Texto a Mis Favoritos
Autor a Mis Favoritos
Suscribirme a este autor
Comentarios (1)
Enviar un mensaje privado
Sitio Web del AutorAutor gastónherreracortés
Carlos sintió un escalofrío. Era nuevamente esa sensación
indescriptible. El frío profundo que lo envolvía cada vez que se encerraba a
escuchar aquella su sinfonía. Sus primeros acordes le parecían anunciar el
silencio de la muerte. Sí, temía a la muerte.
-Estar muerto es
estar solo- Se sobresaltaba siempre.
Sabía que
pronto, muy pronto se encenderían aquellos reflectores. Vendría luz. La intensa
luz. La que lo descubriría al mundo exterior. Presentía los “clic” de las
llaves. Estaba inmóvil. Tenso.
-¡Ya vienen! ¡Si,
ya vienen!
¡No!
¡¡¡¡¡NOOOOoooo!!!!!
No podía ser aún. Siempre añoraba esos instantes. Era el
triunfo, pleno, total.
En la
penumbra de la sala, más solo que nunca, Carlos sentía el sudor por su cuerpo.
En una fracción de segundos recordó. Recordaba sus años puros, sus tiempos
felices sin ese frío que nacía del centro mismo de su existencia; cuando todo
parecía sonreírle.
-Falta poco- gimió
desesperado, sin hablar. Era siempre igual. No podía hablar y pronto se
encenderían esas luces iluminándole. Todas para él.
-¡Qué absurdo!,
¿por qué?- Automáticamente se arrepentía de formular aquella pregunta ¿para
qué? Si sabía que nunca encontraría la respuesta. Nunca la encontró. ¿Por qué
imaginar que ahora sería distinto?. Sin embargo lo buscaba.
Sus dedos con timidez comenzaron a levantarse en
movimiento reprimido, hacia su cara. Los apuraba el momento, los retenía el
miedo.
-hoy no, por favor
¡hoy no!-, casi lloró y sintió que sus lágrimas brotaban hacia adentro.
Quiso
escapar. Si, correr, correr infinitamente -¿por
qué siempre los términos absolutos?- Con pánico notó que su dedo del medio
rozaba ya su cuello. Faltaba tan poco, sólo unos centímetros para llegar a
ella. Sólo había que ordenar a su mano. Subir. Siempre subir, sin sentido. Lo
sabía. Lo temía.
-¡¡¡¡¡Ahora!!!!!
Estaba tenso. Debía comprobarlo. Las luces anunciaban en
su mente un cercano : “ya vamos”.
La yema de su dedo, forzada, comenzó a rozar una
superficie lisa. Muy suave. Angustiosamente lisa.
Sentía vibrar cada milímetro de eso. ¡También eso luchaba
por tomar forma, desesperada. La recorrió ahora, con todos sus dedos,
confirmando lo que temía. Nuevamente su cara, sus facciones habían
desaparecido. En su lugar, un espacio de silencio blanco, como aquellas nubes
que siempre le atraían sin saber por qué. Todo su cuerpo pareció convulsionarse
en un último estertor: ¡No tenía cara! Y las luces se encenderían en un
torbellino de descubrimiento. No debían verlo. A él no, nunca. Jamás. No debían.
No podían hacerle eso. No.
-¡NO! ¡NO PUEDEN!
¡ME OPONGO!
¡¡¡¡¡NOOOOoooo!!!!!
Quiso escapar. Pero sus piernas no le obedecían. Estaba
como pegado al suelo. Se sintió llorar.
Sabía que estaba llorando aunque no tuviese ojos para hacerlo.
Sintió el golpe de la llave de luz. En tan sólo una
milésima de segundo quedaría frente al mundo. Y frente a su realidad. Se
conocería. Por fin. La idea lo tranquilizó. Su pánico se transformó en
angustia. Quería verse. Ver sus años, su vida. Sintió nuevamente miedo. ¿Cómo
sería?
Percibió los círculos concéntricos, atravesados por mil
agujas luminosas de los focos. ¡ALLÍ ESTABA!...
Una ovación lo sacó de su ensimismamiento. Trató de ver
la sala. Aquella poderosa luz se lo impidió. Más allá del borde del escenario,
sólo penumbras. Quiso atravesarlas para ver a quienes lo aplaudían. ¿Quiénes
eran los que no lo veían como era?. Con sus manos trató de apartar la cortina
de luz. Avanzó lentamente, luchando contra los haces. Le pareció oir una risa.
Trató de verse. Otra carcajada lo hizo levantar su no cara e intentar
descubrir. A su decha una estridente carcajada femenina lo aterró. ¿Qué pasaba?
¡Sintió deseos de gritar! Un cuerpo
regordete, a su izquierda, reía. Se sintió envuelto en una lluvia de risas. A
su espalda reían sus compañeros. Quería verlos. Miró hacia arriba, al puente de
iluminación. El maquinista le arrojó una risotada espeluznante. Ahora todo el
teatro parecía reírle, burlarse despiadadamente. Corrió sin fijarse en nada,
hacia el extremo derecho del escenario. Se atropelló con unas mesas de
utilería. Cayó al suelo. Todos reían con fuerza. Comenzó a gritar buscando algo
donde refugiarse. ¡LO HABÍAN VISTO!. Quería ocultar su “no cara”. No sabía
donde meterse. Cayó al suelo sollozando. Llevó sus manos en gesto de cubrir
aquella superficie. Tiritaba, como con aquella, su sinfonía. Al hacerlo, sintió
bajo sus dedos, la protuberancia
de la nariz. Desesperadamente se la recorrió,
reconociéndola. Sí, era la suya. La de siempre. Se palpó los ojos hasta hacerse
doler. Sí, los tenía y también la boca. ¡HABÍA VUELTO! ¡AHÍ ESTABA!.
Lanzó un grito de desafío, como queriendo apagar las
risas. Se puso bajo la luz de forma que ésta le bañara por completp “el
rostro”. Pero las risas aumentaron… Sintió que su camisa se le pegaba al
cuerpo, adherida por el sudor. Un dolor en la vejiga, de inmediato notó en su
pantalón una humedad caliente… De un salto bajó a la platea y de improviso tomó
por la solapa al primer espectador que tuvo a su alcance. Sentía su risa
hiriente, destemplada.
Lo arrastró hasta el
borde donde la sala se unía con el escenario y quedando bajo el hálito de la
aureola producida por un reflector, lo miró.
Carlos sintió un
escalofrío mezclándose con un grito que le brotó dese lo más profundo. Aquel
hombre: ¡NO TENÍA CARA! Corrió hasta un lateral y desvió una linterna
iluminando al público.
Las risas parecían
aumentar. Y todas salían desde aquellas superficies lisas, amorfas. Miró a su
alrededor y sólo vio miles de lunas frías que se le reían.
Afuera pasaba un avión de chocolate cantando La
Marsellesa…
ghc.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Si no esta registrado en VOOTEXT puede registrase gratis y disfrutar de todo el sitio.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.
Copyright © 2008 Vootext.com Todos los derechos reservados.