Sentado en las afueras de una cafetería, José Perada observa con
desagrado a una pareja interracial. No es que fuera racista –pues tenía
algunos amigos de “color”-, pero repudiaba toda unión entre blancos y
negros; según él “no pegaban”. Siguió tomando su pocillo de café negro
en taza blanca, procurando olvidar la imagen de aquellos novios. Para
él, eso era culpa de la democracia. Ésta era la causante de desencadenar
el libertinaje que hoy día presenciamos: homosexuales, mujeres vestidas
como prostitutas y… negros. Su reflexión se vio interrumpida por una
llamada al celular.
-¿Bueno? -contestó sin recibir respuesta-. ¿Quién me habla?
-Soy yo, Nicolás. Te llamo para decirte que Carlota está en el hospital:
rompió fuente-.
-¿A dónde la llevaron?- interrogó ansioso.
-Al Hospital Felipe Moreno- exclamó Nicolás sin reparos-. Apresúrate
amigo, o no verás nacer a tu hijo.
En seguida pagó el café y salió. Estaba sólo a dos cuadras del hospital.
Tenía que presenciar la venida al mundo de su primogénito. «Que sea
niño, que sea niño» se dijo para sus adentros el futuro padre.
***
-Señor Perada, puede pasar-respondió el doctor.
-¿Por qué la tardanza? –indagó preocupado, mientras caminaba hacia el
cuarto donde yacían su mujer y su retoño.
-Hubo una serie de complicaciones en el parto, pero al final, todo salió
bien –.
Desconcertado, José entró a la habitación, con más dudas que respuestas;
no comprendía el porqué de tanta espera. Su esposa, angustiada por Dios
sabe qué, reflejaba pavor al mirar a su marido. No había rastro del
bebé; esperaba lo peor.
-¿Qué pasó, Carlota? ¿Dónde está el niño?-.
Ella lo ignora.
-Es una niña, señor Perada- añadió el médico-.
- Aquí la tiene- anunció una enfermera.- ¿Y qué nombre le piensan poner?
-Inés, ¡Inés Perada!- declaró la madre, interviniendo en el diálogo.
La escena posterior sólo duró un instante: José tomó y observó a su
hija; José puso a la niña devuelta en manos de la enfermera; José
desmayó…
***
Sentado en las afueras de una cafetería, José Perada medita acerca de su
futuro y su nueva condición de padre. Aunque el parentesco entre ambos
es mínimo, Carlota asegura que esto se debe a que la niña salió a un
bisabuelo de ella, uno que él no había conocido. Pero José tenía sus
dudas. El color caoba de su piel, el pelo hirsuto, los labios gruesos,
¡¿cómo era posible que su hija sea negra, cuándo su esposa y él no lo
son?!
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