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Autor: © Jesús Alejandro Godoy
He despertado aún soñando, que era blanco de ridículas y destartaladas magias que amenazaban con fundirme en una obcecada y reluciente batalla entre ése y yo, que no éramos sino más, que un subterfugio de incontables apariencias; por que en sí, éramos lo mismo, unidos y separados, combatientes latentes de una misma guerra, centinela de la discordia uno y, amante de la exactitud el otro. Ojos perversos; lejana luz de piedad, cercada por una intuitiva e invisible furia de tormentos y perdiciones.
Retahílas indescriptibles se aúnan en mi paladar; espesas palabras de oro, mezcladas con hechos de lodo, carcomido por la diferencia y el hartazgo, me entrego al más fuerte, aquel, que mira la vida como Aquiles y Alejandro, y canta las abundancias de Aristóteles y Séneca y destierro al fiel polizonte de las dudas y mentiroso de los hoy desaprovechados.
He despertado aún soñando, que era el fustigado perseguidor de inocencias perdidas, esas que no vuelven, aquellas que moldean el alma y la vuelven un diamante en bruto destellando promesas y pesadillas; y cuando lo ciego se cierne con sus lanzas, aparece ése yo, el mutilador de miedos, el león insensato que mata por el placer de acechar; el que lleva el rencor inmediato, que vocea el nombre de la frialdad en los letargos de las soledades y acapara la oscuridad, y con ella se envuelve en orgías de silencios y viles maniobras.
Y somos uno; sincero artesano de lo sensible uno, constructor de murallas normandas y espadas afiladas el otro. Ojos fugaces, riñas de lugares y sombras que cobran vida en lugares imperiosos, deshabitados, tenebrosos, donde habitan ángeles negros de miradas azules y victorias fáciles que mienten a un Dios, que pide dinero a través de hombres codiciosos; señuelo implacable que me lleva a revelarme contra el horror que he visto, y enmaraña el silencio de estos labios con secretos de vida y un infinito repertorio de muerte.
Silencio... Rancia y aletargada rosa que desflora en rincones de llantos que aún se escuchan; fantasmas sin ojos y sinceridades aparentando ser mentiras. Cielo desvestido de estrellas, luna creciente y sueños de caótica paz que está pendiente.
Guerrero destructor uno, sabio de realidades el otro; y ambos en uno... unidos y separados, combatientes latentes de una misma guerra, que ya estaba perdida y ganada a la vez.
He despertado aún soñando... que era... uno.
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