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La celda

bor

Autor bor

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Publicado el 19/02/2008 | 76 Visitas | 0 Comentario(s)


La celda

 

La celda (A)

 

Apenas dos metros cuadrados de espacio. Entra algo de luz por una pequeña rendija en lo alto de la pared. La piedra que forman el suelo y las paredes, está fría y húmeda. Una sombra se mueve ligeramente  entre esa oscuridad, tosiendo de forma enfermiza. Hay algo de sangre en la puerta y también en la frente de su morador. Quizás en un momento de desesperación golpeó su cabeza con la puerta, por histeria o con la absurda intención de matarse. Cinco años lleva él ahí encerrado y va notando como su vida se escapa. Cada vez más enfermo, con menos esperanzas y deseos de vivir, su cuerpo se marchita, su tez está pálida y sus ojos sólo reflejan tristeza.

 Una vez al día, se abre una portezuela por la que aparece una mano, dejando comida en un tosco cazo de madera. Es el único contacto que tiene con seres humanos, la visión de esa mano, que lanza el cazo desde fuera, para que no intente atraparla en un acto de locura.

Mucho tiempo esta pensando en lo que pasó desde que llegó a ese bosque…

 

 Árboles centenarios, helechos, lluvia. Aparece un niño corriendo, con heridas recorriendo su cuerpo. Llega rendido a un río y bebe con ansiedad. No aguanta más su cansancio y cae desmayado. Le encuentra un cazador, que debe vivir en ese bosque. Le recoge y lleva a su cabaña. En ella se encuentra su familia. Una mujer castigada por la vida, matada de tanto trabajar, de criar a sus hijos y sobrevivir en tales parajes. Tienen tres hijos. Un niño y dos niñas. El más mayor es el hijo que ya ayuda a su padre en todo lo que puede. Una de las hijas también colabora en las labores domésticas, cultivando la tierra o lo que se tercie.

A pesar de la sencillez de sus vidas, se vislumbra una cierta nobleza en sus rostros. Algo que denota una vida un poco más libre y orgullosa, que la de los siervos, siempre humillados por los nobles, deslomados a trabajar hasta la muerte. 

 Cuando aparece el padre con el chico, no hay reprobación en el rostro de nadie, por otra boca que alimentar, sino más bien piedad. Toda la familia se vuelca en curar las heridas del muchacho, como si fuera un ser querido.

 Pasadas 12 horas por fin despierta. En ese instante sólo se ha quedado la hija mayor a su cuidado. El padre y el hijo han salido a cazar y la madre ha salido con la hija pequeña al huerto.

 La hija mayor tiene un rostro dulce, sincero, bondadoso, que sólo muestra naturalidad. Rápidamente al verle despierto, le sonríe cariñosamente y le dice:

 

-          ¿Quién eres? ¿ de dónde vienes?

 

 Él se queda callado, mirándola desconfiado

 

-          ¿vienes de la ciudad? Mi padre vino de allí ayer y me dijo que ha habido una revuelta contra el rey y que han matado a la familia real.

 

 A él se le abren los ojos, llenos de terror y esconde la cara en sus manos, rompiendo a llorar. Ella, de forma maternal, sin comprender lo que le ocurre, le abraza cariñosamente para que se tranquilice. Se quedan así un buen rato, hasta que llega el padre con el hijo que les mira con cierta desconfianza, aunque al instante comprende todo.

 Le hace al muchacho las mismas preguntas, obteniendo la misma respuesta. Observa detenidamente al chico. Tiene las manos y el rostro de un noble, delicados, sin las marcas que deja la vida entre la gente humilde. Por fin, agarrando al muchacho por los hombros y mirándole fijamente a los ojos le dice:

 

-          He oído en la ciudad, que uno los hijos de la reina consiguió huir de la muchedumbre que asaltó el castillo. ¿eres tú?

 Al chico le entra el pánico e intenta soltarse para escapar de esa casa. El padre le sujeta con fuerza y le grita:

 

-          ¡No vamos a entregarte¡ ¿entiendes? Tú no tienes la culpa de lo que pudieran hacer tus padres. Te quedarás con nosotros si es necesario

 

 El chico no se lo cree y sigue intentando soltarse, gritando histéricamente, movido por el pánico y llorando desesperado. El padre le abraza con fuerza, para intentar tranquilizarle y por fin, el joven dejó de forcejear y le abrazó, desgarrado por el dolor que sentía con la muerte de sus padres, llorando en el hombro de ese desconocido que le había salvado la vida.

 

  Poco a poco, el chico se fue recuperando. Costó al principio que ayudara a su nueva familia y eso provocó el rechazo de sus nuevos hermanos. Pero él se fue reeducando, agradecido de que le salvaran y descubriendo una vida dura, pero mucho más intensa y fascinante que la que había vivido en palacio. Juntos, salían el padre y los dos hombrecitos a cazar, a pescar, a comprender la naturaleza que les rodeaba. Los lienzos, las estatuas y las vidrieras fueron superadas en belleza por los árboles, los ríos, el sonido o el silencio que impregnaban cada rincón del bosque, cada piedra, cada brizna de hierba. Poco a poco se fue olvidando del horror vivido, gracias al amor que le daba esa familia a la que debía todo. Pero como todo, nada es eterno y un día su nuevo padre le dijo:

 

-          Tengo a un viejo amigo, que fue maestro de tu padre. A pesar de vivir en Palacio, nunca olvidó sus orígenes y siempre se relacionó con el pueblo. Cazaba con mi padre, cuando su edad aún se lo permitía y aprendí mucho de él. Quizás debieras conocerle.

 

Él le miró con consternación y gritó:

 

-          ¡¿para qué?!. Odio a mi padre. Fue un monstruo, que jamás nos quiso y que hacía daño a mi madre. Por su culpa ella murió y también mis hermanos. ¿por qué iba a querer recordarle?

-          Precisamente por eso. Porque no le conociste en absoluto. Quizás si hablas con este hombre, descubras que tuvo cosas buenas y se borre esa mancha que tienes en tu corazón.

-          ¡no! – gritó él y se fue corriendo al bosque.

 

  Avanzó largo rato, hasta alejarse mucho de su casa. Ahora que era feliz, tenían que volver los fantasmas del pasado. Reflexionó durante horas, contemplando el río de tumultuosas y gélidas aguas, dónde estuvo a punto de morir tiempo atrás.

 Volvió a casa, dónde ya estaban preocupados por él. La mayor de las hijas, le abrazó con lágrimas en los ojos y diciéndole.:

 

-          Pensamos que ya no te volveríamos a ver

-          Lo siento – dijo él, abrazándola con ternura y culpa. Y mirando su padre dijo:

-          Papá. Quiero conocer a ese hombre.

 

 

La celda (B)

 

Una fría mañana, estaba él, despiazando un animal que acababa de cazar con su hermano. Se encontraban bromeando, sobre quien había corrido antes al ver el jabalí que arremetió contra ellos. Lo cierto es que ambos habían corrido como si les persiguiera el mismo demonio, al ver los colmillos y el tamaño de ese animal.

 Mientras reían, aparecieron dos figuras entre la bruma del bosque. Una era completamente familiar para ellos, pues se trataba de su padre. La otra se movía con lentitud y dificultad. Poco a poco vislumbraron a un hombre ya bastante entrado en años. Se trataba del viejo maestro.

 Se acercó con una sonrisa al muchacho. También saludó respetuosamente al hijo del cazador, pero rápidamente se centró en el hijo de la reina.

 

  -     Hola. No me conoces. Me aislé de las intrigas palaciegas antes de que nacieras, en la biblioteca.

-          ¿por qué lo hiciste?

-          Para que no me mataran y porque tu padre ya no me necesitaba

-          ¿por qué iban a matarte?

-          demos un paseo

 

Se dirigieron al bosque, mientras su nueva familia le observaba con cierta tristeza.

La hija mayor le preguntó a su padre si les abandonaría. Él dijo que no lo sabía y que todo seguiría su curso.

Caminaron en silencio el anciano y el muchacho hasta que este no se pudo contener más:

 

-          ¿por qué querías conocerme?

-          Tu nuevo padre me pidió que te aclarara ciertas cosas y también ví una esperanza en ti.

-          ¿una esperanza?

-          Si

-          ¿por qué?

-          Eso te lo explicaré luego. Ahora te hablaré un poco de tu padre, a quien, supongo no tendrás en gran consideración

-          Cierto

-          Tu padre, a su modo, era un gran hombre. Dónde había mil reinos siempre enfrentados, creó uno solo. Desarrolló nuevas leyes, protegió en lo posible a los débiles y nunca antes hubo tanta prosperidad como con él.

-          ¿y por qué le mató su propio pueblo? ¿por qué le odiaba mi madre?

-          Su pueblo le mató, porque se dejó de preocupar por sus obligaciones, destrozado por el dolor que le causaba el rechazo de tu madre. Lo malo, es que ella en el fondo le amaba, pero era demasiado orgullosa para reconocerlo ante sí misma, hasta que fue demasiado tarde.

-          No lo entiendo.

-          Con el tiempo te darás cuenta, de que a las mujeres no se las puede entender –dijo el maestro con una sonrisa irónica - Únicamente, se las puede amar y tratar de hacer felices. Tu padre cometió el error, de querer conquistar a toda costa a esa mujer, traicionándose a sí mismo y toda moral, en nombre de ese amor, mezclado con rencor y odio.

-          ¿y por qué el pueblo, en principio le llegó a amar tanto?

-          Porque siendo amado por su pueblo, conseguiría mucho más de él y le seguirían en sus grandes proyectos. Al contrario que sus hermanos, frívolos, crueles y decadentes, en él siempre quedó ese lado humanista, que le hizo conocer las necesidades de su pueblo y cómo mejor valerse de ellas, llegado el momento. El amor le hizo trabajador, sacrificado, valiente hasta la temeridad y muy ambicioso, pero sin perder una mente calculadora, con la suficiente bondad, para ayudar a todos los que pudiera, siempre y cuando no se interpusieran en su camino.

-          ¿por qué ella no se dio cuenta de que le amaba hasta que fue demasiado tarde?

-          La mayor parte de los humanos nos damos cuenta de las cosas cuando ya no tienen solución. Nos obcecamos en nuestras fantasías y sueños, olvidando por completo nuestra realidad, necesidades y valores. Ella en el fondo no hubiera sido feliz con nadie más que con él, pero se dejó seducir por sus instintos más primarios. Y a él le ocurrió lo mismo. Hubiera podido buscar el amor en muchas otras mujeres, que no tuvieran tan alto concepto de sí mismas y ser feliz. Pero vivió por y para esa obsesión, en contra de su destino.

-          Estaba loco, entonces.

-          El mundo lo cambian los locos. Aquellos que no aceptan el destino que les imponen. Casi siempre termina mal para ellos, pero su vida es mucho más plena. Estoy convencido, de que tu padre, a pesar de todo lo que sufrió, se sintió más lleno que todos los que le rodearon  y se dejaron llevar por su estela.

-          Él no es mi padre

-          ¿cómo lo sabes?

-          Mi madre se lo gritaba constantemente delante de todo el mundo.

-          Tu madre mintió

-          ¿cómo?

-          Me convertí en su confesor. Venía ocasionalmente a la biblioteca a hablar conmigo. A pesar de que yo había sido el mejor amigo del rey, quiso confiar en mí. Lo cierto es, que ella jamás le fue infiel. Todo eso se lo decía para hacerle daño

-          ¿y cómo pudieron tener varios hijos?

-          Hubo ocasiones, en que ella cedió. Él muchas veces bebía hasta perder casi la consciencia. Luego iba al cuarto de la reina, caía llorando de rodillas ante ella y le pedía que le perdonara. Le decía lo mucho que la amaba y cómo había hecho todo ese mal, únicamente por el amor que sentía. Tu madre, algunas veces se conmovía con esa sinceridad y no le rechazaba.

-          ¿entonces soy el príncipe heredero del reino?

-          En cierto sentido sí. Pero ahora hay anarquía en el reino y los nobles que juraron vasallaje, han vuelto a imponer sus propias leyes en los feudos que poseen y pelean por el trono. Y cómo los hijos de la reina supuestamente eran bastardos y han sido asesinados, pronto habrá una guerra civil, que destruirá todo lo que creó tu padre con sangre y ley.

-          ¿y qué pretendes que haga? ¿debo volver a la ciudad, abandonando a la familia que me lo ha dado todo y reclamar el trono?

-          Tienes que hacer lo que te dicte tu corazón. Si estalla la guerra civil, lo más posible es que también puedan sufrir tus seres queridos. Los soldados ebrios de sangre, matan a todos por puro placer y demostración de fuerza.

-          Entonces no tengo elección

-          Sí que la tienes. Al fin y al cabo, sólo te comento eso como una posibilidad. Tu familia escogió el bosque, precisamente para vivir en libertad. Pero cuando llega la guerra, es difícil esconderse. Sé que te estoy poniendo en una situación muy difícil. Te juro que no lo haría, si no pensara también en ti y en tu familia. Pero creo, que si tienes algunas de las cosas buenas de tu padre, además de ser su único heredero, puedes hacer que todo vuelva a ser como antes de que perdiera la cordura. Yo te ayudaré en lo que pueda. Te mostraré todas las ramas del conocimiento y haré que otros te enseñen sus oficios, para que tengas pleno conocimiento de la realidad de tu pueblo.

-          No quiero terminar como mi padre

-          Pues aprende de sus errores, pero también de sus virtudes. Es la única forma de alcanzar la plenitud y de que evolucione la humanidad.

-          Lo pensaré

 

 

La celda ( C )

 

El maestro se marchó y dejó al muchacho trastornado con lo que se le venía encima. Fue a hablar con la que había sido su familia durante estos años para contarles las novedades. Se hizo un silencio de muerte. Por fin habló su padre:

 

-          entonces…¿te vas?

-          Creo que es necesario. Sino, puede que también os pierda a vosotros, por no hacer nada.

 

El padre se quedó callado, respetando su decisión, pero la hija mayor no pudo contenerse:

 

-          ¡¿por qué? ¿no has sido feliz aquí con nosotros? ¿tan necesario eres? ¿quieres que te maten? ¿entrar en ese mundo de intrigas y asesinatos? ¿realmente piensas que cambiarás algo? ¿te seducen más las historias de caballeros, princesas y batallas, que una familia que te ha querido incondicionalmente? ¿cómo puedes ser tan egoísta?!

-          No creí ser egoísta. No me entusiasma la idea de dejaros para luchar, quizás inútilmente. Creo hacerlo por vosotros.

-          ¡Si lo haces por nosotros, no lo hagas. Quédate. Olvida ese mundo viciado y corrupto, lleno de odio y dolor!

-          Si no voy yo a ese mundo, es posible que este os llegue a vosotros y os destruya. Y no quiero algo así.

-          ¡Mientes. Lo haces por la gloria, por el poder, por la riqueza. Vete entonces y no vuelvas jamás!

 

Ella salió corriendo de la cabaña, adentrándose en el bosque. Él recogió sus cosas cuánto antes y se despidió de su familia. Esperó a que ella volviera, pero parecía claro que no regresaría hasta que él se fuera.

 Partió con un vacío en el corazón, recordando todos los momentos felices que había pasado con ellos y en especial, el afecto que siempre le había profesado ella. No soportaba haberla herido, pero creyó, que no era capaz de entender, que todo esto lo hacía por ellos y que, tarde o temprano volverían a verse.

Se dirigió a la vivienda del maestro en la gran ciudad. Nunca hasta entonces la había visitado, por si alguien le reconocía. Pero ya habían pasado años y había cambiado por completo. Ahí seguían las tres torres negras, símbolo del poderío del imperio y también de su horror. Veía a su padre en cada una de esas piedras. Su figura, desplazándose por el castillo, silencioso, con esa mirada triste. Cómo tocaba incansablemente el órgano, tras escuchar los insultos de la reina en la cena. Ahora creía comprenderle un poco mejor, aunque el afecto hacia su madre, fuera mucho más fuerte inconscientemente.

 

 Se quedó a vivir con el viejo maestro y con él aprendió durante años, lo que antaño aprendiera su padre. A su vez, los amigos del maestro le enseñaron diversos oficios, como el de herrero, carpintero o albañil. Se vio obligado a servir como paje de otros caballeros. Su maestro le quiso imprimir humildad a su pupilo, para que nunca dejara de tener los pies de la tierra, ni de comprender a aquellos a quienes serviría gobernándoles, aunque parecieran servirle ellos a él.

 Cuando por fin le vio suficientemente preparado, comenzó a contactar con muchos nobles, que habían creído en su padre y concertó un encuentro. Les explicó todo y estos parecieron sorprendidos, pero esperanzados. Para bien y para mal, había sido el mejor rey que habían tenido.

 Para coronarle rey, tenían que reunir un ejército poderoso, entre los que aún se acordaban de los tiempos de gloria. Posiblemente, muchos de los regulares que tuvo la corona, se unirían encantados. Pero ahora el castillo estaba controlado por los antiguos ministros del rey. Gente corrupta y cruel, que en nada querían aplicar el legado de a quien sirvieron. Únicamente pensaban en el oro y el poder. Se pasaban el día confabulando, mientras se divertían en constantes orgías, despilfarrando el tesoro del reino, provocando la rebelión de más feudos, que a su vez se atribuían el derecho a la corona y luchaban entre ellos.

 Así pues, mientras el heredero al trono esperaba en el castillo de unos de los nobles, partieron cientos de emisarios a todos los rincones del imperio, contactando con aquellos nobles que sentían nostalgia por lo viejos tiempos de ley y orden. También difundieron el rumor, de que un heredero a la corona estaba vivo y de que no era un bastardo como la  gente pensó. Hicieron falta muchas declaraciones juradas, para que el pueblo fuera creyéndose poco a poco que la reina no fue infiel, mientras cada vez más nobles asistían a la llamada del príncipe, junto a miles de antiguos soldados y campesinos que recobraban la esperanza. A su vez, aquellos que habían visto recobrar su libertad y privilegios para expoliar a los débiles, se fueron confabulando para matar al rey, ya fuera en el campo de batalla, mediante asesinos o muchas otras formas...

  Y con el tiempo, se reunió un gigantesco ejército, que avanzó de ciudad en ciudad, hasta el corazón del imperio, siendo aclamado por el pueblo esperanzado. Casi todos los nobles en su contra, al ver el tamaño de su ejército y el amor incondicional de su pueblo hacia él por el recuerdo de las azañas de su padre, se rindieron y juraron pleitesía. No hizo falta ninguna matanza.

 Pero antes de coronarle rey, le persuadieron para que se casara con alguna mujer de alta cuna, que creara vínculos familiares con la nobleza para así sellar una paz y unión duraderas. Él en principio dudó, pues la única persona que parecía amarle, era esa chica del bosque, con la que pasó tantos momentos hermosos


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