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Sitio Web del AutorAutor ingmang
Vamos
el miércoles al cementerio: Exclamó una voz lúgubre femenina. Quisiera ir este
miércoles al cementerio, ya hace 3 años. Bajó la cabeza dudando.
Sí, 3
años... Respondió una voz suave.
“El
tiempo no pasa en vano. Ayer te amé como hoy me amo y sólo la tierra que cubre
tu muerte te queda…” Exclamó la voz suave. “Ya no estás más conmigo pero el
peso de tu error me enseñó a olvidarte y hoy sólo quiero ser feliz otra vez”.
Al terminar tenía los ojos cerrados, la voz lúgubre no dejó de natarlo. Se acercó con cautela, tomó la cabeza de su compañera y la apoyó en su pecho, mientras ésta susurraba...
Todavía duele...
La
voz suave no pudo contener las lágrimas y su compañera las enjugó con sus manos
que aún se conservaban blancas y límpidas, a pesar del tiempo y de las tareas del hogar, luego las llevó a sus
labios...
Todavía duele.
Una tristeza silente se apoderó del lugar, inmersas en ese silencio, bastaron las miradas para recordarse lo mucho que se necesitaban. Se miraban y trataban
de descubrirse nuevas formas, escudriñaban una y otra la languidez de sus
rostros, reagrupando las facciones intentando verse a través de los años
siempre juntas.
Era la voz lúgubre una mujer sobria que aparentaba entrar a la
cuarta década. Su cabello negro oscuro contrastaba con el blanco de su piel; su
mirada, penetrante, como sólo puede ser la de una mujer que no se dobla ante el
dolor. Poco había cambiado en los últimos tres años, se podría decir que
su delgadez se debía al profundo dolor que la quemaba desde dentro. Pero habría
que conocerla bien para saber que su contextura, a pesar de sus rasgos imponentes,
era delicada.
Un intentó de la voz suave por romper el silencio, se vio frustrado cuando su compañera llevó su dedo índice a sus labios. Se abrazaron en silencio y se confortaron. La mano de voz lúgubre acariciaba el
cabello de su amiga que yacía, con los ojos cerrados, en su hombro conteniendo
el llanto.
Al abrir los ojos se encontró reflejada en el espejo antiguo que reposaba en el pasillo principal de la casa. Dos lágrimas solitarias bajaron de
cada ojo. Observó su imagen, triste, la corta edad que caía sobre su cuerpo marcaba su
rostro. "No es lo mismo dar diez pasos en el piso plano que en un camino
de espinas" pensó. Su pobre cabellera marchita se enredó en las manos de
voz lúgubre mientras seguía pensando en las espinas que había tropezado en su camino.
Te
amo, sólo tú puedes llenar el vacío tan grande de mi soledad. La miró, observó
su pequeño pecho y colocó su mano sobre el seno izquierdo...
Aún
late aunque no muy fuerte.
Besó
sus ojos y dejaron de llorar.
No me
has dicho sí vas a ir conmigo o no.
No, no quiero ir. El cementerio es el último lugar al que iré el miércoles. Dijo con tono airado la voz suave, mientras se apartaba de forma brusca de la voz lúgubre.
La voz suave bajó la mirada y entre labios dijo. No podemos desafiar la suerte ante el poder de las palabras, después de todo esa será nuestra última morada...
Una corriente de aire frío se coló por las ventanas y a lo lejos se escuchó un trueno.
La voz suave estuvo silente hasta que pronunció pensativa: la muerte no me va a
tocar más. Y al decir esto dio media vuelta y se fue.
Un suspiro
lúgubre llenó el ambiente y resonó en cada una de las cuatro habitaciones de la
casa.
Estimado amigo, me habías dejado a medias con el relato anterior y estaba deseando ver el desenlace, que ya he leído.
Tienes un estilo muy enigmático, casi abstracto, que llama la atención.
Un saludo
Fernando, de nuevo te agradezco por el interés y te anticipo que esto es sólo el primer capitulo de la historia "Entrelazos", así que espero poder mantener el interés con el transcurso de las publicaciones.
Saludos
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