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La trinchera

fernandoj

Autor fernandoj

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Publicado el 13/06/2009 | 323 Visitas | 1 Comentario(s)

La noche era fría, endemoniadamente fría, mis dientes castañeteaban, mientras con admiración, escrutaba las miles de estrellas, que ajenas a los problemas mundanos, brillaban con esplendor en el firmamento.

Tan sólo quedaban treinta minutos para terminar mi guardia, así que decidí dar un paseo por la trinchera para desentumecer mis congelados músculos. Con cierta osadía levanté la cabeza y observé las posiciones enemigas, creí percibir un casco moviéndose por el parapeto, rápidamente tiré mano de mi fusil, sin embargo pensé, que más que un enemigo, era un ser humano, que como yo, estaba atrapado en una zanja y para no morir congelado, había decidido estirar un poco los músculos. Me agaché y justo en ese momento una bala silbó por encima de mi cabeza. –“¡¡Cabrón mal nacido, si lo llego a saber, hubiese esparcido tus sesos por el maldito foso, será posible!!”. Grité con rabia.

Tras el disparo hubo un breve tiroteo, como resultado uno de nuestros hombre murió, durante una semana no pude dormir, “Si te hubieras estado quieto, en tu puesto, ese soldado seguiría vivo, esa muerte es culpa tuya, cargarás con ella toda tu vida”, me repetía la cabeza una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez….

La noche era fría, endemoniadamente fría, sólo faltaba media hora para dejar aquella infesta guarida, el teniente se ha levantado, su cabeza asoma por encima de nuestras defensas, de repente una trazadora pasa justo por encima de su cabeza, destellos luminosos se aprecian a uno y otro lado, es mi momento, pongo mi pistola en la frente de mi compañero y aprieto el gatillo, el tiroteo cesa, me cercioro que el hijo de perra ya no tiene pulso y grito “¡Camillero, camillero hombre herido!”.

Creo que va a ser la última noche que paso en el frente, mejor, estoy harto del frío, del hambre, del barro, del miedo, sólo espero que la pena no sea demasiado dura, además yo no era militar cuando, cuando, bueno el juicio será por lo civil, pronto me sacarán de aquí, -¡¡¡¡¿Qué haces, estás loco, aparta el arma de mi cab…….!!!!”.

Tras recibir las órdenes pertinentes tuve que recoger los efectos personales del difunto soldado, como su teniente tenía la obligación de hacerlo, una cartera de piel, con su identificación, dinero, fotos, un ordenador, una caja fuerte abierta, dentro tan sólo un recorte de periódico, “Muere asesinada, tras ser salvajemente violada, la hija menor de ....”.

-“La bala que le extrajeron no era del enemigo”-, me dijo el comandante, yo le expliqué que a veces el enemigo usa fusiles y munición fruto del pillaje, él convencido cerró el expediente y envió el cuerpo a su familia.

-“¿Cómo supiste que era él?”- pregunté.
-“En la oscuridad le ví acariciar una medalla, le dije que me dejara verla, después ya sabe lo que pasó”- me explicó con frialdad.

Desde aquel día ambos volvimos a conciliar el sueño.


Comentarios

Jyosti

Jyosti

13/06/2009

# 1

Fer, que misterio encierra esa trinchera...
Has realizado un texto muy bien logrado por la incertidumbre que encierra hasta el final.
Me ha gustado muchísimo!!
Un beso

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