El peculiar abrazo de tu olvido no me deja mover. Me desperté una mañana
y ya no estabas a mi lado para cobijarme como en las noches de
invierno. Desde entonces ya no puedo pronunciar mi nombre porque se
asocia directamente al tuyo, me volví de repente una NN encerrada en
esta habitación que se ha vuelto mi cárcel. No sé como fue pero me
abandone para irme con vos cuando me dejaste y jamás me volví a ver.
Mi cuerpo yace bajo toneladas de recuerdos, mi madre viene a verme todos
los días pero apenas me doy cuenta cuando se va. El doctor Galeano
diagnostico “síndrome del corazón roto”… hasta yo podría haberlo hecho
pero no le he dicho nada para no avergonzarlo. Es bueno conmigo en los
días difíciles, siempre trae esas pastillas que tan bien me sientan, y
en las noches de tormenta se mete en mi cama a hacerme compañía. Sus
manos son suaves, su piel todavía joven, los susurros en mi oído y su
respiración entrecortada me gustan, me calman…
Creo que ya no sé como escaparme de este delirio sin vos, ya sé que
jamás va a ser igual pero en cada horario de visita te espero con aquel
vestido que tanto te gustaba. Tal vez alguna tarde vuelvas… nunca quise
hacerte daño, aun cuando el cuchillo se fue de mis manos te amé con
desesperación. Sé que podrás entenderme y volverás por mí.
Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.