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ELTÉNIA (capitulo 1)

adrian

Autor adrian

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Publicado el 08/06/2010 | 153 Visitas | 0 Comentario(s)

1

Me sentía intranquila. Por más que lo intentaba no podía conciliar el sueño. ¿Por qué tuvo que besarme aquel estúpido de Harry? ¿Acaso no me dejé claro a mí misma que me alejaría de aquel sueño imposible? Pero lo peor de todo: ¿Por qué me comía tanto la cabeza si yo no sentía nada hacia él en estos momentos? ¿O si? Por dios, ¡no! No podía ser cierto. Yo, Mariah Bonelli, una estudiante de diez, con aficiones comunes y un futuro brillante, estaba empezando a sentir algo de nuevo por Harry Hoffman, el típico tío superficial, cachas, con un cerebro de mosquito y por el que todas las chicas suspiran constantemente. ¿Acaso el mundo se había vuelto del revés? No lo sabía y prefería no saberlo.

En realidad no fue un beso, simplemente, me empujaron mientras caminaba tranquilamente por el parque, no pude controlar el equilibrio, lo vi, fui directa hacia el y caímos al suelo con tan mala suerte que nuestros labios se tocaron. Solo fue un roce pequeñito, ni siquiera se le puede llamar beso, ¿no? ¡Bah! ¿A quien pretendía engañar? Lo besé, mejor dicho, nos besamos. Y me gustó, ¿para que negar lo evidente? Estaba colada por él desde que íbamos a primaria, pero en el instituto, nuestros caminos se separaron, y por eso me resigné a perderlo, simplemente.

¿Pero que iba a hacer? Él era un deportista nato, atlético a más no poder, y yo era una chica más o menos popular, con un buen expediente académico y buenos amigos, pero no el tipo de chica que le gusta a Harry (que se cuide, tenga una vida sana, rubia y ojos castaños), al contrario, yo era más de las que hacen poco ejercicio (como mínimo iba una vez por semana al gimnasio), tenia  el pelo castaño y los ojos verde oliva. Vamos, dos mundos paralelos.

Así que para despejarme, fui al baño y me refresqué un poco la cara, bajé a la cocina y me preparé el desayuno, que consistía en lo mismo de cada mañana: un zumo de melocotón, cereales, dos bollos con pintitas de chocolate y una bolsita de esos snacks de Special K con chocolate. Todo esto, acompañado de un remix de canciones de Ke$ha, Jay Sean, Rihanna, Katy Perry y Green Day.  Así seguro que despertaría a mamá, pero me daba igual, incluso me vendría bien la típica regañina no ves que por un día que no trabajo quiero estar en la cama hasta tarde para así olvidarme un poco de lo ocurrido ayer mientras pensaba en que tipo de respuestas darle.

Después de desayunar, me puse a hacer un repaso de última hora de francés, pues ayer me puse a estudiar, pero con todo este cacao mental, no pude concentrarme bien.

 

John a passé l’après – midi entières à jouer dans le rue, mais vouz aviez oublié les devoirs à faire. Quand il rentra chez lui…

-          Menuda mierda de texto tenemos que traducir – pensé. La profesora Jacqueline era muy agradable y simpática, pero a la hora de poner deberes o mandarnos estudiar algo, era peor que la peste.

-          ¿Ya estás levantada cariño? – la voz de mamá me sobresaltó, aunque sonaba muy agradable para haberse levantado antes de su hora habitual – Vete preparando que ya casi es la hora de irte. ¿Has desayunado ya?

No sabía si es que la habían drogado o quería conseguir algo de mí. No es que mi madre no fuera agradable conmigo, pero que lo fuera TANTO no era normal. Así que, por no arruinar el “encantador” (aunque extraño) clima que reinaba en la casa, le contesté:

-          Si mamá ya he desayunado. Tienes el café listo para tomar, los trapos en su sitio y te he puesto el telediario. Como hoy saldremos antes al patio porque hay simulacro de incendio, si necesitas cualquier cosa me llamas. Chao – y le di un beso en la mejilla.

Al cerrar la puerta tras de mí, recapacité sobre lo que había pasado.

-          ¿¡Pero tú estás tonta o qué?! – pensé - ¿Cómo se te ocurre decirle a tu madre que te llame mientras estás en el insti, el único lugar donde puedes evadirte de las cosas rutinarias?

Me fui dándole vueltas al asunto, calle abajo, hasta la parada del autobús que me dejaba justamente en la puerta del instituto. Estaba tan absorta en mi debate interior, que no me di cuenta de que me estaba sonando el móvil.

-          ¿Pero ya tiene algo que decirme? ¡Si acabó de salir de casa!

Miré la pantalla del móvil. Desconocido. Mamá me dijo que cuando me llamaran de un número desconocido, no lo cogiera, porque podría ser alguno de estos que llaman y durante la llamada se quedan con tu número para hackearte el móvil, pero como tenia curiosidad de ver quien me estaba llamando tan temprano, lo cogí:

-          ¿Diga?

No hubo respuesta. Segundo intento.

-          ¿Diga?

Nada.  Iba a colgar, pero en ese momento, alguien habló desde el otro lado de la línea:

-          Únete con nosotros  en la puerta oculta tras el último retrete del baño de las chicas.

Me quedé consternada. ¿Quien era y qué quería de mí? ¡Menudo día estaba teniendo por dios! Entre lo de Harry y ahora esto… ¡Iba a salir loca!

Me decidí a llamar a Norah, pues sabía que ella podría darme consejo sobre todo esto, pero antes de que pudiera marcar su número, ella me llamó antes. ¿Cómo se las apañará para saber siempre cuándo la necesito?

-          Oye tía, o sea, que fuerte, me acabo de enterar de lo tuyo con Harry. Vais en serious?

Norah Williams era mi mejor amiga desde el jardín de infancia, pero con los años, ha ido desarrollando una patología a la que yo llamo El síndrome del inglés pijo. Consiste en repetir un montón de veces en una misma frase las palabras  o sea y adornar un poco más el asunto con alguna que otra palabrita en inglés.

-          Norah, solo fue una caída inoportuna, nada más. Hubo un simple roce de labios. Punto. Nada de besos. Por cierto acabo de recibir una llamada…

-          ¡Pero please, o sea, cuéntame más!

-          A la hora del recreo te lo explico. ¿Por cierto, sabes si en el último retrete del baño de las chicas hay alguna puerta?

-          No tengo ni la menor idea, chica. ¿Por qué me lo preguntas?

-          Por nada, ya te contaré después. Hasta ahora.

-          ¡Bye, girl!

Me subí al autobús, pensando en cómo explicarle la extraña llamada a una chica que, la sacas de las cosas comunes o simples, y está más perdida que Wally. Así que para pensar con más claridad me puse en el ipod la canción Maybe de Yiruma, ya que mamá me la ponía cada noche antes de ir a dormir y me aclaraba las ideas.

El trayecto de casa al insti se me hizo muy corto. Demasiado. No me dio demasiado tiempo a mentalizarme sobre lo que iba a decir.

Me bajé del autobús y lo primero que noté fue que casi todo el instituto me observaba. Ignorando las miradas, me dirigí a mi taquilla para coger los libros, pero algo en la puerta de esta me dejó trastocada. Alguien se había dedicado a pegar cartelitos en las taquillas y por todo el centro. Si fueran carteles normales, hubiera pasado de ellos, pero si en ellos ponía SI QUEREIS A UN PENDÓN DESOREJADO EN VUESTRAS VIDAS LLAMAD A MARIAH BONELLI, pues la cosa me jodía más.

-          ¿¡A ver, quién ha sido el gracioso eh?!– estaba fuera de mí, no podía controlarme – ¡si tenéis lo que hay que tener, que confiese el que haya sido!

Nadie contestó. Arranqué el cartel de la puerta de mi taquilla, lo tiré al suelo, cogí mis libros y me marché a clase.

¿Es que hoy era el día de amargar a Mariah?

Todo normal hasta la hora antes del recreo. Examen de Francés. Yuju. Y encima con el ajetreo de hoy, no me acordaba de casi nada. Intenté contestar a las respuestas con las que tenía asegurado al menos un cinco, pero ni aún así creo que estaban bien.

Justo cuando se lo había entregado a la profesora, sonó la alarma de incendio.

-          Bien – pensé – así tendré más tiempo para hablar con Norah del tema.

Fui a buscarla a su clase, pero me dijeron que ya estaba en el patio, pues como tenía un poco de claustrofobia, la dejaron salir antes.

Una vez pasó todo el ajetreo del simulacro, empecé a buscarla, pero no fue difícil. Estaba sentada en el muro donde normalmente quedamos para almorzar, con una expresión que decía: ¡CUENTAME, CUENTAME, CUENTAME!

Me dirigí hacia ella, ignorando los comentarios de los descerebrados chicos del insti, como ¿cuánto cobras? o ¿nos vamos tras un arbusto? Por suerte, como tengo dignidad (y no estaba dispuesta a que cuatro tíos salidos me la arrebatasen), fui en dirección a Norah con la cabeza bien alta, haciendo oídos sordos a toda clase de burlas.

-          Bueno, rápido, ¡tell me more! – me soltó antes de que ni siquiera pudiera llegar a donde estaba.

-          ¡Si ya te he dicho que no fue nada! De verdad, créeme. Además, tengo algo más importante que preguntarte.

-          Más importante que esto no creo.

-          Escucha…

Le conté todo el asunto como unas cinco veces, por que no le acababa de cuadrar. Me miraba con la boca abierta todo el rato, como si le estuviera contando una historia que no se creería ni la persona más ingenua del mundo. Y de algún modo así era, porque, ¿quien se creería que tras un wáter había una puerta secreta? Yo no. Pero aún así, me picaba la curiosidad de ver si era cierto. Así que sin decir ni “mu”, y dejando a Norah con un palmo de narices, me fui hacia el lavabo de las chicas.

Me colé en el pasillo a hurtadillas, pues no se podía entrar sin permiso. Una vez llegué al baño, miré cuidadosamente que no hubiera nadie usando ningún retrete, me metí en el último tal y como decían en la llamada, y me propuse entrar en donde quiera que fuera a entrar.



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