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La última copa
-Otra...más...por favor...
William lo miró sorprendido de que pudiese hablar.
-No crees que ya es suficiente- dijo mientras vertía el Four Roses sobre los hielos.
El humo llenaba todo el bar arremolinándose en los rincones, como si estuviese aconteciendo una reunión de espectros. Un triste Blues era lamúsicade fondo. La lluvia que marcaba el compás de la noche.
Una mano perezosa y tambaleante surcó el aire insegura en busca de un cigarrillo. Los ojos del joven se asemejaban a dos tizones ardientes rodeados de bolsas negras, que contrastaban con la palidez de su piel.
-De esta...noche no...paso...-las palabras surgían de la boca de aquel muchacho de forma lenta y gangosa.
-Ya lo creo, con el ritmo que llevas, no pasas de las doce.
Jake llegó al bar antes de que el sol se ocultase. Solo se dedicó a beber. Una copa tras otra. Las engullía como si de agua se tratase. William no había presenciado nada parecido en los veinte años que llevaba tras la barra. Era algo inhumano, pero el dinero mueve al mundo, y él no era el obispo de la parroquia local.
Había algo en aquel joven que lo incomodaba. Quizás esas miradas furtivas al reloj, o que se girase cada dos minutos a observar la puerta, pero lo peor eran sus ojos, no transmitían nada solo un frío vacío. Lo único que tenía claro era que el misterioso joven estaba metido en problemas y de los gordos.
Jake se quitó el abrigo poco a poco, dejando a la vista la pistola que colgaba de su axila.
El camarero se movió instintivamente hacía la Beretta que reposaba detrás de la barra.
-Tranquilo William...no te voy a...matar- dijo Jake mientras se llevaba la copa a los labios- no se me da ...bien.
-¿Quién te dijo mi nombre?- preguntó el camarero sujetando el arma con más fuerzas.
-Ya sabes...se escuchan cosas...aquí y allá...¿sabes?
El pulso de William se había acelerado. ¿Y si aquel chico trabajaba para la mafia?, o peor aún, ¿y si le debía algo a la mafia?
-Oye...
-Jake...
-Como cojones te llames, si tienes algo que ver con la gente Pulsink, te debo pedir que te marches inmediatamente de mi bar.
Una risa de sapo emergió de la garganta de Jake quebrando el constante sonar de la lluvia.
-Creeme...que Pulsink y todos los mamones...que trabajan para él...es el menor de mis problemas...- miró hacia la puerta y luego comprobó el reloj, eran las 23:56.
- Para que llevas un arma, ¿he?, no creo que seas poli, y si lo eres ,estás arruinado. Y te tendría que pedir que te largases de mi bar porque aquí, no se admiten polis- William trataba de parecer intimidante pero su voz sonaba insegura, como un adolecente enfadado con sus padres.
-Llevo un arma... para defenderme de... los... peligros... de la noche, como tú..., tú llevas un arma y no eres ni poli..., ni mafioso, ¿no?... Además no está cargada mira- Jake abrió el revólver y con un sorprendentemente grácil movimiento de dedos, hizo girar el tambor, en efecto estaba vacío- pura apariencia...la gente se asusta...cuando ve un juguete...de estos...
- Entonces ¿qué pasa contigo?
- Es verdad que...le debo...algo...a..alguien, ojala fuese la mafia...- Jake quiso sonreír irónicamente, pero sus labios formaron una mueca de asco.
- Oye me da igual a quien le debas pasta, no quiero problemas en el bar, así que me pagas lo que has bebido y te largas de aquí.
Jake se levanto de la butaca, extendió un brazo y lo movió con gesto teatral abarcando todo el lugar.
-Lo siento damas y caballeros...aquí mi querido amigo...Williams...piensa que los estoy...incomodando...-dijo Jake en alta voz.
El bar estaba vacío.
-Vamos hombre...no me jodas...y déjame disfrutar de la última copa...
-Págame y te largas.
Jake metió una de sus manos rápidamente en el bolsillo del pantalón. William salto hacia la escopeta y apunto a la cabeza del joven.
Jake le extendió un billete entre los dedos.
- Quédate con el cambio...- dijo con gesto de desprecio- y..ahora...¿puedo beberme la última copa?
- Largo.
- ¡Joder!, ¿me vas...a...negar la última voluntad...?-una de sus manos aferró la pistola- mira...-otra vez con rápidos movimientos desarmó el arma y le mostró el tambor vacío- ¿quieres...más..pruebas...de que soy...indefenso...?
Jake llevó el revólver a su sien y apretó el gatillo.
Los sesos del joven salieron despedidos de su cabeza y chocaron contra la pared con un ruido húmedo. Cayó al suelo desplomado, el revólver todavía humeaba.
William se quedó atónito mirando el cadáver esperando que se levantase y le dijese que todo fue una broma macabra.
- Estaba vacío...- dijo William incrédulo.
-Ya sabe lo que dicen amigo, a las armas las carga el Diablo- un hombre se acercaba a la puerta desde las mesas que estaban al fondo del bar. Un olor a azufre lo acompañaba.
- ¡¡Oh Dios
mío!!- exclamó William santiguandose.
- ¡Vamos hombre!, no me insulte- dijo el extraño y salió a la lluviosa noche.
Eran las doce en punto.
FIN
Me fue muy grato encontrar tu comentario. La verdad es que hacía mucho que no me pasaba por aquí.Gracias.
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