Quería comprarme un pantalón en unos grandes almacenes y estaba acompañado por una amiga que me estaba precisamente asesorando sobre la prenda más conveniente, teniendo en cuenta las últimas tendencias en cuestión de pantalones. Reconozco que yo soy un desastre en la elección de ropa y por eso agradecía mucho la ayuda de mi amiga. Me puse el pantalón nuevo y le dije a mi amiga que entrara en el probador para ver cómo me quedaba. De forma inesperada, a cien años luz de tal acción, mi amiga me puso su mano encima de mi paquete y me dijo que quería comerme la polla. Me quedé cortado,¡ había sido tan inesperado¡, pero pronto reaccioné, no había que desperdiciar ese arrebato erótico de mi amiga, precisamente ella que en la cama era tan reacia a practicar el sexo oral. Me bajé los pantalones y los calzoncillos y ella se puso de rodillas delante de mí, buscando mi pene que estaba escondido y bien paradito. Después de unos cuantos manoseos manuales el pobrecillo se reconcilió con la línea vertical, circunstancia que aprovechó mi amiga para lamerlo con delectación, con pasión, pasando la lengua por toda la superficie, especialmente en el glande y en el prepucio, bajando luego a lamerme los huevos. Luego abrió mucho la boca y se lo introdujo dentro, todo lo que pudo, succionándolo arriba y abajo. Al tiempo que succionaba, su lengua me lamía las paredes del pene llevándome al paraíso terrenal. Me tuve que tapar la boca con la mano para que mis gemidos no fueran percibidos por mis vecinos de otras taquillas. Le cogía y mesaba sus cabellos, mientras pulsiones eléctricas hacían tiritar a mis piernas. Me tuve que poner al final un pañuelo en la boca para no emitir suspiros y gemidos y gritos. Ella seguía con la tarea de forma compulsiva, sin parar, como si le fuera la vida en ello, y al final no pude más y una erupción brutal de miel blanca surgió de mi polla inundándola por completo, miel que ella se tragó por entero, sin dejar ni una gotita, tan golosamente la absorbía. Su golosidad impidió que se manchara de semen el pantalón nuevo. Compré el pantalón y percibí envidia en la empleada cuarentona que me atendió al mirar solapadamente mi rostro y el de mi amiga...Salimos y ya en la calle mi amiga me dijo que no le importaría nada asesorarme cuando quisiese comprarme una camisa....
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