Texto a Mis Favoritos
Autor a Mis Favoritos
Suscribirme a este autor
Comentarios (1)
Enviar un mensaje privado
Sitio Web del AutorAutor emiliovilchespino
Nosotros
éramos unos niños de diez u once años y jugábamos a la pelota hasta
bien tarde y, como buenos amigos, más de alguna vez nos agarramos a
combos. Éramos cabros chicos, éramos una patota. Y nuestro barrio era
obrero, nuestro barrio era del ombligo hacia abajo y a nosotros nos
importaba una mierda. Era la pelota de fútbol la que nos importaba. La
pelota de fútbol y quizás alguna niña, aunque eso jamás lo confesamos.
Cosas de mocosos.
En
la cuadra había una mujer rubia, algo entrada en carnes, algo vulgar,
pero bien. Al fin y al cabo bien. Y también había un hombre gordo,
grande, feo, con aspecto de matón. Y eran padre e hija. Era el guatón
Robinson y la rubia Mireya. Nosotros los conocíamos, eran nuestros
vecinos desde siempre, y todos sabían que el guatón Robinson vendía
pasta base y cocaína a los chicos de la otra esquina. Nuestras madres
lo sabían, nosotros lo sabíamos, todos lo sabían.
Los
pacos también lo sabían. Mientras jugábamos la última pichanga de la
noche, muy tarde ya, veíamos aquellos focos, aquellas luces bajas
acercándose. La yuta disminuía la velocidad y la veíamos estacionar en
la casa del Robin. Se bajaban, entraban, traían botellas, muchas veces
traían mujeres. Y se oían risas, carcajadas, a veces se oían gritos.
Más de alguna vez se oyeron tiros. Luego la policía se iba, borracha y
drogada, a seguir velando por el orden y la patria.
Robin
seguía engordando. La Mireya cada vez estaba más rubia y cada vez movía
mejor el culo cuando caminaba por la cuadra. Llegaban autos, motos,
bicicletas, jóvenes, adultos, mujeres, putas, todos donde el Robin. Y
la casa creció, segundo piso, autos caros, matrimonio con orquesta de
lujo, en fin, la plata salía de todos lados. Cosa rara para un simple
vendedor de frutas.
Y nosotros veíamos todo esto. Y nuestras madres nunca nos dijeron “si te pierdes acércate a un carabinero”,
porque veían lo mismo que nosotros. Cada noche. Las botellas, la
mandanga, las putas, los gritos, los tiros, los focos de la yuta y
nosotros con la pelota pegada a los pies.
La
Mireya tenía un marido por ahí y un amante que todos conocíamos y que
más de alguno de ustedes también conocerá, pues el pololo de la Mireya
se llamaba Iván Morena, diputado por la comuna El Parque. Y Morena
también lo sabía. Y Morena también jalaba. Y el guatón Robin lo atendía
como rey, y la Mireya le entregaba todo ese culo y el diputado Morena
guardaba silencio, y andaba como fierro todo el día, y la sonrisa de
oreja a oreja no se la quitaban ni con un fusil en la sien. Y nosotros
teníamos diez u once años. Y seguían las grandes fiestas, y seguía la
parafernalia, y Morena en televisión agarrándose a puñetes en el
congreso frente a las cámaras, defendiendo la democracia, LEGISLANDO
por un país menos corrupto y más democrático. Seguramente el guatón
Robin por mientras cortaba las dosis y la Mireya se empolvaba el
chocho.
Una
tarde el imperio se vino abajo. Hubo algunos disparos. Los detectives
se llevaron al guatón en el auto y durante años no le vimos. La yuta no
volvió a meterse en nuestra calle. Morena arreglaba su matrimonio por
televisión, a la Mireya se le iba a la mierda el suyo muy lejos de las
pantallas y si nosotros nos hubiésemos perdido jamás habríamos acudido
a un policía.
Han
pasado los años, el guatón ya cumplió su condena. Ahora se pasea por la
calle, serio, casi no habla, su mirada es distinta. El diputado Morena
ha sido reeligido y pasea su culo pinochetista por los barrios
populares de la comuna dando la mano a todo el mundo. Yo no se la
estrecho jamás. Esas noches de juerga para él no fueron nada, solo
juerga. Pero nosotros teníamos diez u once y desde entonces no creemos
ni en la policía ni en la política. No creemos en nada en realidad,
pero ese es otro tema.
Que pase el siguiente.
Buen relato. Real como la vida misma. La corrupción y el abuso de poder es una epidemia, y tú la has sabido plasmar como nadie, desde el punto de vista de un niño. Me gusta tu estilo, sigue sorprendiéndome.
Solo los usuarios registrados pueden agregar comentarios.
Si no esta registrado en VOOTEXT puede registrase gratis y disfrutar de todo el sitio.
Ningún usuario añadió este texto a sus favoritos.
Copyright © 2008 Vootext.com Todos los derechos reservados.