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Sitio Web del AutorAutor LuisBermer
Todos hemos escuchado alguna vez, ante
determinadas situaciones estresantes, una voz interior que susurra un sibilante
consejo para superar airosamente el problema circunstancial que encaramos;
aceptamos la sugerencia como si de una ley se tratara, y nos olvidamos
automáticamente de ella una vez superada la encrucijada coyuntural. Hacemos
responsables de esta voz a la conciencia, al ego, a la intuición... con la
pragmática pretensión de ocultarnos nuestra completa ignorancia al respecto.
Por desconcertante que pueda resultar, desconocemos el verdadero origen de esa
voz.
Cuando decidí que la vocación de mi vida era la Medicina,
había escuchado la voz. Hoy soy médico y odio mi trabajo.
Cuando conocí a Silvia y sentí que jamás podría volver a
querer a otra persona, la voz reafirmó mi impresión con su opinión favorable.
Hoy soy un hombre divorciado.
Cuando nació mi único hijo, dije que superaría en todo a
su mediocre padre; la voz estuvo de acuerdo conmigo. Hoy mi hijo se arrastra
por la vida, perdido y sin rumbo.
Maldije una y mil veces, con todas mis fuerzas, aquella
repulsiva voz que había hecho de mi travesía por la existencia una continua
caída hacia la condenación. ¡Culpable de todos mis males! –grité rabioso-
¿Dónde te escondes ahora, detestable cobarde?
Y entonces, la presencia se reveló junto a mí, en el
mismo reducto de la mente que yo habitaba, en la soledad que creía de mi
exclusiva propiedad; no era uno más de mis pensamientos, era real. Descubrió su
velo de inconsciencia, como el ladrón que rasga violentamente las cortinas de
la habitación que el inquilino legítimo creía vacía, muriendo éste a
consecuencia de la brutal impresión recibida. Así fui sacudido en mi fuero
interno, deseando que esto se debiera a un trastorno mental transitorio, a un
pasajero desdoblamiento de la personalidad, a...Sentí sus palabras dirigidas,
clara e inequívocamente, hacia mi persona, sin susurros, sin prestarse a la
duda. Nunca oí voz más espantosa:
-¡No te atrevas a culparme de tu bien conocida mediocridad!
–amenazó siniestra. Todos los consejos que has recibido indicaban tus mejores
opciones a seguir ¡Fuiste tú, apestoso inepto, quien las truncó, quien las
desaprovechó en manos de la desidia! Naciste siendo un perdedor y así morirás.
Ni por un momento pienses que otorgué mi consejo por amor u obligación hacia
ti, para mí no eres más que una carcasa de carne vacía que necesito para
continuar perpetuándome; tampoco puedes considerarme un parásito, pues he
cumplido con mi parte del pacto del que ambos somos beneficiarios. Que tu
propia ineptitud te haya impedido aprovechar la ayuda recibida no es un asunto
de mi incumbencia.
Y sabiendo que todo aquello era triste e ineludiblemente
cierto, apenas acerté a balbucear una sola pregunta:
-¿Qu...quién
eres?
-Yo soy la necesidad pura, soy el gusano ciego.
Interesante, yo escucho esa voz de vez en cuando, a veces le creeo a veces no le presto atención, y normalmente me salen bién als cosas. Interesante texto. Saludos.
El texto tremendo, muy bueno. Francamente LuisBermer me encanta la manera que tienes de pensar, de juagr con la imaginación, espero deseoso el siguiente texto.
Gracias, Tarek; me alegra sobremanera que estos cuentos te hagan pasar un buen rato, y que te guste el estilo. Creo que es lo mejor que un escritor puede oir sinceramente ;)
Ahora ando preparando algunos inéditos que aparecerán en mi primer libro recopilatorio -para los que nos gusta más el papel que la pantalla :D-
Hasta pronto, amigo.
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