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Enviar un mensaje privado Autor kartutxo
Manuel Jimenez Gilde salía como hacía casi todos los días, a eso de las 8 de la tarde de la biblioteca municipal, Manuel, a sus 24 años, después de estar desde los 3 años en el colegio, desde los 13 en el instituto, desde los 18 en la Universidad…se pasaba prácticamente 10 horas diarias delante de los libros en una sala de la biblioteca municipal.
La vida es así de dura pensaba Manuel, toda la infancia y adolescencia estudiando como un cabron y acabados los estudios, a seguir estudiando, opositando mejor dicho, a Manuel le gustaba darle la vuelta a las palabras, y reflexionar sobre su significado, OPOSITAR, porque? Se supone que estoy opositando, pero yo no me opongo a nada, solo estudio todos los días la constitución y condenadas leyes que nadie entiende y que luego se me borrarán de la cabeza casi tan rápido como han venido.
En estos pensamientos estaba, camino de casa, cuando se cruzó en su camino esa chiquita bajita pero bien hecha, que como Él iba todos los días a la biblioteca y no apartaba la vista de los libros ni un instante, a Manuel le gustaba, no podía negarlo, pero el pobre, de natural tímido, nunca se atrevió a intentar ni siquiera un amago de acercamiento.
Aunque contaba 24 años, edad más que sobrada para conocer hembra, la verdad es que Manuel no había conocido a muchas, en sus recuerdos se mezclaban sentimientos encontrados entre la ilusión, el nerviosismo, el balbuceo, palpamientos furtivos y torpes en rincones oscuros y alguna que otra coyunda promovida más por las ganas de la susodicha que por su pericia en estas artes.
De esta guisa la vida sexual de Manuel la podíamos calificar en gran medida de “autoinducida”, muy suya digamos, que como dicen en mi pueblo: cuando no hay lomo de tó como.
Viendo el bonito cuerpo de la chiquita, el sutil movimiento de caderas que le acompañaba y que tenía algo de tiempo antes de la cena, como un hipnotizado Manuel se decidió a seguirla con el fin de averiguar un poco más acerca de su vida, nunca había reparado demasiado en ella, no es que le tuviera obsesionado, pero cierto es que le gustaba contemplarla en el silencio de la biblioteca, entre libros y apuntes, afanarse en el estudio.
La siguió de modo sigiloso, de vez en cuando parándose a ver algún escaparate, o incluso entrando en alguna tienda haciendo que iba a comprar, pero la chiquita no tardo en percibir las torpes maniobras de seguimiento que le estaba haciendo el chico ese de la biblioteca que se pasaba todo el día con la cabeza metida en los libros, que tenía ese aire entre distraído y desaliñado, un poco medio intelectual, medio perroflauta.
Si tardó poco tiempo en ser detectado el pobre Manuel, no fue gracias a las dotes de contrainteligencia de la chiquita, sino a que le resultó extraño ver entrar a un tipo con su aspecto (pantalón de pana verde un poco ancho, camisa a cuadros pequeños, jersey de cuello de pico y chaqueta también de pana color ceniza) y de forma más o menos apresurada, en una tienda de lencería fina, y la mas cara de la ciudad!!!! El porqué entró en esa tienda, pues fue la primera que tenía a mano en el momento en que ella se giraba para mirar un escaparate un poco más adelante.
Un poco después la chiquita repetía, volvía a pararse delante de un escaparate y de nuevo Manuel entrando en una tienda un poco más atrás, nada menos que de retales!!! Pobrecillo!!!!!
Ya no le cabía duda, el chico ese con cara de ratón de biblioteca en medio de un botellón la seguía, porque? Quizá le gustase, bueno ella era un chica acostumbrada a gustar a los chicos, ese era uno de sus problemas, que cuando hablaba con los chicos, por regla general no le miraban la cara, le miraban las tetas.
No es que le molestase en exceso que le miraran las tetas, lo que pasa que a ella le gustaba el debate, la discusión, la confrontación de opiniones, charlar delante de una taza de café fumando un cigarro… y eso era difícil con la mayoría de los chicos que conocía, a ellos también le gustaban aquellas cosas, pero solo si después había un poco de lo otro, ya se sabe de refocilamiento.
Ese chico de la biblioteca era ciertamente extraño, tenia cara de no haber roto nunca un plato, y sin embargo había algo en Él que emanaba un cierto aroma al tipo de hombres que a ella le interesaban, hombres no arrogantes, pero seguros de si mismos, hombres con inquietudes, hombres que valorasen en una mujer algo más que su físico. Decidió pararse darse la vuelta, dirigirse hacia Él y preguntarle a la cara ¿por qué me sigues?
La cara de asombro del pobre Manuel era un poema, de lorca por lo menos, su boca abierta y roja como un tomate, lo primero que pensó fue: la has cagao!!!
Yo, yo, bueno, pues, te vi salir de la biblioteca y……
Y que?
Puuuues, que, eso que saliste y te vi, y…. no sé cómo, me vi andando detrás tuyo.
Me estás diciendo que no sabes cómo te has puesto a seguirme? Y esperas que me lo crea? El enfado de Sara, que así se llamaba era mayúsculo.
No, no es eso, es que de pronto me vi andando detrás de ti y no sé cómo explicarlo.
Ya, por eso te metiste deprisa y corriendo en una tienda de lencería fina y luego en una de retales, tampoco sabes cómo. La verdad es que no sabía por qué se sentía entre enfadada, intrigada y divertida, la cara que tenía el pobre Manuel ayudaba bastante.
Bueeeno, no te estaba siguiendo, en realidad iba a comprarle un regalo a mi novia, por eso entré en la tienda de lencería, y tenía que coger unas telas para unas enaguas del brasero para mi madre. Realmente no sé como sabes qué estado en esos dos sitios, solo se me ocurre que has estado siguiéndome tu a mí.
Por más que quiso Sara no pudo evitar soltar una sonora carcajada, jajajjajaj!!!!! Luego quiso parecer enfada, pero le costó bastante.
Debo reconocer que eres ocurrente, jajajajjaj!!! Bien, aceptaré pulpo como animal de compañía, pero por si acaso me estabas siguiendo, debo decirte que hoy no es buen día para ello.
No? Porque?
Lo ves?! Me estabas siguiendo.
El PROBE MANUE enseguida comprendió que le había robado la cartera, era aguda la jodia.
Ehhhh, vale, pero yo no diría que te estaba siguiendo, más bien diría que iba detrás tuya.
Bueno, bien, y por qué motivo ibas detrás mia?
Manuel estaba un poco cansado de interrogatorio, y como no era un chico muy tenaz, decidió decirle la verdad y acabar con aquello de una vez, total, estaba acostumbrado a los fracasos en lo que a hembras se refiere.
Salía de la biblioteca, te vi, me gustas, tenía tiempo antes de la cena y me pregunté adonde iria después de estudiar alguien como tú, nada más.
A Sara no se le notó, pero le gustó la franqueza de Manuel.
No se si sabes, que eso de ir por ahí detrás de las chicas que te gustan no está bien.
Si tienes razón, perdona, de verdad, no se que me ha pasado, no es mi manera de procederme por la vida.
Bueno, espero que no te pase mucho, puedes tener sorpresas desagradables, y en todo caso si lo intentas, hazlo un poquito mejor, no te veo yo trabajando para la CIA.
Manuel, con gesto compungido se despidió de ella, pensando ¡eres un idiota!
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