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El sobre

fernandoj

Autor fernandoj

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Publicado el 10/12/2008 | 537 Visitas | 4 Comentario(s)

En un sobre blanco, impoluto, aséptico, recibí mi sentencia. La enfermera, curtida por el contacto diario con el sufrimiento humano, se retiró, perdiéndose en uno de los inmaculados pasillos del hospital.

Al fin quedamos a solas, el sobre y yo. Muchas noches había pasado sin dormir, pensando en este momento, la incertidumbre, sanguijuela mordaz e insoportable, estaba apunto de desaparecer de mi vida. No obstante, ahora mismo, me parecía mejor compañera de viaje que la verdad.

Tras unos segundos de dudas y miedos, decidí dar fin a mis tormentos y comencé a abrir la misiva. En principio busqué, con delicadeza, un resquicio por el que introducir mis dedos, sin embargo mis esfuerzos fueron en vano, parecía estar herméticamente cerrado, como para que su contenido no contaminara a otros sobres. Sin darme cuenta, de manera cada vez más violenta, mis uñas rasgaban cualquier resquicio por el que poder abrir una brecha. Por fin y por el sitio menos propicio, se rasgó, tiré de izquierda a derecha con fuerza y desgajé el insidioso sobre, que con tanto celo había protegido su contenido.

Con avidez, desplegué la carta y mis ojos inquietos, conocedores de la importantísima misión que se les encomendaba, se concentraron en el texto, mis oídos tornaron sordos, mi nariz dejó de percibir olores, mi ser entero se volvió ojos, el mundo definitivamente se paró.

Minuciosa, escrupulosamente, letra a letra, coma o coma, leí y releí y volví a leerla, pero por más veces que lo hice, no conseguí cambiar su descarnado mensaje.

Envuelto en términos técnicos, que disimulan lo terrible de las enfermedades, las miserias que impone a quienes las padecen o los sufrimientos de sus seres queridos, venía el regalo que la ciencia médica me tenía reservado. No podía dejar de pensar en lo antinatural de la situación, una serie de aparatos, de pruebas, de especialistas, pueden predecir lo que me iba a pasar, y cómo y cuanto tiempo me restaba de vida. En mi caso se cifraba en medio año, el plazo de estancia entre los vivos.

No quiero aburriros con las baterías de calmantes, tratamientos agresivos, incluso experimentales, que me propondrían en fechas próximas. No quiero aburriros con el deterioro progresivo, la caída del pelo, de las uñas, la hinchazón provocada por los corticoides o las yagas en labios y boca. No quiero aburriros, sería absurdo, sólo tengo 160 días para quereros, para daros mi cariño, para disfrutar de vosotros, lo último que quiero es aburriros.

Comentarios

Rafael

Rafael

11/12/2008

# 1

Fernando:
Interesante tratamiento de tu historia,por demás humana.
Un abrazo.
José

fernandoj

fernandoj

12/12/2008

# 2

José me alegro que hayas considerado interesante el tratamiento del relato, te agradezco el comentario.


Un saludo.

cubano62

cubano62

14/12/2008

# 3

La situación critica de este hombre no aburre, si nos conmueve de manera increíble, vi morir un niño de ocho años sin tan siquiera tener un sobre, es un relato que nos enseña, pero no logra convencernos, que un día hay que morir, a veces de maneras siniestra.
Una vez más algo bien narrado por usted.
Mis saludos
Mario

fernandoj

fernandoj

14/12/2008

# 4

Estimado Mario:

Su comentario es muy certero, además de amable y generoso con el relato.

Se lo agradezco sinceramente.

Un abrazo.

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