Hijos de Baden-Powell
A Woody Allen, que
no lo leerá nunca.
Pobre Dilbar Telirian:
A veces le asaltaban horribles pesadillas
en mitad de la noche; soñaba con enjambres
de extraños y jóvenes militantes exaltados
y exultantes en torno a una bandera,
haciendo sus juramentos,
tocando juntos
la guitarra.
En condiciones normales,
Dilbar Telirian era un hombre de coraje,
pero al caer en el bloqueo sensorial de la
tercera fase del sueño, era tan susceptible de
acobardarse como cualquiera de nosotros.
En cierta ocasión, algo bebido, confesó que
el olor a malvavisco chamuscado
le hacía estremecer.
Telirian, Dilbar Telirian,
el mismísimo armenio que mató
a Jánoš Kopka, siente pavor cuando
escucha los acordes del Kum Ba Yah,
el chasquido intermitente de la
hoguera, el trotar acompasado
de los promotores uniformados
del gregarismo estúpido, del
aniquilador de personalidades,
esos malditos hijos
de Baden-Powell.
* * *
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