Ese
sábado despertó con unas ganas incontrolables de ir al teatro. Era como
si una fuerza superior la llamara para ver esa… en realidad cualquier
obra. Por lo que recordaba de sus años culturalmente activos, calculaba
que con $10.000 podría conseguir una entrada. Así, lo único que llevó
consigo fue un billete azul con el que costearía su antojo.
En el trayecto imaginó la obra que quería ver; mmm, algo colorido, ya mucho me basta con el blanco y negro de Santiago, de mi vida… –pensó con un dejo de pesimismo, acaso por los últimos días que había vivido. Su mente siguió enviándole mensajes, tiene
que haber personajes de carácter fuerte, aunque he tenido tantos
encontronazos con ese tipo de gente, pero bueno, si los veo al frente
quizás los logro entender-
A esa altura del trayecto, sólo sabía que su fin último era ir al
teatro pero no lograba dar con la idea concreta, no sabía porqué era
tan imperiosa su necesidad y tan impulsivo su movimiento, sólo sabía
que había una especie de energía que la llevaba sin que ella pudiese
determinar hacia donde iba, seguía divagando: buenos actores por favor, diálogos fluidos y…mmm…- En ese momento sus ojos se dilataron como un niño descubriendo los huevitos de chocolate en época pascual, ¡MÚSICA EN VIVO!
Pensó de manera tan emocionada que hasta se escucharon sus ganas. Se
dio cuenta que lo necesitaba era ver un cuadro completo; movimiento,
diálogo y sonoridad.
Apenas llegó, quedó maravillada por el
estilo minimalista de la sala, admiró los carteles hechos a manos del
pasillo de su derecha, por donde se dirigían hacia los baños y derrochó
entusiasmo ante la oscuridad del corredor de su mano izquierda que
llevaba al escenario, olía arte. Luego de la sublimidad artística, notó
por su vestuario y maquillaje que uno de los mismos actores estaba
desarrollando la función de portero, claro a menos que los porteros
ahora se disfrazaran de dioses escandinavos a la usanza de Tor. ¿Estará actuando como portero, o será un portero actor? Pensó de manera graciosa mientras esbozaba su ansiosa sonrisa…
- Quiero una entrada para la obra – Le dijo agitando por el aire su azul pertenencia que sacaba del bolsillo
- …señorita, lamento decirle que con esa plata no le alcanza para ver la obra, a lo sumo para la voz…
- ¿Cómo que no alcanza? ¡Pero si esto me alcanzaba antes, e incluso compraba una coca-cola! –Le dijo enérgicamente sin reparar en lo que Tor le decía.
- …pero señorita, si usted sabe que todo sube…
Todo sube menos mi sueldo,
pensó ella acongojada mientras miraba horizontalmente como si la
respuesta estuviera en los costados de lo que ahora ella consideraba un
sucucho de mala muerte que se hacía llamar anfiteatro, y así cobran más de diez lucas, pensó con enojo en sus venas cuando repentinamente recordó lo que Tor le había dicho…
- ¿Qué es eso de la voz?
“Bueno señorita, déjeme comentarle”
– Le dijo adoptando una postura teatral, ensayando una reverencia con
su mano derecha hacia la espalda mientras la palma de la mano izquierda
se extendía como una ofrenda hacia ella.
- Lo que ocurre es que usted sabe que es una obra de teatro con música en vivo…- hizo una calculada pausa y al comprobar que ella asentía, continuó- y
por lo mismo nosotros si bien no podemos ofrecerle toda la obra por el
dinero que usted tiene, podemos permitirle si así lo desea, que
presencie la canción principal de nuestra obra, pero sin los actores.
Sería sólo la canción principal…La Voz…¿Me entiende?
- Ajá…entonces
¿qué? ¿Me tengo que esperar acá hasta que termine la obra para que al
cabo de dos horas unos músicos me hagan pasar?– Preguntó un poco confundida, un poco enojada…un poco frustrada.
- ¡No
no señorita! Discúlpeme usted si no me expresado bien. Con el dinero
que usted tiene, le alcanza para que nuestra solista le cante la
canción principal a usted y a capella, pues bueno…verá, los músicos
cobran otra tarifa. Luego, si usted quiere, podemos proceder de
inmediato, previo pago adelantado- Ofreció Tor, retomando la reverencia.
Al cabo de unos segundos de silencio, sin pensar mucho en lo que le ofrecían alzó la vista.
- Acepto.
Tor la tomó por el brazo y la llevó a una sala contigua, justamente en
el pasillo de los carteles hechos a mano. Cerró la puerta con
delicadeza extrema y le indicó que tomara asiento en donde se sintiera
más cómoda. La salita era pequeña, pero lo justo como para que cupieran
cinco corridas de asientos. En la pared izquierda colgaba un cuadro con
la solista cantando en las sombras y en la pared derecha habían
instaladas unos dispositivos artesanales que evitaban que el sonido se
propagara. Cuando estaba imaginando qué cosas harían en esa sala, se
abrió la puerta y apareció la solista.
Ante sus ojos apareció
una mujer muy grande, de aproximadamente cincuenta años, con varios de
ellos cantando imaginó ella. Iba vestida de azul profundo y muy
pintada, con el cabello tomado en un moño en la parte trasera de su
cabeza y medio cigarrillo consumiéndose en su mano derecha. Se le
acercó y dijo:
- ¿Así es que usted quiere la voz? – preguntó con una voz demasiado ronca para ser una solista.
- Ehmm…sí, eso mismo –
No sabía si quería eso precisamente, pero igualmente se impresionó con
la señora y quería tener el menor diálogo posible con ella.
En ese momento, la solista comenzó a cantar deliciosas frases a ritmo
de tango…no, era un bolero, no un bosanova… era…era algo que ella nunca
había oído antes. La música como ella la conocía antes no tenía cabida
en estos momentos. Podía cerrar los ojos y visualizarlo todo. Aquello
era un bálsamo para sus tímpanos acostumbrados estas últimas semanas a
frases tan poco amigables. A medida que avanzaban los segundos, la
interpretación se hacía cada vez más sentida, sus ojos comenzaban a
sentir la niebla propia del momento en que caerá la tormenta.
No aguantó más y rompió en un mar de lágrimas.
- ¡Gracias, muchas gracias! fue conmovedor, nunca nadie me había hecho sentir así gracias a la música – dijo entre convulsiones lagrimales.
Sin inmutarse por los sollozos, dio media vuelta y caminó hacia la
salida. Al pasar por el umbral de la puerta la miró de reojo y dijo:
- De nada niña, has escuchado la voz.
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