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La lección

fernandoj

Autor fernandoj

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Publicado el 15/06/2009 | 379 Visitas | 2 Comentario(s)

El orgulloso propietario de una espectacular embarcación de recreo, paseaba alegre por el puerto náutico, haciendo malabarismos con las llaves del flamante deportivo que acaba de aparcar junto al lujoso restaurante, en el que había reservado mesa para cuatro. Era, sin lugar a dudas, el blanco de todas las miradas, el centro de todas las envidias, el modelo a imitar.

Según dicen empezó limpiando el caracolillo de pequeños barcos de pesca, hoy es propietario de dos puertos y una empresa naviera, dicen que es un hombre con un sentido del humor único, mantiene relaciones con los personajes más variopintos, se le puede ver bromear con un marinero, con una tonadillera o con el presidente de un país de tercer mundo. Es una persona con un magnetismo especial.

La noticia sembró de lágrimas el jovial ambiente del club náutico, se decretaron dos días de luto en el ayuntamiento y en la coqueta iglesia de la localidad costera, la gente desbordó su reducida capacidad. Aquel hombre que rebosaba felicidad y éxito se suicidó en su barco. Nadie daba crédito al sucedido, nadie lo esperaba, ni sus cinco hijos, ni su esposa, ni su hombre de confianza, a todos les pilló por sorpresa.

Al cabo de un par de meses, el juzgado embargó todos sus bienes, su familia se quedó sin nada, por lo visto su negocio no era precisamente el de los barcos, sino el tráfico de sustancias prohibidas.

Sus cinco hijos paseaban por el puerto, pero no vestidos con ropas de marca, sino con un mono teñido de grasa, seguían subiéndose a barcos de lujo, pero no para darse un paseo con precisas modelos, sino para hacer trabajos de mantenimiento, llevan deportivos, pero ya no son suyos, ya no gastan bromas con los camareros, ahora son los camareros quienes se las gastan. Sin embargo, y a pesar de todo, su madre, esa despampanante mujer, que ahora limpia en un restaurante, destila elegancia y clase incluso con su impecable uniforme color azul. A sus hijos les dijo “La dignidad no depende del dinero que se tenga, sino de lo que haya en la cabeza, vuestro padre jamás entendió esa diferencia, y lo pagamos todos muy caro, sólo espero de vosotros que nunca perdáis la dignidad”.

Hoy nadie se acuerda de aquel millonario venido a menos, pero el recuerdo de su mujer y de sus cinco hijos, ese recuerdo sigue vivo en la mente de todos.


Comentarios

Jyosti

Jyosti

15/06/2009

# 1

Fer, ralmente has logrado con esta historia un excelente relato, que nos deja una gran lección de humildad, ya que el dinero no compra al ser sino al parecer.
Muy bueno.
Un abrazo.

aroint

aroint

11/08/2009

# 2

Este relato tuyo me ha entusiasmado por algo más que tu habitual arte para pintar la desgracia... sino fuera por eso sería un muy buen relato más. Su mensaje final es positivo, algo que no suele abundar hoy en día.

Por eso me ha encantado.

Saludos cordiales.

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