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Las matemáticas son algo más que ecuaciones

amcafe

Autor amcafe

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Publicado el 16/07/2009 | 320 Visitas | 3 Comentario(s)

Tenía 15 o 16 años, no recuerdo exactamente, y me habían suspendido las matemáticas, por lo que mis padres me buscaron un profesor de matemáticas para ayudarme a aprobar en septiembre, pero en vez de profesor resulto profesora, una mujer, muy mayor para mí entonces, dada mi edad, pues, con toda seguridad ya había pasado de los 30. Era una mujer de aspecto severo, la verdad no la recuerdo bien, ya que desnuda, desnuda, no la vi nunca, y los recuerdos se van perdiendo con el paso de los años, se van difuminando a medida que he ido conociendo a más chicas en el transcurso de mi vida. Lo que sí puedo afirmar es que era una mujer  muy agraciada, tenía buenos pechos, bonitas piernas, un trasero espléndido. Sus rasgos eran algo irregulares y exóticos, pero rotundamente estéticos. Era soltera. Su voz mantenía una modulación muy especial, hubiera resultado una excelente locutora, explicaba muy bien la asignatura, y lo hacía muy pedagógicamente.

            Mi clase tenía lugar a última hora de la tarde, era la última, sin duda alguna, y después de algunos días, cuando tuvo más confianza, empezó a invitarme a tomar una coca-cola, y charlábamos un rato. Me preguntaba si tenía novia, y ante mi respuesta negativa,  me preguntaba por cómo me iba con las chicas en general, sobre cómo nos divertíamos, en fin, cosas triviales, pero notaba que tenía un especial interés en saber cómo me divertía, un interés que adquirió consistencia lógica en el devenir de los acontecimientos posteriores. Yo estaba un poco tenso, no estaba acostumbrado a estar con una mujer tanto rato solo, y con una conversación tan privada, aunque aparentemente superficial, pero me gustaban esos ratos ajenos a las matemáticas que no me gustaban nada. Era, por otro lado, muy exigente, y se enfadaba mucho cuando no le hacía todos los ejercicios, me reprendía severamente como una madre muy exigente.

            Lo que me producía cierto embarazo es que siempre que podía me cogía de la mano, me tocaba con cualquier excusa, lo que me proporcionaba placer al mismo tiempo que turbación, pues yo nunca había tocado a ninguna chica todavía, y no era de los chicos más atrevidos precisamente.

            Al principio se vestía con pantalones, pero a partir de la segunda semana más o menos se vestía con faldas, ni cortas ni largas, pero de forma coqueta a veces dejaba que viera sus muslos, que eran relucientes, sedosos, carnosos. Un día, después de la clase, en nuestra conversación ya más privada, menos profesoral, me indicó que tenía una mancha roja en el muslo y me invitó a tocársela. Puse la mano encima de su muslo, y me entró un escalofrío especial, era la primera vez que tocaba la pierna de una chica, un muslo femenino, y me penetró una gran perturbación. Demoré más de la cuenta la permanencia de mi mano en su muslo e iba a retirarla, pero ella me la sujetó, y me dijo que no la quitara todavía, al tiempo que me miraba de una forma muy especial, pues nunca antes una chica me había mirado de tal modo. Mi corazón palpitaba a cien por hora, no sabía qué hacer, pues a un tiempo tenía ganas de marcharme a mi casa y por otro lado me hubiese gustado permanecer en esa postura….eternamente. Yo estaba tan  centrado en mí mismo, que no me percaté de la reacción de la profesora, de su receptividad a mi caricia. No le di importancia al hecho, me pareció muy agradable, pero trivial, y mi imaginación y fantasía no se desbocaron, no interpreté el gesto de la mano como una invitación  a mayores aventuras, era demasiado joven e inexperto. De haber ocurrido en años posteriores me hubiese lanzado sobre los tesoros de la chica…pero a la edad que tenía entonces bastante hice con no aparecer demasiado nervioso ante la situación.

            Durante unas clases más no pasó nada especial interesante para este relato. La profesora me dijo un día de repente si me gustaban las chicas, y cuando le dije que sí, me indagó si ella me gustaba, si había tenido deseos de acariciarme…pensando..en ella. Enrojecí de repente, me puse tan colorado que no sabía qué decir, y en mi confusión le confesé una mentira…que me había acariciado pensando en  ….ella, cosa que no era cierta, porque yo no me masturbaba, no solía hacerlo, pero no sé por qué mentí, y ella sonrió complacida, y con una sonrisa picante, me confesó que eso era normal, que no tenía de qué avergonzarme, que los chicos normales solían hacer…esas cosas…

            No piensen ustedes que la chica era una mala profesora, se ganaba bien el sueldo, me explicaba a conciencia todas las cuestiones de mi asignatura, y si no hacía los ejercicios que tenía que hacer en  casa, no había conversación privada y el castigo era que tenía que hacerlos en su presencia, sin coca-cola, ni…nada más. Esa regla de oro se cumplió en todo el tiempo  que me dio…clases…

            Un día estábamos sentados en  el sofá. Ella, sin más ni más, sin explicaciones, me cogió la mano y se la pasó por sus muslos. ¿Te gusta?, me decía, yo no decía nada, estaba demasiado asustado, puedes tocarlos todo lo que quieras, acarícialos bien, cuántos chicos quisieran estar en tu sitio…También de repente  me cogió la cabeza y se la puso en los muslos, chupa, chupa, chúpalos, verás qué ricos que están, no habrás probado nunca una cosa tan rica y deliciosa. Mi corazón estaba a  punto de explotar, estaba todo  rojo, colorado, pero me gustaba lo que estaba haciendo, los muslos sabían a gloria celestial, que cosa más suave y sedosa…Te voy a dar una cosita muy buena para que la chupes, verás que rica que es, me dijo, y se quitó las bragas  y  puso mi cabeza en  su cosita. Me hizo lamerla, y al principio no me gustaba, me parecía amarga y ácida, con un gusto muy raro, el gusto especial de los coñitos bien limpitos y ricos. Al principio no gusta, me decía, pero ya te acostumbrarás, poco a poco, cada vez te gustará más. A quien desde luego gustaba y mucho era a ella, cómo se movía, como se electrificaba su cuerpo ante mis caricias…Qué razón tenía la bandida, cómo acabó gustándome, y ahora es lo que más me gusta del sexo, lo que más morbo me da, lamer un rico y divino coñito. Lo  que más me alucina ahora del sexo es el sexo oral, soy un fanático del sexo oral y se lo debo a ella.

            No sólo me enseñaba matemáticas, también otras..materias. Me enseñó a meterle la lengua en todos los recovecos y repliegues de su coñito. También me enseñó a buscarle y a encontrarle el clítoris con la lengua y cuando lo encontraba tenía que presionarlo de una forma muy especial y concreta, muy determinada, y, cuando conseguía esa presión que la hechizaba, enloquecía. Poco a poco fui acostumbrándome  a su celestial coñito, y enloquecía yo también cuando  hundía la lengua en el interior de su rica y maravillosa rajita. Me empapaba de todos sus flujos y jugos, qué ricos que estaban, sabían a néctares de diosa. Mi lengua se ponía roja de la excitación y se movía como aspas de molino. Qué morbo que me daba cuando se corría en mi lengua, y podía hacerlo todas las veces que quisiese, infinitas…Qué morbazo en definitiva me entraba cuando, al correrse en mi boca, con mi lengua, movía las piernas y las caderas de forma eléctrica, arañaba la funda del sofá, mordía un pañuelo que tenía a mano, gemía, sollozaba y gritaba al final como una posesa. Mi lengua, al final de sus lecciones magistrales, se convirtió en insaciable, incansable, no se cansaba nunca, nunca se cansaba de lamer, de darle lamidas, lametones, lametazos, enloquecíamos juntos. Pasaba muchos,  muchos minutos lamiéndola, por arriba del coñito, por abajo, no dejaba ningún rinconcito por recorrer, actuaba como si fuese lo último que tuviese que hacer en la vida.

            A través de mi vida, tengo ahora 31, he lamido algunos coñitos, pues bien la chica que más ha disfrutado con mi lengua ha sido la profesora, dios, como le gustaba que le chuparan  el conejito, era todo un espectáculo contemplar como se retorcía de placer, como se electrificaba su cuerpo ante mis caricias. Fui un alumno muy aplicado, no solo aprendí a resolver ecuaciones, sino a comportarme como un lamedor de coñitos de gran clase.

            A ella no le gustaba chupar, no era espléndida, conmigo no me acariciaba demasiado, me chupaba un poco la polla, pero era más bien para que me corriera antes, no por placer de ella. Me chupaba un poco la polla y ante la tina de su cuarto de baño me masturbaba hasta que me corría y lanzaba todo mi semen sobre la tina. No dejó que la penetrara, no lo permitió, decía que no tomaba pastillas, y no le gustaban los condones, y naturalmente no quería quedar embarazada, como es natural. No fue generosa conmigo en ese aspecto, era muy egoísta, solo estaba pendiente de su placer, puro y duro.

            A veces me he preguntado cómo es que se arriesgaba conmigo. Si yo le hubiese contado algo a mis padres, hubiesen podido denunciarla por corrupción de menores y, aunque la denuncia no hubiese progresado porque yo, al fin y al cabo ya sabía lo que hacía, la hubiese perjudicado mucho y quizá hubiese perdido su empleo de profesora en un centro privado de ideología católica. No sé si era una pedófila, quizá no, lo que estaba claro es que  con un  adulto no podía comportarse de forma tan egoísta, pues el adulto hubiese exigido, aparte de la penetración, la práctica del 69, o en todo caso, que ella le hubiese chupado la polla hasta correrse en su boca, pero la chica, creo, que no estaba por la labor. Por tanto, su ideal sexual consistía en aventuras con alumnos adolescentes, como yo, a los que podía manejar como ella quisiera.

            Acabó el verano, aprobé las matemáticas, por la mínima, pero aprobé. Le propuse seguir viéndonos, pues yo estaba loco con las lamidas, estaba verdaderamente viciado, estaba drogado con  su coñito, pero ella me dijo escuetamente que la olvidara, que había sido maravilloso, pero que había pasado, y no había vuelta ya. La vida tenía que continuar por....separado.

Comentarios

Luci

Luci

21/07/2009

# 1

Hola, que historia tan linda... rara pero muy linda, me gustan las historias de este tipo... nos vemos... Suerte...

victortt33

victortt33

18/11/2009

# 2

Me encantó esta historia, sustentada en un relato...considero que es buena y que se puede mejorar.
No todos se animan a escribir sobre novelas, cuentos e historias eróticas, toda vez que hay que saber trabajarlas. Recibe un cordial saludo.

Ocean~Soul

Ocean~Soul

06/02/2010

# 3

Pues a mi no me ha gustado nada! Me parece que descarta por completo lo que realmente somos como personas... y esto ultimo creo que no tiene discusion, si hasta el propio lenguaje erotico es uno degradado...

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