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Enviar un mensaje privado Autor yomenosyo
Hoy he decidido no volver a cederle el asiento en el autobús a ningún anciano.
Sé que mi cometario suena muy cruel pero tengo mis motivos.
Casi nunca voy al medio, pienso que el propio organismo tiene suficientes recursos para defenderse ante cualquier agresión, pero hay momentos en que el malestar y el dolor te hacen buscar ayuda desesperada para aliviar el sufrimiento.
Tenía una infección de orina, el dolor era insoportable, cada vez que tenía que ir al baño era un sufrimiento atroz, en vez de orín parecía que mi cuerpo echaba lava y la necesidad de frecuentar el baño era aproximadamente cada dos minutos. En ese estado llegue a la sala de espera de la consulta del medico de la seguridad social con un pase de urgencias, pero al ser un ambulatorio, las urgencias no son tales con lo cual significa que debes esperar a que termine la consulta y entrar en último lugar. Ese dia estaba sola en aquel pueblo cordobés al que nos había traslado a mi esposo y a mí por trabajo, ya él había tenido que salir de viaje. Tengo que decir que después de hacer un gran esfuerzo para llegar sola y a pie al ambulatorio mi estado era lamentable.
En la sala de espera de la consulta 14 de este centro de salud se encontraba 3 ancianitos, una venerable señora y dos tiernos abuelitos y dentro de la consulta había una cuarta persona que no tuve el gusto de ver puesto que su salida de la consulta coincidió con una de mis frecuentes urgencias para visitar el baño.
Viendo a estos tres ancianos tan animados charlando sobre las injusticias de la vida y lo mal que se portaban los jóvenes con ellos y viendo que no eran víctimas de ningún dolor insufrible y que sus vidas no corrían peligro inmediato y perfectamente podrían aplazar su entrada a la consulta un par de minutos que era lo que yo necesitaba, el tiempo justo de extenderme la receta de antibioticos que no me vendian sin prescripcion medica, pedí por favor a estos dulces ancianitos que me dejaran pasar, que el dolor era insoportable. Con toda frialdad e impasibilidad me negaron la atención médica urgente que necesitaba a pesar de ver mi estado y la mueca de dolor en mi rostro y tuve que esperar pacientemente a que ellos terminaran que fue una hora interminable porque en vez de tener en cuenta las personas que esperan ello entran en las consultas cual tertulia se tratase. En todo ese tiempo, ignorando mi dolor, no se dirigieron a mí para ofrecerme al menos su consuelo, ni me miraron a pesar que en un momento dado las lagrimas brotaron de mis ojos, no sé si debido al fuego intenso que sentía en mis entrañas o a la indignación y a la pérdida total de la fe en la humanidad.
En este tiempo más de una hora que me hicieron esperar tuve tiempo de odiar cada una de sus canas y sus arrugas, de aborrecer cada una de las quejas que lanzaron aquellas bocas desdentadas e hipócritas sobre la inhumanidad de la sociedad.
No pretendo juzgar a todos por igual pero eso es lo que sentí en este momento y solo deseo que estos tres monstruos reciban la misma atención que yo recibí de ellos.
Mis disculpas a aquellos ancianos comprometidos que siente compasión por el prójimo.
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