A finales del XIX y principios del siglo XX el sufragio no era universal, sino que estaba restringido a una minoría de notables y de propietarios y se temía que el sufragio universal podría llevar al poder un Gobierno que hiciera reformas muy drásticas, contrarias a los intereses de las clases digamos pudientes. Digamos en términos sencillos y simplificadores que los ricos temían que si los pobres votaban en masa sus intereses de clase quedarían en peligro y que incluso el orden social podía ser conculcado. Nada más lejos de la realidad, se instauró el sufragio universal, en las naciones de Occidente, claro, que abarcaba también a las mujeres como es natural, y no pasó nada, el orden social quedó incólume, los ricos siguieron siendo ricos y los pobres, pobres, pues ya se encargaban los medios de comunicación controlados por los poderes fácticos de que el agua no se saliera del río. Es verdad que hubo alguna excepción, en la India, en el estado de Kerala, unas elecciones llevaron al poder al partido comunista, pero, a largo plazo, al final todo volvió digamos a la normalidad. En Italia, por ejemplo, en la última posguerra había un partido comunista muy poderoso que ganaba muchos votos, pero nunca llegó al poder, ya se encargaban los poderosos medios de comunicación controlados por los poderes fácticos de que no ocurriera tal eventualidad. En general, pues, con muy poquísimas excepciones, los temores de los poderosos de que sus privilegios quedaran en suspenso fueron exagerados y el sufragio universal no trajo consigo ningún cambio que pusiera en cuestión el orden social, que tan bien se porta con una minoría y tan mal con una mayoría de desfavorecidos. Claro es que estas afirmaciones habría que matizarlas hoy en día, pues en Occidente se ha creado un no despreciable estado del bienestar que ha corregido los desequilibrios, pero sin atacar la línea de flotación de los privilegiados.
Es de prever y espero que así sea en el futuro que con el sufragio universal, y a medida que la población sea más y más educada, más formada, los gobiernos llevarán a cabo leyes que beneficiarán sobre todo a la mayoría, aunque sea en quebranto de los privilegiados de siempre. Por ejemplo, habrá leyes para parar los pies a los especuladores, para socializar el suelo rústico que pase a urbano, con la finalidad de que las plusvalías que origine el cambio de suelo rústico a urbano reviertan en la sociedad y no en manos de una minoría. También se controlarán los excesivos privilegios que tienen los integrantes de los diversos colegios de profesionales. Es muy difícil pensar que las cosas no serán así con ciudadanos mucho más educados y formados que formarán parte de formaciones de políticos más preparados y más esforzados en pararles los pies a los privilegiados de siempre. No quiero no pensar, y perdonen mi optimismo, que en el futuro no se combatirá con eficacia contra la especulación, el parasitismo, los excesivos privilegios, la corrupción política, la ineficacia en las inversiones públicas y que los gobiernos estarán de verdad a favor de la mayoría de ciudadanos, aunque tengan que enfrentarse con los poderosos y tengan que menoscabar sus privilegios excesivos.
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