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El plan

fernandoj

Autor fernandoj

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Publicado el 24/06/2009 | 432 Visitas | 1 Comentario(s)

La fiesta ya había terminado, el último de nuestros cinco hijos se acababa de casar, los novios, alegres, despreocupados, corren ansiosos a compartir los primeros días de su vida en común.

Orgullosa me miras cómplice, confirmando el éxito de nuestra labor paternal, asiento ligeramente con la cabeza para corroborar mi acuerdo con tu apreciación.

Por fin, cogidos de la mano, entramos en casa, una casa vacía, silenciosa, nostálgica, sobredimensionada. Mientras tu subes a la habitación, yo bajo la escalera que va a dar al garaje, abro el armario y saco una bolsa de deporte, cierro la puertecilla del estante, apago la luz y subo las escaleras lenta, cadenciosamente.

A mitad del ascenso te pregunto si quieres algo de la cocina, me respondes que te suba un vaso de agua, con alegría me dirijo al fregadero, lleno una copa, rebusco en la bolsa y le añado unas gotitas de un frasco de color marrón. Enfilo hacia la escalinata, y con ritmo suave, asciendo con tranquilidad para no derramar nada de líquido.

Cuando llego arriba, ya estas metida en la cama, te incorporas, beso tus labios y te doy la copa, doy media vuelta y entro en el baño. Me desnudo, abro la bolsa y saco un traje de plástico, me calzo unas botas de goma, unas gafas protectoras y una mascarilla, no sin dificultad encuentro unos guantes de latex, me los enfundo y espero sentado en la taza del water.

Han pasado diez minutos y me ha parecido oir el ruido de un vaso que ha caído contra el suelo, salgo del aseo y veo que estas desplomada en la cama y que efectivamente la copa ha ido rodando por el suelo hasta golpear con la pared. Con sumo cuidado te levanto y consigo medio sentarte en una butaca, cubro con un plástico toda la cama, vuelvo a tumbarte en la cama, extraigo del bolsón unas esposas, paso tus manos por detrás del cabecero y te esposo firmemente, separo tus piernas todo lo que puedo, coloco en tus tobillos unos grilletes y con ayuda de una taladradora fijo los cepos al canapé.

Agotado por la pesada tarea, recupero el resuello sentado en la butaca, tras el receso compruebo la firmeza de las ataduras, la falta de transpiración de mi atuendo hace que sude como jamás lo había hecho, no obstante me aseguro que ninguna gota caiga al suelo, queda ya poco para terminar, así que sin más demoras retiro la cómoda, pegada en su trasera hay un sobre, lo recupero y coloco el tocador en su sitio. En el bolsillo lateral de la bolsa hay unas sales, abro el frasco y las paso por debajo de tus fosas nasales.

El espantoso olor hace que te despiertes súbitamente, tan sólo tu cabeza puede moverse con cierta libertad y como era de esperar, empiezas a gritar, desesperada, aterrorizada, implorando, suplicando para que no te haga daño, para que te deje vivir, nunca había sentido tanto asco por una persona, tus patéticos balbuceos, hacen que me den ganas de golpearte, pero no quiero saltarme el guión.

Al cabo de un rato los gritos se han convertido en temblores y en una especie de suave aullido entrecortado, sin mediar palabra abro el documento y te lo pongo lo suficientemente cerca para que puedas leerlo, ella tras asimilar su contenido, asiente levemente con la cabeza, su llanto cesa de inmediato, su cuerpo ya no tiembla. Con voz calmada trata de explicar, de justificar, con serenidad saco unos palillos metálicos afilados, tomo cada uno en una mano y con violencia los clavo en sus ojos. El chillido fue verdaderamente espectacular, tan agudo que creo que debió dañar un poco mi tímpano. Animado por el efecto que estaba causando repito la operación pero esta vez son sus oídos el objetivo, de nuevo parece que he dado en la diana, su garganta produjo un sonido increíblemente agudo, algo más breve que el anterior, pero si hubiera tenido un medidor de decibelios la aguja hubiera pasado a la zona roja sin ningún lugar a dudas.

Ya casi había terminado, te desaté, recogí los plásticos, me duché, recogí una maleta y me fui para siempre.

Nunca más supe de ti, ni de mis hijos, ni de mis nietos, pero claro un hombre estéril difícilmente puede tener hijos.


Comentarios

Jyosti

Jyosti

24/06/2009

# 1

Fer, excelente relato me ha parecido estar viendo una película de suspenso, obviamente con tu estilo único al escribir estas historias. Impecable, me ha gustado mucho.
Un beso

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