La resurrección del líder espiritual de la secta de los nazarenos fue
la implosión definitiva que la lanzó a un éxito de expansión prodigioso. Bajo
un fortísimo impacto emocional algunos seguidores de Jesús tuvieron la
alucinación de que su líder había resucitado y convencieron a los demás, con lo
que se convirtió en una verdad apodíctica. La resurrección de Jesús fue un
hecho alucinatorio de sus seguidores, no
un hecho histórico, científico. Los únicos testimonios de la resurrección no
son objetivos, son de parte interesada, pues ningún historiador pagano da fe
del mismo, y los Evangelios, como es sabido, fueron escritos por seguidores de
Jesús. Si hubiera sido un hecho objetivo, comprobable, le hubiese faltado
tiempo a Poncio Pilatos para enviar un informe al Senado romano notificando tal
acontecimiento portentoso.
La resurrección de
Jesús y su desarrollo teológico posterior por parte de Paulo de Tarso y otros
Padres de la Iglesia
es lo que posibilita la aparición de una religión nueva, desgajada del tronco
judío común y que abre sus puertas a los gentiles, con un afán de proselitismo
muy acentuado, lejos del espíritu judío primitivo. La nueva religión se va
separando más y más del judaísmo, así pronto ya no será necesaria la circuncisión
para ser cristiano, y llena las necesidades espirituales del mundo antiguo
conocido y se expande poderosamente, no solo en el Próximo Oriente, sino sobre
todo en el Occidente europeo. La nueva religión es perseguida en el mundo
romano, pero aún así se encuentra cómoda y en expansión continua. Los obispos
condenan la divinidad del emperador, pero luego cuando la nueva religión sea ya
oficial no tendrán ningún empacho en defender el origen divino de los reyes. Esta
nueva religión se hace oficial, produciéndose la famosa alianza entre el trono y el altar, que predominó en toda la
Edad Media, y demuestra una extraordinaria habilidad
para ser una alianza fiel del poder civil, siempre que este mantenga como
oficial la religión cristiana. La
Iglesia, pues, se encuentra muy cómoda en las dos situaciones
de ser perseguida y de ser perseguidora de sus enemigos. Durante muchos siglos
ha sido religión oficial en muchos países y ha perseguido ferozmente cualquier
otra metafísica religiosa ajena a ella. Lo que la Iglesia tolera mal, donde
se encuentra muy incómoda, es cuando se enfrenta al laicismo, a la
indiferencia, entonces queda descolocada y no reacciona bien, en cambio, cuando
ha sido religión oficial o cuando ha sido perseguida se ha encontrado en su
salsa y se ha desarrollado con gran brillantez. En muchos países, así Irlanda, Polonia, Portugal, España, Italia, el
catolicismo ha sido religión oficial, y muchos consideraban en España hace décadas
que si un ciudadano no era católico, no podía ser un buen español.
En España no hace muchos años el catolicismo
era religión oficial y los obispos no ponían ningún reparo en poner bajo palio
cuando iba a entrar en las catedrales a un dictador golpista y cruel. La Iglesia siempre ha estado
muy cómoda cuando ha sido religión oficial y ha reprimido con dureza cualquier
otra manifestación religiosa o no religiosa, contraria a sus intereses. El cristianismo
siempre ha tenido una extraordinaria maleabilidad, al principio eran cristianos
sobre todo los esclavos y los desheredados, pero luego sedujo a las clases
patricias y éstas lo adoptaron y lo manipularon para defender sus intereses. En
épocas de persecución siempre ha demostrado una gran fortaleza interior y no se
ha perjudicado su expansión, pero su máxima comodidad es cuando se convierte en
religión oficial y se mantiene unida al poder civil y político correspondiente.
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