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Enviar un mensaje privado Autor amcafe
Hace años tenía una amiga, Rosa, con la que llegué a intimar físicamente en el coche, claro, no tenía apartamento, vivía aún con mis padres. Después de los besuqueos correspondientes, me desabrochó la bragueta, me sacó el pene y empezó a chupármelo como una loca, con un frenesí que me llevaba al séptimo cielo. Yo estaba preocupado por si al correrme me ensuciaba los pantalones o la alfombra del coche o el salpicadero al apartar ella la cabeza, pero para mi gran sorpresa me corrí en su boca y no solo no apartó la boca sino que se tragó toda mi miel blanca, con gran satisfacción por su parte, noté yo. No solo eso, sino que luego me limpió de semen el pene con la lengua, de forma muy sibarita, y sin solución de continuidad empezó a chupármelo otra vez con gran pasión, como si le fuere la vida en ello. Me corrí otra vez en su boca, se tragó toda mi miel blanca y me volvió a limpiar el pene de semen con la lengua, e hizo amago luego de continuar chupando, pero yo me aparté, estaba exhausto y muy sorprendido por su conducta. Chupaba y chupaba de forma muy compulsiva, como si fuese lo último que fuese a hacer en esta vida.
Era, pues, el ligue ideal, lo que cualquier chico hubiese soñado, una chica que te la chupa hasta que revientas, hasta que no te queda ni una gota de semen en el cuerpo, pero yo quería a la chica, incluso estaba enamorado de ella, por lo que intenté ayudarla para practicar un sexo menos morboso y más convencional, a base de penetraciones. Un día me contó que esa compulsión se la había creado un tío suyo que cuando ella tenía unos 11 años la había pervertido. Jugando con ella le había sacado un pene muy grande, o a ella le pareció muy grande y le dijo que lo acariciara con la lengua y que lo chupara. Ella lo probó por curiosidad, y no le gustaba, pero su tío le decía que al principio no gustaba, pero que poco a poco iría gustándole y, efectivamente, se envició y llegó a gustarle mucho. Su tío le decía que no lo contara a nadie, que era un secreto entre los dos y un día su tío le dijo que no lo iban a hacer más porque no estaba bien, pero ella estaba ya pervertida y por lo visto con los chicos se comportaba como lo hacía conmigo, y como yo estaba enamorado intenté ayudarle, no quería que me practicase felaciones y sólo hacíamos sexo convencional a base de penetraciones, pero yo notaba que ella no estaba plenamente satisfecha y anhelaba las chupadas. Por eso es tan criminal la pedofilia, porque ocasiona en los niños o niñas frigidez si es rechazado el sexo, pero si es aceptado produce pequeños monstruos perversos y viciosos. Por circunstancias ajenas a este relato dejamos de vernos, pero mi impresión es que ella siempre anheló las felaciones, y que le gustaban mucho más que la convencional penetración.
Bastantes años después nos vimos casualmente, nos saludamos, tomamos un café y ella me contó que se había casado y que tenía tres niños. Recuerdo que me hacía insinuaciones y me miraba a veces la bragueta, bueno, eso me pareció a mí. Yo estaba entonces separado y podía volver a tener relaciones con Rosa, pero entendí que el pasado ya no volvería, aunque me quedé con las ganas de preguntarle si había superado definitivamente aquella compulsión sexual que padecía.
Nos separamos y ya no volvimos a vernos más.Todavía no se hicieron comentarios sobre este texto.
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