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EL SINDROME DE LAS PIRÁMIDES

Rafael

Autor Rafael

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Publicado el 04/11/2009 | 330 Visitas | 0 Comentario(s)

 

 

EL SINDROME DE LAS PIRAMIDES

“Tutankemon nació con hábitos  piro maniáticos;  una especie de Nerón del antiguo Egipto… Desde pequeño empezó a quemar los  papiros con los que le enseñaba su institutriz personal, prosiguió  con sus aposentos y culminó incendiando las pirámides del Valle de los  Reyes, con todo y palmeras.”

Tal aseguraba  en su plática de historia general el maestro  Tobías Tancredo, quien, puntilloso por naturaleza,  tuvo a bien aclarar que  “por suerte, en la ciudadela en donde se erigían las imponentes pirámides,  el  pasto de los  jardines  que   la  embellecían sobrevivió… porque estaba mojado”.

Asimismo aseguró que la tumba del emperador, demandó 40 años de construcción a causa de las múltiples cámaras  secretas concebidas en un intrincado laberinto de túneles y caminos falsos para  despistar a  los exploradores ávidos de poseer los más de cinco mil objetos de oro, piedras preciosas,   obsidianas, y reliquias sagradas, que se acumulaban en torno al “muertito”, dejando correr la leyenda negra que advertía  de la terrible  maldición de la momia que atormentaba hasta la locura a quien había pisado el recinto sagrado,  en cuyas paredes destacaban múltiples inscripciones que señalaban que llegaría el día en que Tutankemon, retornaría  a la vida .

El  mito dejó visiblemente impresionado a Tobías Tancredo, quien trabajaba como velador voluntario  de las pirámides de Teotihuacán. A propios y extraños les llamó la atención la actitud de Tobías.  ¿A quién diablos se le había ocurrido tan insólita tarea? , se  preguntaban una y otra vez los miembros honorarios del Consejo de Restauración Piramidal.

En vano se rebanaron los sesos toda una noche sin encontrar sustento a las conjeturas que se habían formulado. El recinto histórico estaba protegido. ¿Ac aso se cernía sobre ellas un grave peligro?  Si fuese así, ¿qué clase de caos se avecinaba?  ¿Un robo?  ¿A quién diablos se le ocurriría “embolsarse” una pirámide?  ¡ n i siquiera a los marcianos! Finalmente, tras  darle  muchas vueltas al asunto, los consejeros se inclinaron por la solución más fácil.: despedir a Tobías. ¡Punto final”

El ex velador sintió que le arrancaban el corazón. Tenía prohibido poner pie en el predio teotihuacano. Con el alma partida en dos, día tras día, cavilaba sobre su destierro forzado. Desconsolado, se conformaba en cada nuevo amanecer con ver de lejos  las  imponentes moles de piedra. Sin embargo, su tristeza  pronto encontró remedio ante una asombrosa solución: construir sus propias pirámides. Por supuesto que sí! Tan intrépido proyecto  contaría con cámaras secretas, túneles y callejones por doquier que superarían al famoso laberinto de Dédalo., ¿Tobías  Tancredo estaba deschavetado de la cabeza?  No de ninguna forma. Había descubierto el verdadero sentido de su existencia.

Resuelto, a  prudente distancia del imponente  centro ceremonial, en tierra de nadie colocó la primera piedra de Teotihuacán II Siglo XXI. Pronto  segó la maleza que le estorbaba y cuando estaba presto para levantar su primer monumento, recibió la intempestiva visita de un inspector de la Secretaría de Hacienda, quien ni tardo ni perezoso le requirió la documentación oficial que le autorizaba a la realización de tan ambicioso proyecto.

-¿Cuál documentación? -´preguntó incrédulo

El empleado de gobierno, más pronto que el Llanero Solitario, le demandó  su acta de nacimiento, cédula de bautizo,  nombre del padre que le echó el agua bendita, certificados de escuelas primaria, secundaria y preparatoria con  promedio de nueve,  título profesional,  testimonios notariados de conocimiento arqueológico, credencial de elector, recibo del impuesto predial, agua,   pago sobre la renta  y la futura instalación de energía eléctrica, y , desde luego, el permiso sobre el uso del suelo. De todo lo anterior, original y cinco copias.

Tobías Tancredo se quedó mudo, ¡qué digo!, se quedó paralizado. Humillado por la maquinaria burocrática, se retiró a su hogar y en el patio trasero, con una pila de ladrillos, construyó un  humilde asador de carnes… con arquitectura  piramidal.

 

 

 

 


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