Texto a Mis Favoritos
Autor a Mis Favoritos
Suscribirme a este autor
Comentarios (0)
Enviar un mensaje privado Autor fernandoj
Siempre he valorado la modestia, la humildad, el buen hacer silencioso. Admiro a esos héroes anónimos, que tenaces luchan día a día, para que todos podamos vivir en una sociedad mejor. Me fascinan los trabajos, que lejos de deslumbrar en el corto plazo y encumbrar a quienes los realizan, requieren años, esfuerzo y dedicación.
La importancia es un concepto relativo, seguro que un futbolista de elite, un cantante o un actor, realizan labores de la máxima importancia, para quienes les admiran. Para mí, tiene más calado el trabajo de un profesor, que instruye a cientos de chavales a lo largo de su vida profesional, un médico cuyos desvelos alarga la vida de nuestros seres queridos, o un científico, cuyos descubrimientos hacen avanzar a la humanidad.
Es naturalmente un punto de vista, de alguien, que lejos de aportar innovadoras ideas o tesis revolucionarias, se limita a ser soporte de quien las escribe. Será probablemente por eso, que tolero malamente protagonismos injustificados o egos subidos de tono. Uno de mis mayores placeres, es ver como ante mi, caen derrotados arrogantes teóricos, insolentes alumnos, o listillos de bar y partidas de mus.
Mi sola presencia hace cambiar la finalidad de un espacio, transformo cárcel en colegio, cobertizo en aula, hospital en universidad o un simple cuarto en una clase. Aunque normalmente pase desapercibida, pocos objetos son capaces, como yo, de mutar su entorno.
Tiempo atrás cubría la pared un colegio, al que cada vez menos alumnos asistían, oía que muchas familias inmigraban a las ciudades, así que en pocos años cerramos las instalaciones y me ubicaron en una sesuda clase de la facultad de ingeniería. Las nuevas tecnologías entraron con fuerza, portátiles y pantallas nos fueron desplazando, hasta que caímos en el olvido.
Un grupo de estudiantes decidió llevar material educativo a un lejano país, cuya existencia desconocía hasta ese momento. El triste almacén en el que nos pudríamos de polvo y olvido recobró vida, sus puertas se abrieron de par en par, eufóricos brazos, nos limpiaron, embalaron y con sumo cuidado fuimos colocadas en un camión. Ilusionadas volvimos a la actividad.
Nuestro nuevo destino se diferenciaba de los anteriores, exclusivamente por la falta de pintura en las paredes, unos bancos más desgatados y un idioma impronunciable para nosotras, ¡menos mal que somos mudas, sino…! Cambiaba la forma pero no el fondo, chiquillos de ojos despiertos, preocupados maestros, madres responsables que con sacrificio ofrecen a sus retoños un futuro esperanzador, lejos trabajos inhumanos y mal pagados. Nada nuevo.
Reconozco que me encontraba valorada en aquel cuchitril, adoro mi trabajo, soy adicta a las cosquillas de la tiza, a las caricias del borrador, incluso me río con las bromas, de las que en ocasiones soy objeto.
Una tarde, un ruido agudo, como el llanto de un niño pequeño aumentado 1000 veces, desbordó mis sentidos. No sabía que significaba, ni que ocurría, sólo recuerdo que al cabo de unos segundos, gran cantidad de objetos redondos y duros perforaban mi superficie, partiendo mi alma en mil pedazos, trocitos de tela impregnados en cuajarones de sangre escurrían por mi encerada tez. Caída en el suelo una profesora sujetaba en sus brazos un moribundo cuerpo, cuya desfigurada cara, reflejaba los efectos de la metralla sobre la blanda carne humana.
El horror encarnó en mi ser, mi mente fue incapaz de olvidar aquellas escenas, ya nadie pudo escribir sobre mi, la tiza sólo chirriaba sobre mi pulida cara, indeleble, permaneció el pánico, la impotencia, la desesperanza en quienes un día consideraba inteligentes, instruidos, preocupados por los demás. Aunque claro, nadie me dijo que también debía ser soporte de este tipo de lecciones.
Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Si no esta registrado en VOOTEXT puede registrase gratis y disfrutar de todo el sitio.
Copyright © 2012 Vootext.com Todos los derechos reservados.