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Sitio Web del AutorAutor jesusalejandro
Autor: © Jesús Alejandro Godoy
CANTO I
Estábase yo inmediato a mi habitación, filosofando sobre el alma y sus implicancias.
Entonces de la nada, aparécese un inmundo demonio de los abismos de mi mente.
No era demonio fantástico o de fantasía, sino que mi alma había regalado a este ente, porfia contra mi voluntad.
Era negro como una bruma todo su cuerpo y ojos de ira rojo sangre vestíase en su rostro de locura indómita.
Acercóse a mi cama y desplazóse sobre mi cuerpo y señalando mi rostro exhausto de mortal grito me dice:
—¡Amo de mis sueños, amo de mis sueños! ¡Dime que hacer!
Insensato yo y toda mi realidad, solamente pude llorar al ver que mi boca cerraba toda razón y lógica.
Devoróse el espectro o ente diabólico toda palabra de mi vocabulario para responderle con inmediatez o prisa.
Entonces mi mano trémula sólo mueve un dedo que señala mi corazón negro, dentro de mi pecho que palpita sin son.
CANTO II
Parecíase que el demonio no comprendía sobre mi señal.
Y brusco como tormenta y quemante como llamarada de pira, señala su pecho.
Apartóse de todo dominio mi inteligencia y diligente raciocinio, vi como ésta cosa se habría el pecho en dos.
Tristemente él me mira y me dice:
—¡Amo de mi necesidad, amo de mi necesidad! ¿Es que no tengo corazón?
Y mi lengua desplegóse en oración al Eterno Dios, por cuanto mis ojos y mi realidad sofocabáse de tan perverso ilusorio.
Como cuervo silencioso el demandante del infierno abre sus brazos y gritóse para sí, una plegaria en lengua reacia a mi conocimiento.
El ente lloróse el camino elegido por mí y su falta de humanidad y grita con toda su alevosa y enorme voz:
—¡Amo de mi sueño! ¿Por qué imaginas mi pesar?
CANTO III
Sollozante y perdido, caigo en desvanecimiento indómito aterrorizante, cuando el ser desplegóse alas inmensas.
De donde pendían cabezas sin ojos que esparcían alaridos de terror por toda mi presencia y lugar.
Clavóme los ojos perdidos el demonio y grita:
—¡Amo, me darás tu corazón! ¡Amo, me darás tu corazón!
Parecíase que el cielo detúvose a contemplar tal fatal desdicha de mi destino.
Cuando el ente alado con garras de muerto y uñas de bestia, abrióse mi pecho para buscar un latido de mi carne.
Como raíz roja y preciosa de valía; ríose el ente al arrancar de cuajo mi corazón y contemplarlo.
CANTO IV
Y solamente mírose el demonio el pecho surcado por un hondo vacío.
Abróse una boca pestilente de dientes marchitos y con ella muerde mi corazón y como lobo hambriento devoróse la mitad de él.
Así como robase mi latido, el infernal visitante de un zarpazo tremendo vuelve a colocar la mitad de mi músculo en mi cuerpo.
Tragóse el corazón de mi pecho y ríose inmediatamente por su atroz faena completada.
Bate esas alas de Ícaro y dice:
—¡Amo de mis sueños, amo de mis sueños! ¡Ahora yo también le soñaré!
Rápidamente mis brazos se mueven en locura potestad por lo mío.
Pero retírose el demonio de mi vista y de pie cerca de un ventanal cierráse su espantoso vuelo.
Mi sangre derramada huele a futuro ciego y ábrose mi boca con dientes pintados de rojo y grito éste interrogante:
—¿Qué te he hecho ser infernal para que en tu pecho de furia lata mi corazón?
El fiel perseguidor de la oscuridad mirabáse el pecho latiendo y acariciándolo como tesoro responde:
—¡Me has soñado mi amo, y todo lo que soy de ti ha partido! ¡No soy corazón de maldad, sino que en ti he dejado la mitad del latido que a ti corresponde!
CANTO V
Dando gemidos de herido y mortal llamado a la muerte.
Palpo mi pecho y escuchábase un latido en mi interior.
Y el latido siguiente en el pecho del ser del infierno
Gritóse entonces el ser su victoria y desaparece como humo en viento.
Y grita mi garganta roja que suplicábase al desconcierto por la explicación de tal suceso increíble.
CANTO VI
Escuchóse mi relicario de tempestuosas palabras un ángel del cielo.
Presto y magnífico presentóse a los pies de mi cama y señalando mi pecho pregunta:
—¿A quién le has dado la mitad de tu corazón?
Yo atento a ser salvado por magnífica presencia celestial, apresúrome en mi dictamen y respondo:
—¡Un demonio con alas me lo ha arrebatado mientras yo descansaba!
El precioso ángel que tenía presencia de luz y enorme en su altura grita colérico:
—¡Has imaginado primero el mal en ti, y él te ha arrebatado todo! ¡Has imaginado primero el mal en ti, y él te ha arrebatado todo!
Confundiéndose entonces con la luz de la luna el ángel desaparece de mí.
Y gritose en todo mi interior una locura de preguntas, pero sólo éste interrogante se eleva a la oscuridad:
—¿Es que yo puedo crear lo que sueño?
Y el silencio apoderose de mi estancia, de mi cuerpo y de mi habitación.
Quédome con la mitad de mi corazón en silencio.
Y escuchóse en la penumbra, la mitad de mi latido.
Entonase entonces, el siguiente latido en el infierno de mi imaginación.
Esperando a que sólo haya sido un artilugio de mi mente.
Cierranse mis ojos y mis palabras se apagan.
Y reposo entonces, sobre un manto de sangre.
Llégame el cansancio y empiezo a soñar.
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