves bromas y preguntas, mientras se daban besos cálidos y tranquilos.
Él se durmió pronto, pero ella una vez más no pudo. Se puso a pensar en cómo
había cambiado su vida en las últimas semanas y en que nunca había sido tan dichosa.
Parecía que todo el sentido de la vida, se centrara en estar con una persona,
compartirlo todo con ella. No pudo evitar fantasear con la idea de convivir con
ese hombre que dormía a su lado, llenarse la cabeza de ilusiones e incluso
pensar frívolamente en la idea de tener hijos. Era tan feliz, que ahora hasta
lo más absurdo le parecía posible, al lado de ese hombre y pensó que todo lo
que había hecho hasta entonces no había sido nada en comparación con ese
momento de placer, que había anhelado durante semanas. Por fin se pudo dormir
envuelta en los brazos de él, con esa seguridad y ese calor que da dormir al
lado de alguien a quien se ama.
! Nota del autor: La idea de esta tercera parte ya estaba en mi cabeza, pero
requería de muchos detalles escabrosos, que el pudor me impedía describir. Pero
si quiero darle fuerza a este final, de una historia tan idealista, habré de
dar algunos detalles para visualizar lo aberrante. No por ello piense nadie que
soy un pervertido(bueno, mucha gente lo piensa, pero lo importante es que no lo
piense yo), sino que intento mostrar lo que albergan nuestras almas(por lo
menos la mía y la de la mayor parte de las personas que he conocido o acerca de
las que he leído). Como aún no tengo claro del todo este final, posiblemente lo
modifique varias veces.
Love Story
C
Al levantarse, él por supuesto no estaba, pero no le importó; ya era suyo,
pensó. Resistió la tentación de llamarle para no comportarse como una
colegiala. Se moría de ganas por hablar con él de cualquier tontería, pero
pensó que no debía agobiarle ni comportarse como una cría ilusionada(pero lo
estaba, por primera vez en años lo estaba). Esperó que él fuera el que la
llamara y esta vez se cumplió su pronóstico. La llamada, fue la típica,
preguntando cómo se encontraba ella. Algo muy amable por su parte, pensó. Le
propuso que quedaran el sábado siguiente. Ella aceptó entusiasmada, viendo que
ya le tenía en sus redes y que conseguía un poco de iniciativa por su parte.
Dijo la hora a la que la recogería y se despidió con prisa. Ella lamentó un
poco esa brevedad pero le justificó con la excusa del exceso de trabajo. Es
más, valoraba mucho que encontrara esos minutos para llamarla a pesar de sus
ocupaciones. Apareció a la hora acordada del sábado. A ella no se le quitaba de
la cabeza lo que ocurrió la última noche y solo pensaba en repetirlo. Él le
dijo que se vistiera, para que dieran un paseo. Ella sufrió una cierta
desilusión, aunque no le dejó de gustar que fuera tan romántico y respetuoso y
no pensara solo en el sexo(casi sintió vergüenza por ser ella la que pensó en
él).
El Otoño estaba en su apogeo y las hojas caídas dejaban un hermoso manto por
los caminos de los parques y las aceras de la ciudad. Él le ofreció su brazo,
con una sonrisa un tanto irónica. Ella se lo cogió, devolviéndole la sonrisa,
de forma casi desafiante.
Caminaron en silencio durante un rato. Por fin ella planteó la cuestión. Quería
saber lo que iba a pasar, si significó para él algo lo de esa noche, etc.
Él contestó que si, pero que quería hacer las cosas con calma, para que no
saliera nadie herido. Que ella le gustaba mucho y que lo que ocurrió había sido
algo especial, que pocas veces más le había ocurrido. Le contó cómo había
salido de otra relación y lo mal que lo había pasado, por lo que no se lo
deseaba a nadie. Por supuesto a ella le conmovió ese lado sensible, que se
enfrentaba con la frialdad y la distancia que mantenía en un principio. Cada
vez sentía más interés si cabía, en esa persona con la que creía tener tanto en
común.
Ese día se despidió de ella, con un tierno beso y se marchó en silencio,
dejándola cada vez más prendada, en la puerta.
Ella se empezó a dar cuenta, de que le tenía que seguir seduciendo
constantemente, que no bastaba con una vez. Algo nuevo se tendría que inventar
para repetir algo tan maravilloso como esa noche.
Se siguieron viendo de forma ocasional, en la facultad, pero él nunca proponía
quedar y cuando ella sugería la idea, alegaba que hasta las vacaciones no
tendría tiempo.
Esa fecha le dio a ella el tiempo exacto de espera y un cierto alivio al no
haber incertidumbres. De todos modos los días se le hacían larguísimos y se iba
obsesionando poco a poco. En vez de ir olvidando poco a poco aquella noche, se
le hacía cada vez más nítida, más interesante, más vital. Se enfadaba pensando
todo el tiempo que había pasado sin vivir algo así, esa perfecta transmisión de
la complicidad y el amor. Justificaba su descarado deseo, con el hecho de que
fuera con una persona única y a la que amaba. Pero ciertamente ya no recordaba
la cena o el baile, sino principalmente el momento en que se acostaron.
Preparó su plan de batalla, pero completamente centrado en pasar directamente
al asunto, para que no volviera a dejarla con la miel en los labios en un
insulso paseo(sintió vergüenza al pensar que fue insulso). Se fue de compras y
con cierta timidez, fue probándose picardías, medias de red de lo más
sugerentes, ligueros y todo tipo de lencería que le volvería loco(o esa era su
intención). No tenía ninguna amiga que le acompañara a hacer estas compras, por
lo que se tomó todo esto, como un examen más. Estudió concienzudamente todo el
material del que disponía y le buscó la lógica y la psicología al asunto.
Incluso se sintió bastante agobiada, aunque segura de que iba a conseguirlo.
No pensaba soltarle esta vez. Sus compañeros de piso se iban a visitar a sus
familias, por lo que dispondrían de una semana a solas. No quería dejarle
escapar esta vez de sus redes y la presa estaba a punto de aparecer.
Esta vez le dijo con todo el descaro que fuera a su piso esa noche. Ni siquiera
pensó si esto sonaría estúpido o incluso le echaría hacia atrás(las chicas
directas asustan a muchos chicos). De todos modos, por mucho que hubiera
estudiado todo eso, a ella le faltaba bastante experiencia en el tema y a la
hora de la verdad, actuaba por impulso.
Esta vez le recibió con un vestido mucho más provocador(y menos romántico), que
esculpía su hermosa figura y él no pudo dejar de mirar momentáneamente al
escote, por más que se esforzó. Le propuso la típica chorrada de tomar una
copa. Ya no debía haber disimulos e inocencia, después de lo que ocurrió.
Estaba muy claro para qué quedaban, pero le costaba dar ese paso y él para
variar no hacía nada. Se paralizaba mirándole, al pensar en todas las
maravillas que vivió, con ese cuerpo que tenía delante y despertaba de su
trance con nerviosismo al ver lo estúpida que quedaba observándole así. Se
sentó junto a él, mirándole y sin saber por qué, se puso a rizarle un poco el
pelo con los dedos. Él la observaba en silencio, con una sonrisa enigmática.
Por fin hubo una reacción en él y se acercó a ella, acariciándole las mejillas,
apareciendo en su rostro el rubor, tan deliciosamente femenino. Ella estiró su
hermoso cuello y le dio un beso en los labios. No se resistió más se desabrochó
la parte superior de su vestido. Debajo estaba el picardías, pero un tanto
arrugado, pues esas piezas de lencería no se deberían llevar debajo de ropa
ajustada. En ese momento se dio cuenta y se puso muy nerviosa con su error,
pero ya no importaba, pues él la cogió por la cintura y la besó durante
minutos…
Esta vez las cosas tomaron un cariz distinto. Ya había más
confianza por lo que fueron probando cosas de las que antes no se atrevían y
que aumentaban notablemente el placer.
Él no se fue, cada vez que se levantaba a marcharse ella le atrapaba como una
pantera para repetir el proceso. Desayunaban, comían y cenaban juntos. Los días
pasaban y lo único que hacían era satisfacer sus placeres y fantasías ocultas.
La confianza avanzaba y se iban dejando de excusas absurdas para hacer algo
nuevo. Como una especie de reto personal, lo fueron probando todo(casi para
presumir, que al menos una vez lo habían hecho). Ella iba sacando su lado más
animal y olvidándose por completo de sí misma, de quien era, de la razón de que
estuviera allí. Empezó a disfrutar con cosas que antes le parecieran
aberrantes, como cierta violencia, humillación, sumisión. Salía su lado más
retorcido, el que tuvo durante tanto tiempo escondido. La total libertad y
satisfacción de desear algo y tenerlo al instante. Todo aquello que le parecía
pornográfico y que desnaturalizaba el amor, ahora le parecía algo natural,
sencillo, placentero. Descubría el placer del morbo en sí, de la satisfacción
física en sí y su pareja, no era más que un mero instrumento para sentir su
plenitud como mujer y el poder que ello conllevaba.
Estaba olvidando que estaba enamorada, que ese era el hombre de sus sueños.
Ahora solo veía sexo, carne, sudor, gemidos, dolor, placer. Se excitaba siendo
fustigada, atada, forzada.
Lo había esperado durante tanto tiempo, que todo era poco para ella y
constantemente necesitaba algo que forzara más aún el límite de las cosas.
Durante uno de esos días vio que él estaba jugando con su cámara de fotos
digital, tomando algunos paisajes que se veían desde su piso. Cuando ella pasó
le pidió hacerle una foto. Ella posó encantada, poniendo una mirada lo más
provocadora posible.
En pos de su redescubrimiento sexual constante, pensó que un paso más sería grabarse
a sí mismos. Él dudó un poco pero al final aceptó.
Hasta hace unos días, él era para ella su amor platónico, el hombre al que
adoraba en silencio. Ahora había descubierto un verdad esclarecedora y es la de
la perversión de la mente, mediante el deseo.
Pensaban grabar el culmen de su placer, practicarlo casi todo en no mucho
tiempo, delante de la cámara.
Hizo todo lo que a ella le gustaba. Le quitó la ropa a la fuerza, la ató, la
golpeó, la forzó, le tapó la boca con un trapo y hasta la insultó. Tras
sodomizarla y eyacular sobre su cuerpo y cuando ésta aún jadeaba, colgada del
pomo de la puerta, se vistió a toda prisa, dejó una nota sobre la mesa y se fue
sin decir palabra.
Ella estaba aterrorizada, sin sabe qué ocurría. Intentó gemir un grito, pero no
era capaz por estar amordazada. Esa misma noche llegarían sus compañeros de
piso. Pero no sabía si alegrarse o aterrorizarse ante la idea de que la
encontraran así. Intentó soltarse con todas sus fuerzas, pero estaba muy bien
atada y el pomo no cedía. Lloró desconsoladamente y dio toda clase de patadas y
golpes con los brazos e incluso con la cabeza, por la frustración.
Las horas pasaron y llegaron sus compañeros. Se encontraron una casa patas
arriba, con ropa tirada por todas partes, restos de comida y una chica pálida,
con los ojos irritados de tanto llorar y que al hacer un amago de levantarse
para llamarles, se resbaló en su propia orina, dándose un doloroso golpe que la
hizo llorar de nuevo, muy avergonzada.
Rápidamente la desataron y le preguntaron qué había ocurrido. Ella solo lloraba
y no decía nada. La metieron en la ducha y le dieron algo para tranquilizarla,
pero esta no era capaz de decir nada. La metieron en la cama y se pusieron a
recoger todo.
Ella lloró durante toda la noche, en una mezcla de vergüenza y odio.
Love Story
D
No consiguió dormir en toda la noche. Cuando llegó el día
siguiente ni siquiera se levantó para ir a la facultad. Sus amigos le trajeron
el desayuno a la cama pero no quería comer. Deseaba morirse o despertar de esta
pesadilla, pero estaba claro que no iba a despertar. Se quedó en posición fetal
en su cama, durante horas, pensando en todo lo ocurrido. Se sentía como una
completa estúpida, utilizada de la forma más vil, humillada sin razón aparente.
Sintió vergüenza de sí misma por haberse dejado llevar por los instintos más
bajos, que ella en ese momento juzgó como lo más maravilloso que podía haber
creado la naturaleza. Pensó que era un castigo divino a su comportamiento
amoral y desprovisto de las normas elementales de conducta. Sintió náusea de sí
misma por primera vez en su vida. Todo aquello con lo que había disfrutado
tanto ahora le era devuelto con contundencia y crueldad. No podía parar de
llorar mientras lo pensaba. Hasta hacía apenas unas horas era dichosa, mucho
más que eso, se sentía viva, libre de todo prejuicio, de toda apariencia
social, de todo idealismo barato. Había alcanzado la cúspide de todos los
placeres humanos, de la ruptura con todos los prejuicios posibles. No podía
entender como algo así podía ser malo. Aunque poco a poco intuyó levemente, que
quizás se había pasado, que había exagerado lo que hacía. Se había convertido
en una especie de necesidad enfermiza y no un mero placer o una expresión de
cariño. Se había vuelto voraz y completamente insaciable. Mil veces se negó a
sí misma que hubiera ocurrido algo así, pero tenía ciertas dudas.
Mientras divagaba sobre el tema, ya con cierta serenidad, aparecieron sus
amigos, con un sobre que habían encontrado en la mesa. Se había olvidado por
completo de él. Lo abrió con presteza…
Te preguntarás por qué ha ocurrido todo esto. Supongo que ya
habrás pensando en algunas razones. No has debido pasar una buena noche y lo
más probable es que esta experiencia te cambie. Pero antes te daré un preámbulo
de mis razones:
No nos conocimos por casualidad. Te conocía
desde hace dos años. Fuimos compañeros de facultad. Nada más verte me quedé
prendado de ti. Posiblemente fuera más lujuria que otra cosa, pero entonces lo
veía mucho más claro. Veía una chica inteligente, guapa, segura de sí misma y
encantadora. No me importó, en ese momento, que fueras simpática con todo el
mundo, ni que usaras frases hechas para todo. Tampoco que intentaras quedar
bien, oyeras lo que tuvieras que oír. El par de veces que pude hablar contigo,
me pareciste una chica despierta y algo distinta a las demás. Cada vez que
conseguía acercarme a ti, me corroboraba en esa idea y olvidaba por completo
otros indicios. Como veía a tantos chicos rondándote, me asusté mucho de
perderte, sin haberte tenido. Vi, que tenías una idea muy ambiciosa sobre lo
que tenía que ser un hombre que te pudiera ganar. A todos les dedicabas una
sonrisa, pero a ninguno una afirmativa. Eso me hizo valorarte un poco más,
pensando que eras mujer de principios. De mi no te acordarás, porque era el
típico estudiante con gafas de culo de botella, mal vestido y que se comportaba
de forma autista con la gente, que no le llamaba la atención. No por soberbia(
o quizás si), sino porque valoraba mucho las relaciones y el tiempo y no quería
entrar en apariencias que me provocaban náuseas. Luego descubrí, que en toda
relación, se puede hallar algo, por muy distinto que se sea de la otra persona.
Pero eso ya es otra historia…
Me obsesioné contigo, pensé que eras la
mujer de mi vida. Yo antes no había estado con ninguna chica y tú eras mi
mundo. Un día decidí escribirte un poema. Lo aceptaste de buen grado y me
dijiste que era muy bonito y que te sentías halagada. No me diste respuesta
alguna, solo una breve sonrisa. Los días pasaron y no ocurría nada. Intenté
hablar contigo en varias ocasiones y simplemente me contestabas con educación.
Algunas veces hasta me preguntabas cómo me iban las cosas. Me dabas incluso
consejos para vivir. Me chocó ese paso en empezar a tratarme con condescendencia.
Algunos días decidía ignorarte y entonces me pedías alguna tontería o me
hablabas de lo que fuera, pero siempre manteniendo las distancias. Parecía que
quisieras tener a alguien detrás, pero sin que nunca llegara a acercarse de
verdad. Mientras tanto, no dudabas en seguirle el juego a otros y hasta parecía
que coquetearas con ellos. Precisamente con aquellos que parecían escapar del
ideal que en alguna ocasión me mencionaste. Tíos con las ideas muy claras (no
como el imbécil de mí) sobre lo que querían de ti y lo que estaban dispuestos a
hacer para ello. Cuando te indagué un poco sobre ello, te quejaste con rapidez
de que solo buscaran tu cuerpo. No sabía si llorar o reír ante semejante
mentira que me estabas soltando y que quizás te estuvieras creyendo también. De
mis asuntos, evitabas hablar y siempre que lo sacaba, respondías con
ambigüedades, pero sin darme una respuesta clara, teniéndome siempre a la
espera.
Me empecé a volver paranoico, pensando que
jugabas conmigo y en que quedabas en secreto, con esos chicos que tan
superficiales te parecían en un principio. Empecé a sufrir muchísimo con lo que
estaba ocurriendo, viendo que me había inventado sobre ti una mentira, que
había creído tus mentiras. Pensé que todo lo diferente que podías tener de
otras chicas, era banal, solo apariencias, cuando en realidad eras exactamente
como las demás, con las mismas debilidades y falsedades. Me atormentaba
pensándolo, día tras día y por fin te marchaste a una beca. Ni siquiera te
despediste, tan por encima de todo estabas, que eras incapaz de valorar ninguna
amistad, ningún cariño. Todos eran como peones en tu ajedrez. No paraba de
juzgarte de esta forma, que muchas veces me pareció injusta. Me obstinaba en
pensar que todo lo que había visto, no eran más que percepciones erróneas y que
estaba siendo injusto contigo. Me moría de ganas por tener una señal, que me
demostrara que no eras una persona vulgar y superficial, que solo había jugado
un poco con un pardillo, que tuvo el descaro de fijarse en un chica tan guapa y
válida en todos los ámbitos. Pero te fuiste y me quedé solo, con mi dolor,
engendrado por mi estupidez.
A partir de entonces, algo murió en mí y
nació el desprecio por mi entorno y por las personas. Dejé de ver a las mujeres
como personas que me podían importar. Dejó de ser algo vital la sinceridad con
los demás y con uno mismo. Adopté las formas de los demás. Me empezó a
preocupar mi forma de vestir, mi apariencia física y era amable con todo el
mundo, aunque todos me dieran asco. Entraba a las chicas, sin pararme a pensar
si valían el canto de un duro. Me eran completamente indiferentes como
personas. Iba directamente al grano y eso gustaba a muchas. Otras aparentaban
ofenderse o mostrar indiferencia, pero no les seguía el juego y pasaba de ellas
con tanta facilidad como las entré. Seguía pensando en ti, pero ya de otra
forma. Solo eras la que me abrió los ojos, sin quererlo y ahora estoy seguro de
que tampoco lo hubieras deseado. Ya que aún tenía esa frustración arraigada por
querer creerme todas tus mentiras y tu piadosa amabilidad conmigo, decidí
demostrarme a mí mismo, que eras como los demás. En pos de mi descubierta
hipocresía, me gané a los profesores que necesitaba para poder hacer un
doctorado donde tú estabas. Habían pasado dos años y había hecho mis deberes:
Había utilizado a nivel profesional o sexual a casi todas las personas de mi
entorno, y casi nadie se había dado cuenta. Todos creían que era un gran tipo y
las chicas que dejaba, comprendían los rollos y mentiras que les soltaba con resignación.
Aparecí en tu facultad y me puse manos a la obra.
Durante días intenté ganarme a tus
compañeros de habitación. Les escuché atentamente en la cafetería y de forma
discreta, llamé su atención con un tema de conversación que les interesara
mucho. No fue muy difícil ganármelos (en realidad no es difícil ganarse a nadie
si se es un poco falso y se ríen todas las gracias estúpidas). Que termináramos
en vuestro piso, solo fue cuestión de tiempo. Contigo, apliqué el guión
establecido y funcionó paso por paso. Sin apenas decirte nada, creé en ti una
falsa idea de mí. Basta con no dar la suficiente información para que una
persona se crea lo que quiera. Mi reto no era seducirte, era sacar tu lado más
oculto. Mostrar esa verdad que todos tenemos dentro y que en muchos sale de
forma aberrante, al haber estado tanto tiempo oculta. En otros sale de la forma
justa, para alcanzar el equilibrio y la felicidad en la sinceridad con uno
mismo. Pero en tu caso, quise sacarlo todo en pos de mi venganza, de mi demostración
de que no valías más que nadie, por mucho que tu expediente dijera lo contrario
y la multitud de pretendientes, te hicieran tener el ego en un buen nivel.
Durante un tiempo, fuiste mi máxima aspiración. Y da un triste placer, al ver
que no tienes nada de lo que prometías y que todo fue una leyenda que te
formaste sobre ti misma, mediante estereotipos y frivolidades. Es por ello que
nunca conseguiste amigos, solo pretendientes, pero eso sí, un buen rollo con
todo el mundo. Lo malo para ti, y por lo que ahora estás sufriendo, es que hay
cosas que es importante valorar, por las que hay que luchar y ser sincero con
uno mismo. Pensarás que estoy contradiciéndome, porque traicioné todo eso hace
tiempo. He pensado mucho en ello. A veces pienso que fui débil, que por una
mera frustración traicioné todo lo que me hacía respetarme a mí mismo. Todo por
el placer del poder sobre los demás. Por el juego de las mentiras y las
inteligencias puestas a prueba.
Tu fuiste el origen y el final de todo y he
sentido un enorme placer al conquistar lo único que valoré y se me resistió,
por no cumplir yo un estereotipo. Creo que traicioné todo por la pura soberbia,
de saber que tenía razón. Solo por eso.
Ahora te encuentras en una encrucijada.
Después de esta experiencia puedes tomar dos decisiones. La fácil será odiarme
a mí y a los hombres, convertirte en una mujer fatal, ahora que has visto cómo
y todas las ventajas que tiene. Y la difícil, que sería dejar de mentirte a ti
misma, no guiarte por el mero morbo, ni por lo que una persona aparente. La
mayor lección que yo te pueda dar, es que quien se esfuerza en mostrar un
determinado lado, carece completamente de él. Y nunca encontrarás a nadie
válido, si no le encuentras algún defecto en breve tiempo. Otra cosa es que
realmente te importe a partir de ahora, o te siga importando.
Ciertamente no soy un ejemplo para darte
lecciones y esto lo hice más como un placer personal, que como una forma de
ayudarte, pero he hecho dos cosas y son bastantes interesantes. Si no te
hubiera amado tanto antes, simplemente me hubiera ido. Hoy has vuelto a nacer o
has muerto definitivamente.
E
Él, nada más dejar la nota en la mesa y salir por la puerta,
se dirigió a un bar (no muy cercano a la casa, por supuesto). Quería tomarse una
cerveza para celebrarlo. Caminaba por la calle con esa sonrisa de triunfo, de
satisfacción. Había hecho algo horrible, pero tuvo que utilizar todo su arte
para conseguirlo. Incitar a una mujer a sacar su lado más depravado, sin
parecerlo él en ningún momento. Todo por mera sugestión, como la cámara de
fotos o la mera estimulación de ciertas zonas, mediante las manos, hasta que
ella pidiera más. Se había estado preparando para este momento dos años y ahora
tenía la satisfacción de que nada podía resistírsele. Mañana partiría a España,
habiendo terminado días atrás su trabajo. Ella no volvería a verle.
Mientras paseaba, la ciudad le parecía más hermosa que nunca y veía todo como
algo pequeño y minúsculo, pues estaba cada vez más convencido de que se podía
comer el mundo.
Mientras tomaba una cerveza pensó con más profundidad sobre el tema. Quien era
él y quien era ella, a quien había engañado y conducido con tanta habilidad.
Pensó en el sentido de la venganza y en los placeres que reporta. En lo
profundamente enamorado que estuvo de esa chica, que luego había sido tan
maleable y tontita. Se partía de la risa, al ver lo distante que parecía, como
si fuera inalcanzable para un poca cosa como él. Ahora todo era tan jocoso, tan
frívolo, recordando lo perdidamente enamorado que estuvo de tan poco. Por un
momento la sonrisa se borró de su cara y apareció una mirada de tristeza.
Sintió náuseas tomando esa cerveza y salió a la calle.
Hacía un frío intenso y el rostro que tenía ya no era el de un ser victorioso,
sino de alguien que está dudando. Frunció el ceño y se dirigió al coche para
dar una vuelta. Pensó que así se le pasaría ese desaire. Recordó, no sin cierto
fastidio como la veía antes, como un ser puro y hermoso. En ese momento lo
hubiera dado todo por estar con ella y ahora todo eso no le sabía a nada. Pensó
si quizás no hubiera sido mejor mantener el sueño inalcanzable para darle
sentido a su vida. También se planteó si ella merecía semejante castigo. Al fin
y al cabo, ¿qué es lo que le hizo?¿ ser amable con él para que no se sintiera
mal con el rechazo?¿Pero acaso hubo rechazo?¿Realmente jugó con él o
simplemente tenía la cabeza en otros asuntos y no se planteaba las
consecuencias de cada una de sus palabras?¿Acaso prometió algo?¿ Dio muestras
reales de un sentimiento o mera e indiferente simpatía?¿Acaso no se aprovechó
él de su ingenuidad, de su inexperiencia?¿No podría ella haber estado
escondiéndose un poco de la realidad y comportándose de forma absurda por falta
de experiencia de vida o por miedo?¿Acaso era él el centro del universo, para
que ella estuviera pendiente de los sentimientos y percepciones de alguien que
le era simpático, pero poco trascendental en su ajetreada e intensa vida?
¿Acaso él no escogió a la más guapa?¿Acaso prestó atención a otras como él?¿No
fue igual de materialista y superficial, interesándose por una persona más,
estereotipadamente atractiva, pero sin nada importante que ofrecer?¿Quien era
él para juzgar, si ignoró en su vida a miles, que no le llamaban la atención,
pero fue simpático con ellos?
Aparte de dudar, de si lo que hizo estuvo bien, se dio cuenta de que ella había
sido lo más importante en su patética vida. Había sido su única aspiración
importante, la razón de su existencia. Acababa de perder para siempre a la
persona a la que más adoraba y todo por un estúpida e infantil venganza. Por un
momento dudó y pensó que había hecho bien. Ella no se había enamorado de su
persona, sino de una mentira que él había forjado. Lo último que quisiera es
que ella estuviera con él por lo que representaba y no por lo que era. Pero, ¿y
si realmente era esa persona, y si sólo sacó su mejor lado?¿Realmente aparentó,
llevó a cabo un rol?¿acaso no mostró un lado sincero de su persona, que
sencillamente requería de cierto esfuerzo que nunca antes quiso hacer?¿Acaso no
valoraba él a quien se valorase?¿No podía tener perfecta lógica que ella se
sintiera atraída por quien se valoraba y buscaba mejorar en todos los sentidos?
Ahora ya era tarde, pues había llegado a los hechos consumados.
Mientras pensaba todo esto sonaba una canción de Richard Clayderman en el
coche( es la eterna conspiración del destino, que suenen las canciones más
apropiadas en el peor momento).
No pudo evitar romper a llorar al ver lo que había destruido, quien sabe si no
había provocado la pérdida de la fe en la vida y en las personas, de esa chica.
Se iba poniendo cada vez más violento, mientras lloraba y golpeó la cabeza con
el volante, al mismo tiempo que provocó un trompo con el coche e hizo que este
diera vueltas de campana…
Mientras la sangre caía por su rostro, retumbó en su cabeza la palabra de Dios
que reza…Mía es la venganza, mía es la venganza…
Y él exhaló en un suspiro…Cierto
Love Story
(f)
Un coche avanza por la ciudad. El conductor se para frente a un bloque
de viviendas y hace una llamada perdida. Al poco tiempo baja una chica y se
sube. Ambos han quedado para ir a una exposición. La idea, curiosamente partió
de ella a pesar de que llevaban mucho tiempo sin verse. Primero fue un leve
tanteo. Ella dijo que estaba algo interesada en ir, pero no dijo si podría y
que confirmaría más tarde. Él se quedó como un tonto durante horas delante del
ordenador esperando a que llegara algún correo o un mensaje instantáneo. No
quería que el encuentro no ocurriera porque ella no tuviera su teléfono o
perdiera el interés por esperar su respuesta en el ordenador. Así pues, ocurrió
que él estaba delante de la pantalla, mordiéndose los nudillos por la espera y
ella confirmó al fin. Tras dar muchas vueltas para aparcar, salen del coche
tras una charla más o menos agradable. De repente, él se da cuenta de que tiene
la bragueta bajada y se la sube impulsivamente delante de ella. Luego piensa en
el terrible aliento a ajo que debe tener tras la comida. Todo parece conspirar
en su contra.
Mientras avanzan por la exposición, intentan hablar de cualquier cosa, pero
él, en vez de decir algo inteligente, sólo sabe meterse con ella. También sus
nervios le juegan una mala pasada y todo lo que dice parece sonar mal o
despectivo. Al salir, ambos parecen querer tomar algo. A él se le queda la
mente en blanco y no se le ocurre ningún maldito bar de esa maldita ciudad
donde llevarla. Sólo conoce cutre bares atestados de viejos y otros demasiado
ruidosos. Cogen el coche y tras mucho deambular encuentran algo. Se sientan y a
él se le retuercen los brazos sin poder tenerlos quietos. Se pone nervioso
mirándola a los ojos y tampoco sabe decir nada excesivamente inteligente.
Su tiempo se acaba. La lleva a casa y se despiden. Ha tenido su oportunidad
y la ha desperdiciado. Se pone a pensar en todas las veces que ha hecho el
ridículo esa tarde y ríe por no llorar.
Se despierta. Está en un hospital, conectado a varias máquinas. Se mira los
brazos y ve algunas cicatrices. Comienza a pensar en lo ocurrido. Lo del
encuentro no es algo reciente, ha sido un sueño, una pesadilla más bien, de lo
que hubiera ocurrido si hubiera quedado con la mujer de su vida. Pero no
ocurrió. Nunca se dio esa cita. ¿por qué está en un hospital? Poco a poco va
recordando la noche anterior. Cómo quedó con ella, como la humilló, como
traicionó todo lo que fue por una estúpida venganza. Y ahora sí, recuerda ir en
el coche y tener un momento en el que perdió el control y todo se volvió
oscuridad. ¿cuánto tiempo habrá pasado? - se pregunta.
Siente vergüenza de sí mismo, vergüenza de estar vivo. Ella no se merecía eso.
Nadie se merece algo así – piensa. Además, es la mujer a la que ama, no a la
que odia. -dónde estará? ¿qué habrá sido de ella?. Se pone a gritar para que
alguien acuda. Aparece una enfermera...
-¿cuánto tiempo llevo aquí?
- Tres meses. Ha estado en coma todo este tiempo
- ¿me recuperaré?
- Los médicos pensaban que no tenía muchas posibilidades, pero quizás le ayudó
la devoción de su novia
- ¿mi novia?
- Sí, la chica que estuvo viniendo cada día a verle. Aunque desde hace un mes
ya no aparece
- ¡tengo que encontrarla!
- Aún no se puede mover de la cama hasta que le den el alta
- ¡Y yo digo que sí puedo! - e hizo amago de levantarse y salir de la cama,
pero sus músculos debilitados le fallaron y cayó estrepitosamente al suelo,
haciéndose mucho daño. La enfermera gritó del susto y aparecieron más
auxiliares que le levantaron. Hubo que volver a cerrarle algunos puntos y
curarle una contusión.
Pasó otro mes más hasta que se pudo levantar. Le desesperaba no saber nada
de ella. Llamó una y mil veces a su móvil, pero estaba siempre apagado. Llamó a
la universidad, llamó a los supuestos amigos comunes que tenían, pero ninguno
tenía noticias de ella. Se habían vuelto a sus respectivos países, le habían
dejado el piso a ella y no tenían contacto desde hacía un tiempo.
Se atormentaba a cada minuto sobre su destino. Era culpable de todo lo
ocurrido. Lo sabía de sobra. Lo sorprendente, es que ella le hubiera visitado
durante dos meses. No podía entender el por qué tras la terrible humillación a
que la sometió. Desearía volver hacia atrás. No hacer lo que hizo. Disfrutar de
ese amor que tanto esfuerzo le había costado conseguir.
Nada más salir del hospital se dirigió a su piso. Llamó a la puerta y nadie
contestó. Se quedó horas esperando en las escaleras, pero nadie aparecía. De
repente se acordó que también tenía una copia de las llaves, que ella le dio
para los breves momentos en que le dejó ausentarse del piso. Se sintió muy
estúpido al acordarse tras esperar tantas horas. Abrió la puerta con
nerviosismo, costándole acertar en las cerraduras. Entró con presteza para
observar un dantesco espectáculo...
Ya no era el piso de antes, sino una pocilga. Por todas partes había basura,
restos de comida, botellas y jeringuillas. Miró desolado todo eso en busca de
ella. Vio una figura rociada por la tenue luz que entraba por las persianas,
tirada en el suelo. Se acercó a ella, con los ojos llenos de lágrimas. Estaba
completamente dormida, o borracha o drogada. La cogió en sus brazos con ternura
y la llevó a la cama. La recostó lentamente y la tapó bien, como a una hija.
Cada vez se sentía peor al verla. Al ver el resultado de lo que hizo.
Para hacer tiempo mientras dormía, se puso a recoger el piso y mirar lo que
podría comprar de comida. Seguro que no había comido nada normal desde hacía
tiempo. Miraba con horror las jeringuillas, pensando en cómo debía haber sido
el único modo para que pudiera olvidar, dormir, dejar de pensar obsesionada en
todo el mal que le habían hecho. Él era el culpable de todo. Y lo que más le
angustiaba es que ella hubiera pasado de visitarle y preocuparse por él, a
destruir por completo su vida sin importarle ya nada. Una chica ambiciosa,
valiente, que lo tenía todo en la vida y decidió destruirlo por una
humillación, por una frustración amorosa. No tenía sentido que una chica de su
carácter abandonara todo por lo que luchó y se hundiera en la auto compasión...
no tenía sentido.
Mientras recogía, oyó una voz débil que no consiguió reconocer:
-¿quien hay ahí? - dijo una voz que parecía de ultratumba
- soy yo
- ¿has despertado?
- si – y se acercó a la cama de ella, poniéndose de rodillas a su lado
- me alegro de que estés aquí – dijo la muchacha, mientras caía una lágrima de
su demacrado rostro, y le acariciaba los ojos y los labios al origen de su
desgracia
- ¿cómo puedes decir eso? ¡Soy el responsable de todo lo que te ha ocurrido!
- No. Tú me mostraste quien era realmente
- Sólo mostré tu peor lado. Pero tienes mucho más
- No lo se – dijo ella mientras volvía a dormirse
Él le besó las manos en silencio, desconsolado por el fruto de su obra.
Siguió recogiendo para intentar no pensar tanto. Tras horas que pasaron volando
con todo el trabajo que había, ella se levantó. Se encontró el piso un poco
distinto y comida preparada en la mesa. Él la observaba en silencio. Había
perdido en estos meses toda su belleza. Tenía la piel reseca, enormes ojeras,
manchas en su rostro y una palidez que asustaba. Sin embargo, en sus caídos y
tristes ojos brillaba algo distinto, como una mayor agudeza cuando miraba algo
o pensaba. Le miró agradecida por la comida que tenía preparada. Es entonces cuando
le brillaron los ojos y él se quedó mudo ante esa mirada.
Se puso a comer vorazmente. Todo parecía ser exquisito a pesar de lo poco que
sabía él de cocina. No se molestaba en disimular su hambre y toda la elegancia
de sus formas de antaño se había perdido. Él esperó a que ella terminara de
comer antes de hablar de nada. Prefirió que empezara ella.
- Pensé que no te recuperarías -dijo con una leve sonrisa, mientras él no
cabía de su asombro
- ¿por qué viniste al hospital? ¿por qué no me has golpeado nada más verme?
- Vaya preguntas más idiotas que haces
- ¿idiotas?
- ¿no es obvio?
- No, claro que no, sino no te lo preguntaría – dijo él nervioso
- Porque te quiero – y le miró, observando divertida su reacción
- No creo que sea momento para bromas
- No estoy bromeando
- ¿y por qué dejaste de ir al hospital?
- porque perdí la esperanza de que despertaras
- ¿cómo puedes amarme?
- De todos los hombres que he conocido eres el único que ha demostrado un
sentimiento sincero hacia mí y lo ha probado con esfuerzo
- ¿llamas la venganza y el odio un sentimiento sincero y probado?
- Claro que lo es
- ¿ y cómo puedes valorar algo así y amarme?
- Porque si no me hubieras querido tanto, no podrías haberme odiado y encima,
con tu “lección” me mostraste lo vacía que estaba mi vida – él se quedó en
silencio, esperando a que ella continuara – Mi vida parecía ser perfecta con
una carrera, muchísimos amigos, viajes, fiestas y pretendientes. Pero siempre
parecía fallar algo y no entendía el por qué hasta que te conocí. Sobre todo
tenía amigos, pero no amigas con las que pasara el suficiente tiempo, cosa
fácil para una chica mínimamente vistosa. Siempre me apoyaban en todo lo que
hacía, me reían las bromas, acompañaban a todas partes y no parecía que nada
tuviera que cambiar en mi vida. Sin embargo, muchas veces me sentía triste.
Todo era encantador, pero al mismo tiempo, tenía mis dudas de si era algo real.
Algo fallaba en todas esas amistades que me adulaban y comprendían y en cambio
eran tan críticas hacia otras personas o al mismo tiempo, me sentía vacía si
nadie me decía lo que hacía mal. Eso lo descubrí gracias a ti. Antes no podía
describirlo. En conclusión: no fui capaz de hacer autocrítica y creyendo ser
perfecta no me dí cuenta de todos mis errores, del daño que podía hacer, del
peso de mis palabras algunas veces, de las consecuencias de mis actos. Y topé
contigo, me descubriste mi lado más oculto. Ese que clamaba salir tras una vida
de amistades ficticias y superficiales, de luchar por sueños interesantes pero
insulsos en comparación con el amor. ¿lo comprendes?
- Si, pero no entiendo entonces por qué te drogas
- Porque la verdad no siempre ayuda al individuo y tras ese descubrimi
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